Hoy día, ¿Qué significa ganar?

"Se trata de formas diversas del éxito que merecen reflexión. En rigor, las preguntas son dos: qué implica ganar y cómo proceder en el momento de la victoria."
Eduardo Fidanza
(Diario La Nación, 27/10/2017)
Ya Julio Cesar temía a los hombre que piensan como lo dice Shakespeare en el Acto primero Escena II, “rodéame de hombres gordos; de poca cabeza, que duermen bien toda la noche” (no creo que haya en la obra alusión a los "gordos de la CGT" pero… ).
No sé si sus asesores tendrán la suficiente valentía para explicarle al Presidente que haber ganado con el cuarenta y pico por ciento las elecciones del pasado 22/10 le imponen al gobierno obligaciones que van mucho mas allá de haber vencido a Kristina en la provincia de Buenos Aires por unos pocos puntos.
Tal como, de alguno modo, lo dice Roberto Garcia en el bisemanario “Perfil”, llegó el momento de saber “…si el ganador de elecciones también es un crack para gobernar”.
Hoy, en política GANAR, no deja de ser un hecho equívoco ya que entre sus votantes hay quienes solo lo apoyaron para vencer a Kristina, lo que no basta para gobernar, pero en otras circunstancias habría que ver hacia dónde dirigirían su voto.
Hay muchos otros que esperaron que el Presidente lidere un cambio real en la sociedad de usos y costumbres o de cultura, pero estos -en su mayoría- nos hemos sentido defraudados, porque hemos encontrado que refugiándose en un mediocre gradualismo, solo atinó a iterar viejas recetas que incuban crisis recurrentes ya que financiar gasto con deuda, ya sabemos tiene, como toda tragedia, un destino fatal y a la gente termina ratificándola en su falsa creencia que el Estado todo lo puede.
Gobernar significa tener “autoridad” y desde esa virtud netamente aristocrática, proponer políticas y generar canales de participación social para que la gente -todos nosotros-, asumamos con conocimiento de causa responsabilidades para promover el bien común. Nuestro gobierno, más bien es una plutocracia que, obviamente, es insensible de espíritu. Este concepto se extiende también al gremialismo trabajador y empresario.
Esta plutocracia, con dosis de soberbia, ignora que es necesario saber respetar principios como el de “imparcialidad” cuya principal condición es la de la “exigencia” del cumplimiento de las obligaciones.
A guisa de ejemplo, los gremios aeronáuticos que agrupan a personal de Aerolíneas Argentinas y Austral, han decretado un paro para el próximo martes 31/10, y lo sustentan en “que los trabajadores aeronáuticos tienen derecho a que no se deterioren sus salarios”, según reza un aviso publicado en sus páginas web.
No piensan, ni el gobierno explica, que su fuente de trabajo está financiada por todos los contribuyentes del país de los que sólo vuelan un 20%, si aceptamos la recurrencia que tiene porcentajes muy altos. No se tiene en cuenta que es una empresa deficitaria desde el fondo de su historia, salvo algún ejercicio excepcional ocurrido durante gobiernos no democráticos; y que hoy en cierto modo son trabajadores privilegiados comparados con una gran mayoría. Es probable que casi todos los trabajadores aeronáuticos integren los deciles 8 (a partir de $ 15.000,00) a 10 del nivel de ingresos que pública el INdEC.
Es obvio que se pretenden generar un conflicto, más bien de color partidario, y que el Gobierno no atina a encontrar la forma para encausarlo en un diálogo próspero.
El personal debe participar en la dirección, interiorizarse de los números y conocer que un elemental principio de justicia distributiva los llevaría a comprender que su pretensión vulnera precisamente los derechos legítimos de los más pobres e indigentes, otro concepto liberal que John Rawls llama “el principio de la diferencia”.
El paro decretado es el fracaso de los dirigentes gremiales, que también intentan generar conflictos con mejores modales avisando a los usuarios con tiempo. La conducción de la empresa se comporta como los viejos patrones y el Ministerio de Trabajo que solo cree en la justicia de las pautas, cuanto estas pueden ser injustas para unos y muy favorables para otros. Tal como el famoso sketch en el que Antonio Gasalla hacía de empleada pública, que es lo que realmente son, atinan a decir “no pase la pauta… no la pase… fuera… fuera…”.
En otro orden, se anuncia un incremento de tarifas del transporte gradual (sic) pero manteniendo el subsidio a la oferta. El Ministerio de Transporte que propone mantener esta política groseramente injusta, está entre los preferido del Presidente que obviamente cree que el gradualismo es virtuoso.
Era más simple liberar las tarifas y subsidiar al sector de la demanda que lo necesita. Hoy está la tecnología disponible y en uso para cambiar la política tarifaria del transporte del conurbano que integran la Ciudad Autónoma y el Gran Buenos Aires. Claro que esto exige trabajo, lo otro es mucho más fácil y perverso.
Con estos dos ejemplos creo demostrar que no se gobierna, se hacen números y, quizás, planillas Excel; y allí los números cierran, pero sólo demostraría habilidad matemática.
El lunes 30/10 próximo se harán reuniones con gobernadores, gremios, políticos, quizás algún cura, y todos estarán de acuerdo que con tres, cuatro cataplasmas estaremos promoviendo el gran cambio, pero “cataplasma” también significa persona pesada y fastidiosa…
El macripardismo empieza a brillar con su codicia puesta en 2019, sin advertir que lo que más nos ayudaría será una renovación de las personas, quizás ese sería el primer paso del cambio que la gente sigue buscando sin encontrar la dirigencia idónea para ello.
Es obvio que Macri no encontró a Carlos Bianchi, sólo a Jaime Durán Barba, y el hombre ya hizo lo suyo que no es precisamente gobernar…
Macri sabe que ganó, pero está muy lejos aún de triunfar…, la Real Academia también distingue esas dos palabras.