Después de octubre...
Ahora todas las esperanzas están referidas al 23 de octubre, parecería que a partir de esa fecha comenzará el verdadero gobierno de “Cambiemos”.

Ahora todas las esperanzas están referidas al 23 de octubre, parecería que a partir de esa fecha comenzará el verdadero gobierno de “Cambiemos”.
Esa expectativa esta condicionada a que se cumplan la mayoría de los pronósticos que auguran que el gobierno superará el 40% de los votos en el orden nacional y que en la Pcia de Buenos Aires se le ganará a Kristina.
---------------------
---------------------
Es un combo, tienen que darse los dos buenos resultados, es algo así como los días jueves para las tarjetas de crédito del Banco de Galicia que nos invitan a consumir y gastar.
Una lectura es que a partir del 23 comenzará la campaña por la reelección de Mauricio Macri o por la continuidad del gobierno de “Cambiemos”, si Macri decidiera dar un paso al costado, con lo cual la atención de varias cuestiones se postergaría hasta 2019 y así sucesivamente.
Otra lectura es que el gobierno de “Cambiemos” tiene pendiente su respuesta a una sociedad que como dicen algunos expertos ya comenzó a cambiar. Claro está, estas opiniones en algunos casos reducen la voluntad de “cambio” al mero hecho de apartar por varios años al peronismo del gobierno, pero sin dejar de lado el patrón cultural populista.
Es lo que llamaría “macripardismo” y que José Luis Espert llamó “Kirchnerismo de buenos modales”.
Pienso que debemos profundizar en la respuesta pendiente del gobierno.
Las sociedades pueden pretender cambios de distinta intensidad, pero necesitan de liderazgos que interpreten esa voluntad de cambio.
El liderazgo debe apuntar a cambiar algunos usos y reformar otros, restaurar la vigencia de valores universalmente aceptados y proponer los medios para alcanzar los fines propuestos.
El gobierno no debe perderse en los detalles aunque suelen ser importantes, por eso la cosa no debe reducirse a blanquear una parte de la economía marginal o negra, a una reforma de la legislación laboral, a reducir el costo de la política, cosas necesarias, sino a cambiar nuestro marco cultural. Todo esto es necesario, pero no hace a la esencia de la cuestión.
Tomemos como ejemplo lo que pasó con el Consejo de la Magistratura. La idea original de Raul Alfonsín, se lo escuché personalmente en los tiempos de campaña, era la de separar la incidencia de la política partidaria en la elección de los magistrados judiciales, con ese fin se lo instituyó en la reforma constitucional de 1994.
Pues bien, hemos visto como ese Consejo se politizó al máximo y en verdad terminó complicando y dilatando no solo la elección de los magistrados sino la administracion del poder judicial.
Es decir, no corresponde ponderar la intencionalidad, sino el marco cultural en el que se hizo la reforma, y al mantenerse la cultura política el consejo se contaminó de inmediato y la ponderación de la idoneidad se hizo desde los valores de la militancia política despreciando la calidad moral y profesional de las personas. Justo lo que se pretendía prevenir.
Lo mismo ocurrirá con cualquier otra reforma inmediatamente los viejos hábitos se las ingeniarán para corromperla o desvirtuarla.
Es como creer que el aborto pudiera restaurar la virginidad.
La cuestión es que salvo en la persona de Maria Eugenia Vidal, no se advierte una vocación genuina de liderazgo, sustentada en la “auctoritas” como garantía de eficacia, ejemplaridad y respeto, lo que no quiere decir que el líder este exceptuado de cometer errores.
El gobierno debe generar canales de participación los que se deben abrir y crear ámbitos de información, discusión y de formación de decisiones en los ambientes naturales de la gente.
Jaime Duran Barba decía en el diario “Perfil” el pasado domingo 15: “La democracia enfrenta el desafío de garantizar a todas las personas su libertad para debatir, organizarse, buscar el poder, con la sola condición de que no traten de instaurar una sociedad excluyente. El conflicto es legítimo, no cabe una sociedad uniforme, pero al mismo tiempo es necesario impulsar la negociación, el diálogo, buscar acuerdos que garanticen la gobernabilidad y la alternabilidad, para que distintos grupos puedan alternarse en el poder según evolucione la correlación de fuerzas”.
Los gobiernos populistas hacen del conflicto un enfrentamiento entre el bien y el mal, por ello cavan la grieta para separar a unos de otros y para que ninguno pueda cambiar de lado, el conflicto es su razón de ser.
Para un gobierno de sustancia republicana democrática, el conflicto debe ser un hecho normal que se debe resolver y a la vez tener muy en cuenta que gobernar implica resolver sucesivos conflictos y en algunos casos la resolución puede ser dolorosa.
Nuestros conflictos son de baja calidad y muchas veces pecan de surrealismo y ello es reflejo de nuestra cultura como sociedad.
Los conflictos se desarrollaran entre gente de buena fe y gente de mala fe y es obvio que a estos no se los puede discriminar, no se los puede incluir en una “lista negra” ni tampoco reprimir, la tarea es ponerlos en evidencia en su mala fe.
Cuando Macri se refirió a esa lista de 562 o 563 personas, cometió un error, ya que contando con apoyo de una mayoría institucional –la gente que lo votó en el ballotage-, no puede sentirse condicionado por solo ese grupúsculo de personas, sean, una, 500 o 2.000, eso es mostrar debilidad y prepotencia en vez de autoridad.
Personalmente creo que tendremos más “macripardismo”, quizás de buena fe, pero el largo camino al infierno está sembrado de las mejores intenciones….