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¿Y la propia responsabilidad? (De la facción al Estado)

"(...) las dos partes cayeron en excesos. La facción al condenar a las fuerzas policiales, recurriendo a sofismas racionales, si me admiten el oximorón. El Estado, producido el hecho, se apresuró a defender la inocencia de las fuerzas policiales por su actuación, sin saber bien que había ocurrido. (...)", afirmó el autor de la columna.

La libertad nos hace responsables por lo que hacemos, es decir nos impone la obligación de asumir las consecuencias de un error, de nuestra culpa o de una acción o reacción ilegal.

Quienes usando la violencia, silenciosa o estrepitosa, pretenden hacer valer e imponer sus creencias se colocan en la ilegalidad y desde la ilegalidad intentan deslegitimizar los derechos y obligaciones del Estado.

En general se nutren de ideologías que derivan de malas ideas o del mal razonamiento, como sería la sofistica.

Quienes asisten encapuchados a una manifestación, ya expresan violencia, sería una de las expresiones de violencia silenciosa, ya que la “máscara” o la “capucha” ocultan la real identidad.

En general este tipo de violencia silenciosa es el prólogo de la violencia con estrépito, que es la que pretende imponerse mediante el uso de fuerza ilegitima.

Este tipo de militancia, ponderada por el kristinismo, se caracteriza por hacer abuso de su propia razón de ser y por tanto es incapaz de aceptar o si se prefiere escuchar y ponderar argumentos contrarios.

Para ellos no existe “el otro”.

El estalinismo, el castrismo, el régimen del Pol Pot en Camboya, el régimen de  NicolásMaduro, ya sería una caricatura de la sin razón, son muestras de cómo mediante el refugio ideológico, se puede llegar a régimen tiránicos y dictatoriales que se consideran legítimos y legales.

Hice esta breve introducción para analizar desde otra perspectiva el caso “Maldonado”.

Hay hechos ciertos: Entre el 31 de julio y el 1º de Agosto una facción, integrada por algunos “encapuchados”, no viene al caso su identificación sino su conducta, cortaron una ruta y atacaron a las fuerzas policiales, representada por la Gendarmería nacional o la policía provincial.

Actuaron de modo violento.

El Estado, en los casos que se llama “in fraganti”, esto es cuando se está cometiendo un delito o un acto censurable, debe intervenir para preservar el orden público. En el caso se trataba de restablecer el derecho a transitar, vulnerado por una facción.

Consecuencia de estos hechos, el personal policial registró dos heridos y un desaparecido, presuntamente por el lado de los facciosos, pero ignoramos si el desaparecido integraba o participaba en la facción violenta.

En estos hechos pueden haberse cometido varios delitos por ambas partes. Ambas partes gozan de la presunción de inocencia hasta que se pruebe lo contrario.

En este punto, las dos partes cayeron en excesos. La facción al condenar a las fuerzas policiales, recurriendo a sofismas racionales, si me admiten el oximorón. El Estado, producido el hecho, se apresuró a defender la inocencia de las fuerzas policiales por su actuación, sin saber bien que había ocurrido.

El falso razonamiento de contenido anárquico, pretende por lo menos en la intención, instaurar en la opinión pública una culpabilidad, no probada según nuestro régimen procesal. Es otro modo de actuar con violencia, condicionar al Juzgador. Además se trata de una condena indeterminada. “Todos los gendarmes/policías son culpables”.

La magnitud del sofisma, la verdad sea dicha, queda de manifiesto por si misma.

Lo cierto es que hoy hemos convertido lo ocurrido en un infierno que no es ni más menos que un territorio sin creencias validas.

Sintetizando, ni la facción ni el Estado asumieron la propia responsabilidad de sus acciones.

Esto no es bueno.

Diría es para mal de todos… y para bien de nadie…

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