Como se ve, el uso del padecimiento puede ser una hipocresía, construida sobre un sentimiento real e íntimo como es el dolor para prolongarlo externamente luego de superado.
Tengamos en cuenta que en una de sus acepciones la RAE dice que el dolor de viuda/viudo, es un dolor fuerte y pasajero.
El dolor genuino siempre es un sufrimiento temporal y el “padecimiento” podría ser un modo de manipulación de un dolor ya superado para generar compasión, generalmente circunstancial.
La sociedad como masa social es sensible al “compadecimiento circunstancial” que en ciertas circunstancias podría definir una elección, como ocurrió en 2011.
Kristina encara su campaña en una constante victimización sustentada esencialmente en su supuesta debilidad por el hecho de ser mujer y viuda (como si Néstor Kirchner hubiera sido un buen ejemplo).
La cuestión de género se potenció durante su gestión presidencial con la finalidad de crear el marco cultural referencial amigable.
Maria Eugenia Vidal construye su fortaleza política precisamente a partir de su género femenino, exaltando las virtudes de lo que llamaría “hombría femenina” en su probidad y decencia, virtudes que no necesita exhibir porque surgen de su conducta.
En ese sentido, Maria Eugenia Vidal posee el don del “auctor” que es la persona capaz de generar acciones libres y valiosas, que se presenta como garante de certezas y confianza, merced a su ejemplaridad.
En sus casi 20 meses de gobierno apuntó a resolver la cuestión de la depuración policial, esa hidra institucional que se resistirá con toda su fuerza a morir y que se ha convertido en garante de la ilicitud en los últimos más de 20 años de gobierno de signo peronista en los que sobró “machismo” y faltó “hombría”.
Puede ingresar a los sitios más inhóspitos de la Provincia, siendo su sola presencia su mejor custodia. Tiene capacidad para enfrentar el “machismo” militante sin renunciar ni lamentarse por su femineidad.
Comenzó obras demoradas durante decenas de años cuya construcción terminará más allá de su gestión, algo inusual para nuestras prácticas políticas.
Maria Eugenia Vidal no hace culto del “anti” ni es cómplice de la indiferencia que genera la calidad de las decisiones políticas.
Sus cualidades no la hacen un ser perfecto, es tan imperfecta como cualquier mortal pero su autenticidad esta expresada en su piel.
Kristina cuando afirma que no le sale “hacerse la buenita”, en verdad reconoce su esencia personal que es compleja y emocionalmente inestable en lo que podría ser una añoranza de las virtudes de Maria Eugenia Vidal.
Es obvio que la ciudadanía de la provincia de Buenos Aires tendrá que optar entre estos opuestos y tendrá asimismo la oportunidad de ponderar la calidad y valor de su propia decisión.
La alternativa en la provincia de Buenos Aires, nos guste o no, será entre la hipocresía y la sinceridad, es decir sobre nuestra propia dignidad no ya provincial, sino nacional.