Rupert Bourne, de la Universidad Anglia Ruskin (Reino Unido) y líder de la investigación, explicó: “Incluso una leve discapacidad visual puede afectar significativamente a la vida de una persona. Por ejemplo, puede reducir su independencia, ya que a menudo les impide conducir”. También destacó las limitaciones educativas y económicas que implica padecer este tipo de discapacidad.
Sin embargo, esta nueva investigación no consideró las posibles mejoras en el diagnóstico, el tratamiento y el acceso a la atención médica, porque “nadie puede estimarlo con precisión”, según Bourne.
Esto puede generar una esperanza en que las estadísticas brindadas por el estudio se puedan revertir. “Debido al aumento del número de personas afectadas por problemas de visión, debemos tomar medidas para aumentar nuestros esfuerzos actuales a nivel local, regional y global", explicó el principal autor. Se refiere al acceso a tratamiento como lentes adecuadas para el problema ocular o la operación de cataratas, otras de las enfermedades más comunes de los ojos.
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“Invertir en estos tratamientos ya ha supuesto beneficios considerables, incluyendo una mejor calidad de vida y mejoras económicas. Este tipo de intervenciones contra el deterioro de la visión son fáciles de implementar incluso en regiones en vías de desarrollo, pues son baratas, requieren poca infraestructura y los países pueden recuperar el coste a medida que los afectados vuelvan a trabajar”, concluyó Bourne.
Las principales causas de discapacidad visual se da por errores de refracción no corregidos como miopía, hipermetropía o astigmatismo (43%), cataratas no operadas (33%) y glaucoma (2%).
La ceguera vinculada a la edad y a la diabetes no controlada está en aumento en el mundo. Por otro lado, la OMS indica que la ceguera de causa infecciosa está disminuyendo gracias a las medidas de salud pública. A pesar de que es una discapacidad que afecta a miles de personas en todo el mundo, tres cuartas partes de los casos de ceguera son prevenibles o tratables.