¿Cómo funciona?
Primero, el olvido desecha información anticuada y potencialmente engañosa que ya no puede ayudar. De esta forma, permite que las personas se adapten a nuevas situaciones. "Si usted está tratando de navegar por el mundo y su cerebro está en constante cuidado de múltiples memorias en conflicto, hace que sea más difícil para usted poder tomar una decisión informada", indicó Richards.
Segundo, el olvido permite generalizar eventos pasados a otros nuevos. A esto en la inteligencia artificial se lo conoce como regularización. Consiste en crear modelos informáticos simples que priorizan la información básica, pero eliminan detalles específicos y permiten una aplicación más amplia.
"Una de las cosas que distingue un entorno en el que vas a querer recordar cosas en lugar de un entorno en el que quieres olvidar cosas es esta cuestión de lo consistente que es el entorno y de la probabilidad de que las cosas vuelvan a tu vida", dijo Richards.
Un grupo de investigadores de las universidades de Birmingham y Cambridge, en Reino Unido, lograron aislar el mecanismo automático del olvido en el cerebro, que favorece lo que conviene recordar o no. Distintos estudios demostraron que el cerebro, a través de los recuerdos, no muestra lo que de verdad ocurrió en el pasado porque los recuerdos se deforman y se reforman continuamente.
El trabajo, publicado en la revista Nature Neuroscience, utilizó un sistema de imagen por resonancia magnética (MRI), que le permitió medir la actividad cerebral de los voluntarios. Fueron analizados y les pidieron que recordaran memorias concretas que se basaban en imágenes que habían visto al iniciar la prueba. La prueba fue realizada 4 veces.
Los resultados demostraron que al tratar de recuperar un determinado recuerdo, la memoria se volvía más intensa mientras que otros recuerdos se iban perdiendo de a poco. “Aunque la gente piensa que el olvido es algo que sucede sin querer, esta investigación muestra que la gente tiene un papel más relevante de lo que piensa a la hora de decidir qué van a recordar”, explicó Michael Anderson, coautor del estudio.
Los investigadores demostraron que la repetida evocación de un recuerdo hace olvidar otros detalles. La memoria semántica, la memoria episódica o la memoria a corto plazo se ven afectadas por el efecto secundario de querer recordar.