Tal como diría Beatriz Sarlo, con su sesgada lucidez intelectual, esto demuestra la incultura de la dirigencia política que conforma ese oximorón que se autodenomina “Cambiemos”, que hace culto de ese refrán que dice “No hagamos hoy lo que se puede hacer mañana”, en nombre del gradualismo, ese método en que se refugian los mediocres y los timoratos.
Nos guste o no, divagamos si Kristina tiene un piso del 25% o 30% o 35%, si es lúcida o bruta en su desempeño política, corrupta o decente como persona, cínica u honesta intelectualmente, hipócrita o sincera en su discurso, sin tener en cuenta que a su núcleo duro y el resto de sus adherentes, esas disquisiciones no le interesan ni serán causa o no de su voto.
Lo cierto es que, tal como se dice vulgarmente, ella está en el centro del ring y su presencia preocupa por igual, claro por diferentes motivos a ese vasto arco que puede ir desde Quebracho o Luis D’Elia, pasando por el Partido justicialista y sus dirigentes que se ha convertido en un hibrido impotente hasta ese polo llamado “Cambiemos”, con Jaime Duran Barba a cuestas.
Sin embargo estas elecciones configuran una alternativa extremadamente mediocre en la que, paradojalmente, sólo Kristina tiene una propuesta concreta y miserable a la vez: Retomar el camino hacia Venezuela con todo lo que ello implica y significa.
“Cambiemos” -pero esencialmente el “PRO”, que es otra expresión de la decadencia desarrollista y el partido de la coalición que se reserva el derecho de admisión- tiene una sola propuesta que es “enfrentar a Kristina y ganarle", lo que obviamente será dejar a Venezuela de lado y apuntar al mundo, aunque hasta ahora y con razón el mundo nos mantiene en observación aprovechando las ventajas netamente financieras que ofrecemos.
Lindo problema se le plantearía al “PRO” y a la coalición “Cámbienos” si, después de todo, Kristina no se presenta, lo que sería trágico y muy divertido a la vez.
En ese punto, Martin Lousteau y Sergio Massa muy probablemente se verían favorecidos ya que sin Kristina como candidata, la supuesta polarización se esfumaría y el mercado electoral seria otro muy diferente, donde me atrevo a afirmar que quien mas debería preocuparse sería el “partido del ballotage”, porque apuesta como en el casino, solo a “chance”: “Kristina” o nosotros.
Esta es su martingala electoral.
La Argentina y nosotros continuamos con nuestra decadencia a cuestas porque no sabemos o no queremos ejercer ese difícil oficio de pensar, que es la única forma de construir el futuro. Cuando no sabemos pensar nos empeñamos en querer cambiar el pasado o refugiarnos en él, como si nuestro pasado fuera virtuoso.
El enano “populista” está en cada uno de nosotros y, tal como se dice por unos y otros, “alguien proveerá”, pero seguramente no serán los chinos...