Perón habla después del bombardeo
Al enterarse de los hechos, la CGT convocó a la Plaza a defender a Juan Perón, quien trató de detener la movilización desde su puesto de comando que ubicó en el Ministerio de Guerra, y le pidió a la CGT que no movilizara a los trabajadores para evitar víctimas, pero ya era demasiado tarde. Esta actuación de Perón y de la CGT fue aprovechada por los golpistas para, aunque era totalmente imposible, intentar delegar la responsabilidad.
Luego del ataque se difundieron volantes de la “Marina de Guerra en operaciones”, que acusaban a Perón y la CGT de ser responsables por la matanza de Plaza de Mayo, "Perón sabía que la Marina no salía a “desfilar”, sino a combatir a muerte. (...) ¿Cómo es posible que un jefe de Estado, sabiendo que su Sede sería bombardeada, no tratara inmediatamente de evacuar la población civil…? (...) Una vez más, Perón utilizó a los trabajadores como escudo de sus designios" (...)”.
Las 14 toneladas de explosivos que cayeron sobre el centro de Ciudad de Buenos Aires, causaron la muerte de más de 350 personas y dejaron a 2.000 heridos, pero al no estar el Presidente entre todos esos cadáveres y sin haber podido completar el propósito del golpe, los atacantes huyeron hacia Montevideo, Uruguay buscando asilo político.
Esta masacre le dio un brutal inicio a todas las expresiones del terrorismo de Estado en la Argentina que vinieron después, incluso algunos integrantes de ese ataque del 16/06/1955, también integraron otros golpes, como el más terrible, el del 24/03/1976.
3 meses después, comenzó el 2do. golpe, el que derrocó a Perón, y a las instituciones republicanas. Aquel nuevo golpe nació en Córdoba y fue liderada por el general Eduardo Lonardi, quien tomó el poder político el 23/09/1955.
El plan de los golpistas era exhaustivo:
“1º El bombardeo de la Casa de Gobierno, donde se presumía estaría el presidente.
2º El copamiento por parte de civiles de edificios públicos y emisoras radiales.
3º El alzamiento de las unidades de Entre Ríos a las órdenes del general León Bengoa.
4º La movilización de las unidades de la Escuela de Artillería y de Aviación de Córdoba.
5º El alzamiento de la base naval de Puerto Belgrano; y
7º El despliegue de unidades de Infantería de Marina que atacarían por tierra posesionándose de edificios públicos y otras unidades de Ejército.”
Los aviones atacantes llevaban pintadas en sus colas una
“V” y una cruz, que señalaban
“Cristo Vence”. Las primeras bombas cayeron a pocos metros de la Pirámide. Sobre la Casa Rosada cayeron 29 bombas, de entre 50 y 100 kilos cada una. Otra de ellas destrozó un trolebús repleto de pasajeros.
En Plaza de Mayo y sus alrededores quedaron 355 civiles muertos, y en los hospitales más de 600 heridos.
En el Ministerio de Marina, cuartel general de los golpistas, el vicealmirante de infantería Benjamín Gargiulo, decidió pegarse un tiro, mientras que otro de los conspiradores, el almirante Aníbal Olivieri, observaba por las ventanas cómo avanzaban sobre el edificio columnas de trabajadores enardecidos.
El marino tomó el teléfono aterrado y llamó al ministro de Guerra, Lucero, y le dijo: “Intervenga. Mande hombres. Nos rendimos, pero evite que la muchedumbre armada y enfurecida penetre en el edificio del Ministerio”.
A órdenes de Olivieri estaban los tenientes Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga.
Al almirante Olivieri se lo destituyó y condenó a un año y seis meses de “prisión menor”. Su defensor en el juicio fue el contralmirante Isaac Francisco Rojas.
Otro almirante y responsable directo de la masacre de Plaza de Mayo, Samuel Toranzo Calderón, fue degradado y condenado a prisión por tiempo indeterminado.
Entre los autores intelectuales, había varios civiles: el socialdemócrata Américo Ghioldi, el radical unionista Miguel Ángel Zavala Ortiz, el conservador Oscar Vichi y los nacionalistas católicos Mario Amadeo y Luis María de Pablo Pardo.
Precisamente 110 personas, entre ellos varios civiles como Zavala Ortiz, llegaron a Montevideo a bordo de los 39 aviones utilizados en el ataque.