Para las elecciones nacionales del 22/10 los aportes serán de $108 millones y $54 millones, respectivamente.
Lo que es imposible de reglamentar es el financiamiento electoral de los gobiernos, que obviamente no pasa por los partidos o alianzas que lo representan ya que los presupuestos generales suelen ser dibujos y la cuenta de inversión se aprueba de modo automático, lo que debería ser uno de los actos más cuidados y serios del parlamento.
Veamos, el gobierno con un claro objetivo electoralista, resolvió no modificar las tarifas de transporte, por lo menos hasta el 22/10. Incrementará el monto de los subsidios, con lo cual se sigue aumentando el gasto público y la presión inflacionaria se contiene mediante la restricción monetaria que impone el Banco Central, manteniendo elevadas tasas de interés. Asimismo se recurre al financiamiento externo para inundarnos de dólares.
Con este tipo de medidas que seguramente, no serán las únicas, se logrará mantener artificialmente baja en términos relativos y argentinos (1% mensual, poco menos, poco mas), los índices de inflación, lo que constituye un modo mucho mas inteligente de manipular los índices del INdEC, hacia la baja, por lo menos por un tiempo. Es una suerte de cepo aplicado por políticos GCU (la gente como uno, del humorista Landrú) y eso está bien visto…
En este punto se da un encuentro entre los políticos y los CEOs de empresas que nos gobiernan, que en nuestra historia de los últimos años se daba esencialmente en la negociación de prebendas, conjuntamente con los precios de las obras y servicios contratados por el estado que debían incluir ese “costo” en los precios.
Por eso este gobierno de “CEOs”, tal como dijo un periodista de La Nación, demora en el tiempo incrementos tarifarios, ofrecen una prebenda electoral, lo que no se diferencia, en lo moral y ético de una coima, para obtener más votos. Una forma “tolerable de corrupción”. Una muestra de decencia líquida.
Este tipo de medidas, a su vez hace necesario mantener la ya intolerable presión fiscal que incide en el precio final de los bienes que adquirimos, es la llamada imposición indirecta, sin contar la que impacta directamente en los ingresos.
“Cambiar” significaría también terminar con este tipo de prácticas demagógicas y corruptas, como la de las tarifas bajas, que tienen un efecto hipnótico sobre la gente que obviamente es temporario.
Cuando nos despertamos es tarde, ya votamos. Lo paradójico es que siempre compramos el mismo buzón.
Como vemos hay vicios muy arraigados en usos que el tiempo parecería que convirtió en “lícitos” y este de demorar aumentos para después de las elecciones, es una forma de corromper a la ciudadanía, que nos pasa finamente inadvertida, o bien se trata de una complicidad bien entendida.
En fin, la picaresca llego a la política para quedarse…y los “CEOs” en su salsa…y nosotros como la gansa, siempre pagando…