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Lo bueno sería que la política apunte a las "cuestiones"

Mucho cotorreo preelectoral, especulaciones de todo tipo pero ni las cosas ni las cuestiones aparecen entre los argentinos. Y las cosas y las cuestiones es lo que nos harán una Nación, finalizando entonces sí esta transición que vivimos hace 34 años. Es la preocupación del autor.

28,93% estaría con “Cambiemos” y es bueno recordar que en la primera vuelta de las elecciones del 25 de octubre de 2015, Mauricio Macri obtenía el 34% de los votos. Habría perdido poco más del 5%. Poco, no es alarmante.

25,16 estaría con el Peronismo y el Kristinismo que en esa primera vuelta obtenía el 37,08 y ahora estaría perdiendo algo más del 11%. Eso si es preocupante para el peronismo y una demostración del ocaso de Kristina.

Nos queda un 45,91 de indecisos que es el núcleo que decidirá el resultado de la elección, que llamaría el mercado electoral a conquistar. Esto es preocupante para todos los políticos.

Se mantienen, en grandes números, los tres tercios previos a la última elección presidencial.

Ese 45,91% es la parte de la sociedad que anda en búsqueda de una dirigencia idónea que hasta ahora no aparece y es muy difícil conjeturar el sentido de su voto.

“Cambiemos” -por no decir el PRO o el gobierno-, dudan aun entre los beneficios de una simple coalición electoral o una alianza política, que desde ya aclaro nada tendría que ver con los famosos “pactos de la Moncloa”.

Hoy daría la impresión que el gobierno, es decir Mauricio Macri y el PRO apuntan a una simple coalición desde una posición dominante. Si hubiera un tribunal encargado de preservar el mercado electoral, una coalición de ese tipo seria bochada, pero hacia eso está yendo el oficialismo. El resto de sus circunstanciales “coaligados” se conformarían con las “patéticas miserabilidades” de las que habló don Hipólito Yrigoyen, un lugar preponderante en una lista de diputados, un ministerio, una secretaria o en último caso una portería…

Lilita Carrió, será carta de triunfo, no solo en la Capital de esta coalición electoral llamada “Cambiemos” o partido del ballotage por Ignacio Zuleta, mientras se mantenga “la Korrupción” como uno de los principales problemas de la política. Ella va de a poco y con paciencia convirtiendo a esa “coalición electoral” en un embrión de alianza, y ese es su objetivo. Que lo logre es otro tema.

Martin Lousteau, un ser muy difícil de descifrar, hábil y sólido orador, buen cuadro político, probablemente uno de los mejores, también pretende que “Cambiemos” sea una alianza, pero no encuentra el método para lograrlo, a diferencia de Lilita Carrió y quedará perdido en esta neblina pre electoral, que estimo perdurará hasta el 2019 y mas también.

Asimismo hay que destacar que la política está girando en torno a personas, por eso lo que seria cada “partido” anda en la búsqueda de candidatos y así aparecen nombre insólitos, como el de Fernando Manes o Carolina Piparo y algún otro que se me escapa.

Esto significa que no hay programas y menos ideas y propuestas serias para que la gente o una parte del electorado puedan dedicarse a valorar la importancia de su voto.

Sin intención alguna de menoscabar, votar por Macri, Maria Eugenia Vidal que obviamente buscarán erróneamente en esta elección una suerte de ratificación, o Lilita Carrio o Martin Lousteau, no significa nada, porque ninguno propone “el cómo”.
Digo erróneamente porque sus cargos están vigentes hasta 2019 y ellos no deben poner en riesgo su legitimación de origen, la de ejercicio se juzgará en 2019.

Maria Eugenia Vidal sustentará su campaña en todas las obras que han comenzado, obras necesarias e imprescindibles para la Provincia de Buenos Aires y sustituye con su personal carisma, la carencia de ideas y propuestas que vayan más allá de realizaciones. Sebrelli decía que una política sustentada solo en hechos, es ciega.

Lilita pregona la transparencia republicana, pero es el caso opuesto a María Eugenia, también dice Juan José Sebrelli que la política sustentada solo en ideas es vacía por eso su caudal electoral oscila entre un 30% y el famoso 1,8. No creo que esas oscilaciones se puedan calificar como meritorias, aunque esencialmente lo sean, valga mi oxímoron.

No dudo, así se pueden ganar elecciones, se pueden mejorar un poco las cosas, bajar la inflación, disminuir un poco la pobreza, mejorar los servicios públicos, pero recordemos que el peronismo/kirchnerismo/kristinismo ganó muchas elecciones, con inflación, con más pobreza, con pésimos servicios públicos, con corrupción, etc, etc, etc….

Lo que no vemos es que la política apunte a las “cuestiones”, problemas de problemas, tal como solía decir Carlos Floria, que debemos enfrentar y resolver para que esta larga decadencia argentina, se revierta y aclaro la decadencia no está en los indicadores, como la fiebre no es la enfermedad.

No se trata sólo de mejorar los indicadores estadísticos aunque sean preocupantes.

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