El gobierno, si busca inversión directa genuina, deberá ajustarse a las reglas del mercado, único modo en el que se podrá negociar de igual a igual. Pero entonces se deben tener en cuenta las reglas del mercado: no tolera déficit fiscales de la proporción actual (7% a 8% del PBI), inflación alta (aún el 17% para el mercado es intolerable), tipo de cambio irreal y endeudamiento para financiar gastos corrientes.
El mercado también quiere saber si el país es capaz de salir de la “edad del pavo” y asumir las consecuencias de sus desmesuras de todo tipo. Días pasados un amigo del exterior no podía creer las 16 cifras que registra la inflación desde 1950, según Enrique Szewach. Nosotros tampoco, pero son 16.
La Argentina es un país estructuralmente caro ya que los gobiernos han repartido derechos, sin pensar en su costo ni en su financiamiento. El resultado es que tenemos un 30% de pobres, inflación del 20% en este momento y la mitad de las personas que perciben un ingreso promedio, según datos del INdEC, de $ 8.500, una suma irrisoria. Nuestro nivel de vida en los últimos 8 años bajó un 5%, tal como lo hizo saber Juan José Llach, cuando Perú lo mejoró en ese lapso un 25% y Chile un 9%.
Es obvio que, pese a tantos derechos regalados, solo los gozan un porcentaje mínimo de la población. Sin embargo una gran mayoría ni siquiera saben de su existencia.
Un ejemplo: pretendemos jubilaciones del 82% móvil para lo que sería necesario que aporten 4 trabajadores por jubilado, según José Luis Espert, esa relación hoy es de 1,5 trabajador. Entonces se desvían impuestos al sistema previsional y como consecuencia la factura de luz incluye un 50% de impuestos, la factura de un automóvil 0Km un 54% de impuestos, cuando en USA es de solo el veinte y pico.
La paradoja es que tenemos un déficit fiscal enorme para financiar derechos que gozan una mínima parte de la población y desde hace años sumamos 30% de pobreza y disminuyó la calidad de vida.
Es entendible que todos pidamos más, lo que resulta un comportamiento adolescente o imberbe, tal como lo son, asimismo, los gobiernos que nos hacen creer que es posible dar más y no tienen capacidad ni vocación para hacernos conocer nuestros límites.
De ese modo, tal como hace la gente inmadura, escondemos los conflictos que no obstante se manifiestan mediante piquetes, protestas y reclamos que en definitiva nos hace vivir en conflicto permanente.
Nos cuesta entender que las inversiones no se piden. Al igual que las intenciones en una misa, es 'al cuete' rogar por ellas porque las inversiones no son dones, son negocios que requieren seguridad terrenal… son cuestiones de este mundo.
Los chinos parece que invertirán, de a poco, hasta US$ 15.000 millones, y probablemente pasaremos a integrar a su “Commonwealth”.
La duda es si esa ayuda se convertirá en una tutela o curaduría de lo que sería, entonces, nuestra eterna y despechada adolescencia.