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"Espérame. Yo te he esperado tanto... "

Oriana Fallaci sigue dando material para libros. Infatigable y creativa, ella escribió muchas cartas durante su vida, aunque odiara escribir cartas. La correspondencia fue compilada en "El Miedo es un Pecado - Cartas de una vida extraordinaria" (El Ateneo, 2017). Es su vida en sus cartas. Entre tantas, Urgente24 eligió reproducir 2 que desnudan a una Oriana bien diferente de la que sospecha la mayoría, la reportera intransigente, profunda y audaz. Aquí aparece la mujer enamorada, vulnerable y apasionada.

Alexandros Panagoulis fue un político y poeta que jugó un papel activo en la lucha contra la Dictadura de los Coroneles (1967 - 1974) en Grecia. Él trascendió después de intentar asesinar al dictador Georgios Papadopoulos el 13/08/1968, y también por las torturas que sufrió durante su posterior detención. Con la restauración de la democracia fue elegido diputado con la Unión de Centro, de Georgios Papandreu.

A causa de su ética política, para muchos griegos, su intento de "tiranicidio" lo convirtió en un símbolo de la democracia, y de las libertades civiles y políticas, aún cuando en verdad fuese un asesino frustrado.

Oriana Fallaci escribió su biografía, titulada "Un uomo" (Un hombre). Ella fue también su compañera sentimental hasta su muerte, el 01/05/1976.

Oriana, partisana durante la 2da. Guerra Mundial, falleció el 15/09/2006, y antes fue la primera mujer italiana corresponsal de guerra. Escritora de 12 libros, vendió 20 millones de ejemplares y ganó un gran prestigio internacional por sus entrevistas a personajes famosos: el rey Hussein I de Jordania, Yasser Arafat, Mohammad Reza Pahlavi, Haile Selassie, Henry Kissinger, Federico Fellini, Indira Gandhi, Golda Meir, Deng Xiaoping, Willy Brandt, Leopoldo Galtieri (a quien directamente llamó "torturador"), el ayatolá Rudollah Jomeini (durante la entrevista, ella le dijo "tirano" y se quitó el chador, que le habían exigido para realizar la entrevista), etc.

Oriana y Alexandros eran personas recias, aguerridas, de acción. Por ese motivo se reproducen aquí dos cartas de ella a él que revelan un vínculo bien diferente, de intenso amor, de sentimientos profundos y de deseos de estar juntos, una relación tan especial que construyeron hasta la sospechosa muerta de él en un accidente vial que ella nunca creyó que fue un accidente.


La historia de Alejandro Panagulis y Oriana Fallaci, destinada a durar hasta la muerte de él, en 1976, comienza con una entrevista (publicada por el semanario L'Europeo nº 36 del 06/09/1973) inmediatamente después que el poeta sale de la carcel. La relación nació casi de inmediato:

Alekos querido,

Te había escrito una larga carta. Pero la tiré. No me sentía, y todavía no me siento autorizada a decirte ciertas cosas. Te lo diré en voz alta, creo, cuando vuelva a verte. A veces es mucho más fácil usar palabras que, por escrito, dan miedo. Aunque sean palabras hermosas. O tal vez precisamente porque son palabras demasiado hermosas.

Hoy sólo quiero agradecerte. Agradecerte por existir, por haber vivido, por haberme regalado venticuatro horas nobles y una hora feliz. Veinticuatro horas no son muchas, normalmente, para comprender a una criatura. Una hora no es mucho, normalmente, para sentir felicidad. Pero cuando, como tú, se ha aprendido a medir el tiempo sin tiempo, venticuatro horas pueden ser suficientes para comprender y una hora puede ser suficiente para darnos la mano sin sospechas de burla.

Te agradezco también haberme permitido invadir tu privacidad con consejos no solicitados. Te ruego pensarlos y te repito: has visto tanta fealdad en estos cinco años, tanta oscuridad. Ahora debes regalarte a ti mismo un poco de belleza y un poco de luz. Es un deber hacia ti mismo como ser humano, y es un deber hacia tu equilibrio nervioso, tu espléndida inteligencia. También el equilibrio más fuerte, la inteligencia más espléndida, neecesitan luz, espacio, amor. Si no, se marchitan como un árbol sin agua.

Espero que me permitas darte esa agua. Aunque no siempre será fácil. Soy una persona que trabaja y tiene una vida muy dura, muy difícil. No siempre puedo hacer lo que quiero, ir donde quiero. Siempre hay un viento que me arrastra del lugar donde me gusta estar, como ciertos pájaros obligados a emigrar constantemente. Pero, si me lo permite, si te gusta, prometo desviar el viento en tu dirección. Y es una promesa seria. Soy una persona seria. Tal vez hasta demasiado seria.

Y, puesto que soy seria, no digo mentiras. No dije una mentira ayer, cuando tuve que irme. No había lugares en el avión para el día siguiente. Y no podía permitirme perder un día. Mañana mi trabajo debe estar terminado y, también hacia ti, mi primer deber es usar mi profesión y mis capacidades para contar a los demás quién eres. Debes comprender. Sé que, en el fondo de tu mente, comprendes.

Por otro lado, fue mejor así. Es mucho mejor y más correcto que vuelvas. De todos modos, volveré pronto. Ocho o diez días pasan rápido. E incluso si fueran doce días... Te ruego: espera. Quien ha esperado la libertad por años puede esperar también a una persona por unos días. Si venticuatro horas pueden ser tan largas como veinticuatro días, diez días pueden ser tan breves como doce horas. Para mí es así. Y espero que sea así también para ti.

Es todo, por hoy. Por otro lado, no sé si entenderás esta carta en italiano. Eso es terrible. Sí, realmente terrible no poder hablarle solo a una criatura a la que se tiene todo para decirle. ¿Aprenderás realmente el italiano para hablarme y escucharme sin la presencia de otros? No lo creo, pero lo espero. Porque no tengo tiempo para aprender griego y debo contar contigo. Sin palabras, toda relación humana es inútil y humillante.

Abraza a tu madre por mí. Tu madre se parece tanto a mi madre: vieja como ella, sacrificada como ella, dolorosa como ella. Y abraza a Statis, que te ama tanto, más que a mí mismo. A ambos debes decirles, además, que te quise de inmediato y que, cuando entré en su casa, me pareció haber estado ya cien veces. Qué hecho extraño, misterioso. Yo, habitualmente, no reacciono así. La vida me enseñó, más bien me obligó, a ser dura, desconfiada, desapegada, controlada. Ustedes me transformaron en pocas horas.

Ahora basta realmente. Y te mando saludos de mis padres y mis amigos, que llamaron para saber "cómo eres". Respondí: "Extraordinario, diría". Así que agregaron: "¿Le explicaste que debe vivir?". Y yo respondí: "Le rogué vivir". Te ruego vivir así como, hasta hoy, lograste sobrevivir. Te ruego ser generoso contigo mismo y no solo con los demás.

Au revoir. Adiós. Ayer, en el avión, me comí todas mis hermosas uñas largas y rojas. Y ahora tengo manos de campesina, no de capitalista. Quédatelas. ¿Ok?

Oriana

P.D. Te robé dos limpiapipas. Son perfectos para atarme el pelo a la campesina. En Navidad tendrás que regalarme una caja. De colores (¿pero todavía serás amigo en Navidad?).


Oriana viajaba de aquí hacia allá pero se fabricaba tiempo para visitar a su amigovio. Aquí un texto muy especial:

Bonn, 26 de agosto de 1973

Alekos querido,

Te escribo nuevamente para decirte que fui feliz de escucharte por teléfono una segunda vez. Aunque no podemos decirnos mucho, porque tú no entiendes nada de lo que digo y yo no comprendo nada de lo que dices, oír tu voz es hermoso. Después me siento mejor.

Te agradezco la respuesta a mi pregunta sobre "qué significa ser un hombre". La necesitaba para el final. Es una espléndida respuesta, mejor que la poesía de Kipling. Tal vez la usaré agregando a tus palabras esta pregunta para mí. "Y para ti, ¿qué es un hombre". Para poder replicar así: "Un hombre es... una criatura como tú. Es tú".

Sin embargo, un detalle de tu respuesta me preocupó. Lo que Andreas tradujo: "To love without permitting one love to become handicap", es decir: "Amar sin permitir a un amor que se convierta en un obstáculo". Creí comprender que me decías a mí, y no a los demás.

Y bien: yo no soy ni seré nunca un obstáculo, una desventaja. Sé que existen cosas aún más grandes que el amor de una persona o el amor por una persona. Por ejemplo, un sueño. Por ejemplo, una lucha. Por ejemplo, una idea.

Adiós y hasta el sábado. Como máximo, domingo. Y si puedo, antes del sábado o antes del domingo. Una vez terminado mi trabajo en Bonn, pasaré por Italia para saludar a mi madre, que está enferma. Luego volaré enseguida a verte. No pienses ni por un momento en abandonar la clínica cuando llegue. Si debes permanecer en la clínica, te quedarás en la clínica. Y yo te haré compañía con una profunda conversación en griego. O bien jugando al ajedrez.

¿Ok?

Espérame. Yo te he esperado tanto.

Oriana

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