ver más
POD12_CORD_336_AZ

Deslizan los por qué el Papa no visita ni la Argentina ni Brasil

2 notas en la web Vatican Insider que tienen un denominador común: el Papa no comulga con el ajuste social que, aparantemente, no sólo cree que Mauricio Macri ha comenzado sino que profundizará. Vamos a lo que escrito está:

"“No lo tengo en agenda”. La respuesta no dejó espacio a la especulación. Este domingo (30/04), tras cumplir sus actividades públicas, el Papa llamó a Luis Liberman, director general de la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro. Lo felicitó por su cumpleaños y, en la conversación, quiso despejar dudas. No viajará a Argentina el próximo año, como trascendió semanas atrás. En cambio, sí tiene planeado visitar Chile y Perú, “con el fin de cerrar el eje del Pacífico”.

Sin importar su intenso fin de semana, que incluyó una estratégica gira por Egipto y una multitudinaria audiencia con la Acción Católica en la Plaza de San Pedro, Francisco se hizo un momento, tomó el teléfono y marcó. Eran las 11:30 horas de Buenos Aires, las 16:30 en Roma. ¿El objetivo? Felicitar a un viejo amigo. Tras agradecer la salutación Liberman, entre sorprendido y contento, bromeó: “¡El año próximo podrías venir para mi cumpleaños!”.

Pero la negativa fue clara. Entonces, el felicitado recordó que algunas semanas atrás la prensa argentina difundió informaciones precisas sobre el supuesto viaje papal. Según se publicó entonces, durante una reunión con la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y con la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, el pontífice habría revelado su voluntad de pisar suelo argentino en 2018. (...").

Inmediatamente después de la filtración periodística, la Santa Sede negó con firmeza el particular. “Ni siquiera está en estudio”, indicaron acreditadas fuentes vaticanas. Aun así, en Argentina las especulaciones siguieron. Se llegó a indicar una fecha específica: el 18 de marzo y hasta los mismos amigos del Papa creyeron en la versión.

El gobierno argentino no recibió el debate público sobre un hipotético viaje papal como una buena noticia. Se temió, con razón, que unos datos inconexos filtrados sin más a la prensa “embarraran la cancha”, afectando la relación institucional. “El gobierno quiere que el Papa venga, es un deseo, pero que salgan estas informaciones no ayuda”, confió por esos días una fuente acreditada al Vatican Insider.

Al respecto, fue indicativa la respuesta que dio la canciller argentina, Susana Malcorra, a la pregunta de si había hablado con el pontífice sobre la ansiada visita, el pasado viernes 21 de abril. Ella precisó: “No hablamos. El santo padre ha sido invitado en reiteradas ocasiones, todas las veces que habló o se vio con el presidente. La invitación de parte de la Argentina está abierta y se va a hacer en el momento en que el Papa juzgue oportuno, en función de su amplia agenda. Así que ni siquiera toqué el tema”.

Con estos antecedentes, el comentario de Francisco de este domingo tuvo un valor aclaratorio. “Nunca hubo interacciones en esa línea”, precisó el líder católico a su amigo. Es más, recordó que él mismo le había dicho a Liberman que no tenía agendada una visita a Argentina en 2018 cuando ambos se vieron en el Vaticano en febrero último, con motivo de un seminario mundial sobre el derecho al agua organizado por la Cátedra del Diálogo y la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales.

En la llamada, en cambio, sí confirmó su intención de volver a América Latina, con una gira por Chile y Perú. Algo que ya había informado a los obispos chilenos y que adquiere sentido si se considera la anterior visita a Ecuador y Bolivia, o la futura a Colombia. De allí la frase “cerrar el eje del Pacífico”. (...)".


Mensaje N°2: Alver Metalli en Tierras de America pero reproducido, y en destacado, por Vatican Insider/La Stampa:

Dos Conferencias Episcopales, la de Argentina y Brasil, las más grandes del continente latinoamericano junto con la mexicana, se encuentran en rumbo de colisión con sus respectivos gobiernos sobre temas importantes de sus programas de gobierno. Hace pocos días, una nota de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) pone en tela de juicio la reforma de la Constitución que pretende el ejecutivo encabezado por Michel Temer “porque genera exclusión social y perjudica a los sectores más débiles de la sociedad”. Más adelante, hace un fuerte llamamiento “a las personas de buena voluntad a movilizarse para buscar lo mejor para nuestro pueblo brasileño, sobre todo para los más vulnerables”.

Algunos obispos brasileños llegaron un poco más lejos y pidieron abiertamente a los fieles de sus diócesis que salgan a la calle y adhieran a la huelga general.

La huelga fue convocada por todos los sindicatos brasileños para protestar contra la reforma laboral y jubilatoria propuesta por el gobierno del presidente Temer. Las reformas aprobadas tras duras discusiones parlamentarias apuntan a elevar la edad mínima para optar a la jubilación y suprimen numerosas leyes de protección de los trabajadores, presuntamente para reducir el déficit fiscal y favorecer la creación de puestos de trabajo. El obispo de Barra do Piraí-Volta Redonda, Francesco Biasin, un religioso italiano que pertenece al movimiento de los Focolares, se refirió con dureza a los sucesores de Dilma Rousseff: “Vamos a mostrar a nuestros gobernantes nuestra indignación en relación a las reformas impuestas a la población sin diálogo con la sociedad civil organizada” declaró, “y a expresar nuestro deseo de construir un Brasil mejor para todos”.

La petición de monseñor Biasin de participar en la protesta activa no es un hecho aislado. Fernando Antônio Saburido, obispo benedictino de la arquidiócesis de Olinda y Recife, en el nordeste de Brasil, también convocó abiertamente a sus fieles a participar en la manifestación nacional de protesta afirmando que “la clase obrera no puede perder los derechos que conquistaron con tanto esfuerzo”.

En el país vecino, Argentina, la crítica de la Iglesia apunta contra una medida del gobierno del presidente Mauricio Macri que reforma la ley inmigratoria con el propósito de acelerar las expulsiones y restringir el ingreso de extranjeros que hayan cometido delitos en sus países de origen. El decreto 70/2017 del Poder Ejecutivo justifica la medida en referencia a “hechos de criminalidad organizada de público y notorio conocimiento”, ante los cuales “el Estado Nacional ha enfrentado severas dificultades para concretar órdenes de expulsión dictadas contra personas de nacionalidad extranjera”. El obispo jesuita Manuel Hugo Salaberry, presidente de la Comisión Argentina de Migraciones de la Conferencia Episcopal Argentina, declaró que no existe dato alguno “que justifique la necesidad o urgencia de la reforma de la Ley de Migraciones a través de un decreto presidencial”. Como es sabido, la nueva ley aumenta las restricciones para el ingreso y permanencia de los extranjeros en Argentina, endurece los controles a los extranjeros que tienen antecedentes penales, sobre todo si están relacionados con la criminalidad organizada y el tráfico de estupefacientes, y acelera las prácticas de expulsión. Sin embargo, los obispos consideran que “Si bien el DNU está dirigido a enfrentar la criminalidad, vulneraría derechos de las víctimas de delitos y los derechos constitucionales garantizados por la constitución nacional y los tratados internacionales”.

La reforma de la ley migratoria es una de las tres cuestiones que enfrentaron en los últimos meses a la Iglesia con el gobierno de Macri. Otros temas fueron la reforma de la ley penal para los menores, con el propósito de bajar de 16 a 14 años la edad de imputabilidad, y la represión de un grupo de indígenas mapuches en la Patagonia que habían bloqueado un ramal ferroviario.

Más Leídas

Seguí Leyendo