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La guerra y la peste como igualadores de la riqueza (¡...!)

La portada, una fotografía del grabado en madera de Albrecht Dürer, "Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis", es elocuente: "El Gran Nivelador: Violencia y la historia de la desigualdad desde la Edad de Piedra hasta el siglo 21" (The Great Leveler: Violence and the History of Inequality from the Stone Age to the Twenty-First Century) es un texto que está provocando un intenso debate. Los empleadores sólo suben el precio del salario cuando sufren la escasez de mano de obra. Los políticos van por la vereda contraria: promueven el empleo total o desempleo 0 como sinónimo de bienestar, pero así bajan los salarios y unos acumulan más que otros. Esto podría ser un poco extremo pero si el aumento de la igualdad es el objetivo, la guerra y la peste es mejor que la paz y la bonanza escribió Walter Scheidel, desde la Universidad de Stanford. Su texto "El Gran Nivelador: La Violencia y la Historia de la Desigualdad de la Edad de Piedra a la Vigésima Primera Century", es controversial.

Walter Scheidel es austríaco: nació en Viena, fue educado en la Universidad de Viena (Historia Antigua y Numismática) y en la Universidad de Graz, fue investigador asociado en el Darwin College, Cambridge (Reino Unido) mientras era profesor visitante en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris y en la Universidad de Innsbruck; ganó una beca Guggenheim en Humanidades para estudiar en USA y Canadá;y hoy día enseña Historia Americana en Stanford University (California), donde también participa del programa Biología Humana Kennedy-Grossman.

Estos datos son importantes para evaluar su libro "El Gran Nivelador: Violencia y la historia de la desigualdad desde la Edad de Piedra hasta el siglo 21" (The Great Leveler: Violence and the History of Inequality from the Stone Age to the Twenty-First Century), que está provocando un intenso debate.

El texto afirma que el costo de la civilización ha sido una flagrante desigualdad económica desde la Edad de Piedra hasta la fecha. Las excepciones, en su relato, resultan los tiempos de violencia generalizada: guerras, pandemias, disturbios civiles. Sólo choques violentos como estos han reducido sustancialmente la desigualdad a lo largo de los milenios.

"Es casi universalmente cierto que la violencia ha sido necesaria para asegurar la redistribución de la riqueza en cualquier momento", dice Scheidel, y le da sustento a quienes defienden la idea de una 3ra. Guerra Mundial como herramienta de desarrollo.

Estudiando largos tramos de la historia humana, Scheidel afirma que "los grandes momentos de igualdad en la historia no siempre han tenido la misma causa, pero compartieron una raíz común: rupturas masivas y violentas del orden establecido".

Por lo tanto, los humanos deberían estar agradecidos a los períodos de desigualdad ya que, al menos, tienen la característica de resultar tiempos de estabilidad. Es casi un concepto de Thomas Hobbes: el costo de la paz es la desigualdad.

Elena Dancu escribió en un periódico de Stanford University que esta idea está conectada con el ensayo de Thomas Piketty, "El Capital en el Siglo XXI" (en 2013, un bestseller en las listas del The New York Times). Piketty encontró que "la desigualdad no baja porque tengamos desarrollo económico", analizó Scheidel. " Su libro cubre sólo 200 años y argumenta que sólo la intervención violenta puede hacer que suceda la igualdad".

Scheidel decidió ampliar la teoría de Piketty a un período más extenso. Él reclutó a Andrew Granato, especializado en macroeconomía, para compilar una bibliografía de más de 1.000 títulos. El resultado es una narrativa extensa sobre el vínculo entre la desigualdad y la paz, que se remonta al comienzo de la civilización humana.

Formular tal narrativa no es una tarea sencilla, recuerda Dancu. "El Gran Nivelador" se basa principalmente en las obras publicadas por otros historiadores -un desafío, en opinión de Scheidel, de intentar "sintetizar estudios altamente fragmentados y especializados y crear una sola narrativa"-.

Como experto en la Roma antigua, Scheidel es consciente de que las fuentes pre-modernas son limitadas y algunas son inválidas. Su familiaridad con escasas fuentes antiguas lo preparó para lidiar con una abundancia de registros modernos más confiables.

"Mirar el pasado lejano habría sido más difícil para un economista o historiador modernista", dice Scheidel, para quien "generalmente es más fácil tratar con la evidencia moderna porque es más familiar y estudiado a fondo".

Scheidel reconoce su pesimismo sobre la resolución de la desigualdad: "Invertir la tendencia hacia mayores concentraciones de ingresos, en USA y en todo el mundo, podría ser, de hecho, casi imposible", dice.

Entre la variedad de catástrofes, Scheidel identifica lo que él llama "4 jinetes":

> la movilización de masas o la guerra entre estados,

> la revolución transformadora,

> el colapso del Estado, y

> la peste.

Un ejemplo de la movilización de masas es la 2da. Guerra Mundial, un conflicto que envolvió a muchos países desarrollados y, clave para Scheidel (austríaco radicado en USA), porque "redujo la desigualdad en forma uniforme". Tal como sucedió en Europa y Japón, la intervención estatal en la economía para apoyar el esfuerzo de guerra y aumentar la producción, "desencadenó una redistribución de los recursos, beneficiando a los trabajadores y perjudicando los intereses del 1%".

Otro "jinete" fue el estallido de la peste bubónica en Eurasia del siglo 14. Mientras que la guerra causa estragos totales, una pandemia de esta magnitud "mata a un tercio de la población, pero no daña la infraestructura física", dice Scheidel. "Como resultado, el trabajo se hace escaso, los salarios crecen, y la brecha entre los ricos y los pobres se estrecha".

Precisamente, la desigualdad aumentó en el momento en que la plaga disminuyó y la población comenzó a aumentar. Pronto, grandes franjas de la sociedad descubrieron que sus beneficios fueron borrados -una pérdida que, según Scheidel, se invertiría brevemente como consecuencia de las 2 guerras mundiales del siglo 20-.

El colapso del Estado también ha sido crucial en la historia de la desigualdad: "Los ricos son beneficiarios del Estado", dice Scheidel, y añadió que "si los estados se desmoronan, todo el mundo está peor; pero los ricos tienen más para perder. Su riqueza es aniquilada por la destrucción del Estado, tal como en la caída de la civilización maya o de las dinastías chinas".

En cuanto a si la reducción de la desigualdad será posible en tiempos de paz, Scheidel afirma: "La historia no determina el futuro. Las cosas pueden cambiar, pero el cambio es lento ".

"El negocio puede no ser suficiente", dice. "Tenemos que pensar más en cómo provocar el cambio en el mundo de hoy".

Un remedio pacífico para la desigualdad económica puede comenzar con lo que Scheidel llama "una comprensión del contexto histórico, porque simplemente elegir a los políticos adecuados que prometen que todo estará bien es una visión a corto plazo".

A largo plazo, Scheidel dice: "No estoy defendiendo la guerra, pero repetir las mismas viejas ideas ignora las lecciones de la historia. Algo verdaderamente innovador y original puede tener que suceder para crear un cambio duradero."


Entrevista

El problema de la lucha contra la desigualdad en América Latina es que "no ha habido suficiente violencia. En un ambiente de paz y estabilidad puede volverse más difícil lograr los objetivos de reducir la desigualdad", explicó Walter Scheidel a la BBC.

Decir que la desigualdad es un problema creciente no es particularmente controversial. Pero, en cambio, es muy polémico sostener que la única manera de combatir este fenómeno es con la violencia:

-¿De dónde sale su conclusión que la violencia es el único camino para lograr reducir la desigualdad?

-Revisando la evidencia de miles de años de historia. Cada vez que hay una reducción importante en la desigualdad, sucede en forma simultánea un shock de violencia masiva.

-Pero en América Latina ha habido mucha violencia y la región sigue siendo muy desigual. ¿Eso no desvirtúa su teoría?

-Muchos dirían que en América Latina en el siglo 20, lo más notorio es que no ocurrieron guerras significativas, comparado con Europa o Asia. Los latinoamericanos no participaron significativamente en las guerras mundiales. Tampoco hubo movimientos revolucionarios verdaderamente grandes, aparte de los que ocurrieron en el margen, como en Cuba. Ha habido mucha estabilidad en América Latina. Puede que no lo parezca por las insurgencias y el crimen, pero no han llegado, por lo general, al nivel de violencia que se necesita para que haya grandes reducciones en la desigualdad. Los gobiernos han sido buenos en proteger los privilegios de los poderosos. No ocurrieron eventos que movilizaran bélicamente a la mayoría de la población. América Latina permanece casi intacta frente a los choques violentos, lo que le ha provocado retener altos niveles de desigualdad.

-Parece que está diciendo que América Latina no ha sido lo suficientemente violenta para combatir la desigualdad...

-Suena casi perverso, pero si se piensa en términos de violencia a muy gran escala, eso es cierto. Latinoamérica estuvo aislada de los eventos más devastadores del siglo 20.

-¿No le preocupa que sus ideas justifiquen, de alguna manera, la posición de grupos extremistas que han dicho que la violencia -a la que llaman 'acción directa' o 'guerra revolucionaria'- es la solución ante la desigualdad?

-Sin duda me siento incómodo, pero soy un historiador, y tengo que ir a donde me lleva la evidencia histórica. No estoy promoviendo ni abogando por la violencia. Y hay que tener en cuenta que la desigualdad no es la única variable relevante. Puede suceder que un movimiento guerrillero reduzca la desigualdad, pero también puede causar mucho sufrimiento humano, aumentando la pobreza y muchos otros factores indeseables. Aquí estamos hablando sólo del efecto de la violencia sobre la desigualdad, no sobre otras variables.

-¿Qué reacciones ha obtenido cuando presenta estos resultados tan controversiales?

-Estoy sorprendido porque esperaba más críticas, más gente diciendo que no pueden aceptar la validez de esto. Pensé que la gente creía más en la idea de que el progreso social es más fácil de lograr mediante métodos convencionales tales como las elecciones.

-Si tuviera que darle un consejo a los dirigentes políticos de como luchar por la desigualdad, aparte por supuesto de pelear una guerra. ¿Cuál sería?

-Yo creo que la única lección de la historia consiste en que atacar la desigualdad es mucho más difícil de lo que usted cree. Podemos creer que para combatir la desigualdad hay que invertir en educación, proteger los derechos laborales... todo eso. Y puede ser técnicamente correcto, pero ignora el contexto en que ocurre esto. En un ambiente de paz y estabilidad puede volverse más difícil lograr los objetivos de reducir la desigualdad.

También Gonzalo Toca, de EsGlobal, entrevistó al profesor austríaco. Aquí un fragmento:

-¿Pero qué le dicen sus investigaciones?

-Que la historia no muestra un patrón definido. A finales del SXVIII, Francia experimentó elevadas tasas de desigualdad económica y social y es tentador decir que fueron la causa de la Revolución Francesa. Sin embargo, las sociedades en Inglaterra, España o Países Bajos eran tan desiguales como la francesa y las consecuencias no fueron las mismas. Las colonias británicas en Norteamérica se encontraban entre las sociedades más desiguales de la tierra y, a pesar de eso, algunas de ellas lanzaron una guerra por la independencia que llevó a la creación de los Estados Unidos. Más adelante, en la España moderna, la desigualdad de los ingresos había empezado a descender veinte años antes de que estallase la guerra civil en 1936. Por último, ni China ni Rusia eran especialmente desiguales cuando se produjeron sus revoluciones comunistas.

-La democracia, la redistribución de la riqueza y la aparición del estado del bienestar han ayudado a muchos países europeos a mitigar, durante las últimas seis décadas, la desigualdad extrema y el malestar social que la suele acompañar. ¿Es la Europa moderna una excepción a su teoría? Parece claro que no hicieron falta ni revoluciones, ni plagas, ni guerras ni el colapso del Estado para frenar la desigualdad.

-Los shocks violentos de las dos guerras mundiales definieron, en gran medida, la expansión del derecho de voto y de la actividad de los sindicatos, los altos impuestos sobre la renta y el patrimonio y, por último, la llegada del estado del bienestar y su capacidad de redistribuir la riqueza. En muchos países desarrollados, la presión de la guerra se convirtió en un poderoso catalizador que espoleó unas reformas políticas, fiscales y económicas que primero redujeron la desigualdad y después evitaron que aumentase de nuevo. En este sentido, ni Europa ni el Este Asiático (Japón, Corea del Sur, Taiwán) son una excepción a mi teoría.

Además, los datos sobre la desigualdad de renta muestran que las disparidades cayeron, sobre todo, durante las dos guerras mundiales. También cayeron durante la siguiente generación (desde 1950 hasta 1970), pero es porque las políticas que habían nacido al calor de las guerras continuaron implementándose y ayudando a decidir la redistribución de la riqueza.

-Hay más posibles excepciones a su teoría. Por ejemplo, la combinación entre crecimiento ultrarrápido, movilidad social ascendente, intensa propaganda nacionalista y el desarrollo de un estado policial les han ayudado a los comunistas chinos a evitar estallidos masivos de violencia durante más de veinte años.

-Aquí es importante distinguir dos fenómenos: desigualdad y pobreza. Desde los '80, la desigualdad de renta y patrimonio en China ha aumentado enormemente y es mayor que en el período anterior…. pero, al mismo tiempo, cientos de millones de chinos han salido de la pobreza. Esto tiene que considerarse un éxito mayúsculo que ha contribuido, seguramente, a contener el descontento provocado por el aumento de la desigualdad. La cuestión sigue siendo si podrán mantener la estabilidad social en el caso de que la economía se ralentice.

-Tras la crisis mundial que estalló en 2008, han surgido partidos y líderes políticos populistas y extremistas que han conseguido ser muy influyentes en Occidente. ¿Debemos verlos como la respuesta natural a una mayor desigualdad y como el principio de un momento histórico más violento?

-La creciente desigualdad o incluso la percepción de que la desigualdad crece parece que han conducido al ascenso de determinados movimientos políticos. Estos han aprovechado la extendida sensación de que algunos se han beneficiado desproporcionadamente de la globalización mientras muchos otros o se han quedado en la estacada o temen quedarse en la estacada en el futuro. La solidez y el poder del Estado actual pueden limitar el alcance de la oposición violenta pero, si se mantiene la estabilidad, la desigualdad económica, probablemente, o persistirá o se agravará más todavía.

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