Otro simpatizante crítico de la casa como el periodista Luis Novaresio pidió poner fin a la pasantía del aprendizaje y tildó a los CEOs del gobierno de “Los muchachos del Pro del Excel”.
“Seguro que mañana los diarios (los pro-oficialistas) van a decir que es una virtud saber dar marcha atrás”, pronosticaba la legión kirchnerista, en alusión a la terca soberbia y la rigidez que le atribuían desde el círculo rojo a su jefa.
Pero para los analistas de prensa no pasó inadvertido el zigzag de la línea editorial de Clarín expuesto detrás del titular condescendiente a través de un contrapunto entre el pasado, el presente y el futuro del comando de su redacción.
El actual secretario General de Redacción, Ricardo Kirschbaum, reflexionó en una columna de opinión presentada con la enigmática apelación “Macri en reversa, (¿Correo del Zar III, y final)”, sobre lo que dijo el Mandatario de que no era infalible: “Una verdad de Perogrullo, pero no lo es en un contexto donde la soberbia prevalecía por sobre la evidencia del error. También dijo el Presidente que estaba orgulloso de su equipo y que no tenía previsto hacer ningún cambio en el Gobierno”, deslizó.
A lo que el repatriado por Héctor Magnetto desde El Cronista Comercial, Fernando González, infiltró en su comentario editado al lado del de su veterano mentor algo más que una velada advertencia al macrismo desde el matutino que se prepara para dirigir periodísticamente: calificó de profecía equivocada lo que había dicho María Eugenia Vidal hace una semana de que "yo no creo que sea el fin del mundo perder una elección. Porque no creo eso de que, si el oficialismo no gana las elecciones intermedias, se pone en juego la gobernabilidad”.
El cementerio no tiene puerta giratoria
Y con la alegoría que suelen atribuirle al peronismo de que sus dirigentes acompañan a la puerta del cementerio pero no entran, subrayó “la capacidad de reconstruir su vocación de poder gracias a la habilidad del macrismo para autoflagelarse y diseñar su propio infierno”.
El delfín que ambiciona hacer las tapas de Clarín disparó con tono de ultimátum que éste había sido “un mes de regalo que el peronismo jamás hubiera imaginado. El Gobierno de los Ceos, como se lo caracterizó socarronamente desde el comienzo de la gestión de Macri, parece más bien un Gobierno de pasantes. Un concepto que deslizó el diputado del PJ, Diego Bossio, y que provocó sonrisas en una reunión parlamentaria. Pero que ahora está tomándose mucho más en serio en las tertulias del poder”.
Coincidió Novaresio en mostrar la existencia en el gobierno de una “pasantía de aprendizaje”.
Estos metamensajes tienen plazo fijo: 22/10/2017, para el que dentro de una semana faltarán 8 meses.
No tan veladamente le previenen al Presidente que ya no hay margen para bancar conceptualistas de la retórica plagado de errores de gestión, como Marcos Peña. Ni a improvisados Ceos que no tienen cintura ni timing para negociar en la política con códigos que les son ajenos y, o dan de más fuera de término, o aplican fórmulas matemáticas que sin anestesia salen a la luz de la opinión pública.
Para ordenar primero y contextualizar luego deberían pedirles consejos a los kirchneristas, cuyo estilo de ejercer el poder y el coro griego de la militancia se lo permitían. Sus repetidoras concentradas de la prensa escrita y audiovisual, quizá interesadamente, se inclinan por instalar agenda y desarrollarla políticamente sin fórmulas polinómicas a debatir en el medio de los relatos.
Los CEOs no entienden nada de ésto: habrán cosechado experiencia y éxitos en tomar decisiones empresariales, que a lo sumo explican en asambleas anuales de accionistas o imponen a los gerentes en los comités ejecutivos de las organizaciones que timonean, donde la autoridad es vertical y no se discute.
No se conoce aún el costo político de volver sobre los pasos y pretender sacarle rédito con frases como “si me equivoco, doy un paso atrás y me corrijo”, ya repetidas en otras ocasiones, como con el feriado del 24 /03 por el Día de la Memoria, la más reciente. Las encuestas algo empezaron a insinuar y el feeling de los comunicadores profesionales intuye que se acabó el rollo.
¡Ojo!, lo reconvienen dramáticamente: ya “no garpa hacerse el macho” y poner el pecho para defender con la investidura presidencial amigos que sí hacen la del pato a cuenta del gobierno, como el jefe de la Central Federal de Inteligencia, Gustavo Arribas, acusado por Odebrecht de recibir coimas; el titular de Aduana, J.J. Gómez Centurión, con declaraciones “gorilas” que la sociedad ya no quiere escuchar de los gobernantes ni vienen al caso en medio de la crisis actual; su hombre en Boca, Daniel Angelici, traficando influencias, o ahora el delfín del currículum impecable que está al frente de ANSeS, Emilio Basavilbaso (una debilidad de Horacio Rodríguez Larreta), tirándole una piedra a la concordia social.
¿Que tenía para ganar? Ahorrar $3.000 millones del costo fiscal de la actualización de las jubilaciones de $122,140 millones, que se reuniría con la embozada “colecta” de $20 por pasivo que finalmente admitió Quintana, quien seguramente sí considera digno de su atención el millonario negocio de estatizar Osde para reprivatizarla luego como una prepaga igual a las demás.
En la reciente cena a la que convocó en Olivos a los compañeros de ruta política de Cambiemos, el Mandatario hizo una presentación de la gestión de gobierno que no terminó de convencer a los radicales, cuyo jefe José Corral escarbó en cuanto eufemismo conoce para ratificar que apoyarían el modelo en la campaña, pero que debería ser monitoreado cada 3 meses.
Por lo visto, los aliados de prensa, con urgencias más concretas y cotidianas por dar la cara ante la opinión pública, no muestran la misma paciencia y sutilmente, por debajo de la fachada de los titulares, le mandaron mensajes.
La puesta en escena del mea culpa presidencial disimuló otra reversa que metió su administración en una aciaga tarde: ante la presión de los bancarios, le levantaron el techo de la paritaria del 18 al 23,5%. De este mismo porcentaje ya había hablado Macri la semana pasada cuando deslizó la posibilidad de flexibilizar el cepo presupuestario, aunque refiriéndose a otro caso testigo, el docente.
O sea que, en las negociaciones colectivas de trabajo virtualmente hubo otra marcha atrás con las metas vinculadas a inflación, que antes habían quedado un poco atrás del 20% y ahora se recalcularon al 25%.
Suena a más realista, pero angosta al máximo el derrotero económico electoral, con todos los aumentos en carpeta que tienen los otros CEOs del gabinete, empezando por el veterano ministro de Energía, ex Shell, Juan José Aranguren, cuando aguardan turno otros rubros, como la canasta escolar, el gas cuya audiencia ya viene y los combustibles, entre los más meneados.
A lo que se suma un toque de atención que operó Clarín con una sugestiva sobre el exceso de consumo de agua, que estima en 1.000 litros diarios por casa, a partir de lo cual anticipa que el gobierno pondrá medidores gratis y que se corregirá la tarifa.
Los consorcios entraron en estado de alerta porque se ven venir un aumento en el agua, que usan indiscriminadamente el indómito gremio de los porteros cuando lavan las veredas y los interiores de los edificios.
Entrarán en discusión con el Suterh, de Víctor Santa María, quien además es dueño de Página/12, los mayores costos por un eventual excesivo consumo, debido a su incidencia en las ya onerosas expensas, soliviantadas como están por el sueldo y las excepcionales condiciones laborales conquistadas por los encargados de edificios.
Pero el previsible conflicto recién se instala en la agenda política desde el medio amigo y, si el gobierno aprendió la lección de no abusar de la marcha atrás, la factura del agua se emitirá con los nuevos valores una vez que el tema haya decantado, sin olvidar que este es un año electoral.