También señala la suba que se produjo en los precios internacionales del arroz, debido al actual programa de compras estatales de la India, que redujo el volumen disponible para la exportación.
Paralelamente, el precio del aceite vegetal reflejó subas del 1,8%, en tanto que los productos lácteos y las carnes se mantuvieron sin cambios en relación a diciembre.
Un informe de Ecolatina y Key Market correspondiente a octubre 2016 daba cuenta de una pérdida de competitividad de los productos argentinos que hizo resignar mercados de exportación, y achacó ese retroceso en el posicionamiento a "la falta de políticas tendientes a insertar los alimentos argentinos en nuevos mercados bajo condiciones más favorables para el país”.
Según el reporte, la debacle alcanzaba la venta al exterior de manzanas, limones, peras, trigo, harinas de girasol, aceite de girasol, leche entera y leche en polvo. Y Argentina sólo había mejorado su posición relativa en las exportaciones de queso, carne de pollo y girasol.
Las economías regionales han sido las más afectadas, aseguró la consultora fundada por Roberto Lavagna.
La lejanía de los establecimientos productivos de los principales puertos del país hace que los costos de logística y transporte tengan mayor relevancia.
En este sentido, entre 2011 y 2015, dichos costos aumentaron 176%, contra el 181% de los combustibles y el 189% de la mano de obra, según datos de la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos. Los precios generales de la economía lo hicieron un 170% en el mismo lapso.
Desfase interno
En realidad, el repunte de los precios internacionales de los alimentos mitiga de algún modo el desfase interno que padecen.
El titular de COPAL, Daniel Funes de Rioja, advirtió al gobierno sobre la carga tributaria que recae en el sector y que alcanza el 40,6%, 6 puntos por encima del promedio industrial.
Desde la cámara empresaria le manifestaron al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, la preocupación por Ingresos Brutos, que tiene un efecto cascada sobre los productos. "Es un impuesto en cascada extremadamente distorsivo", afirmó Funes y puso como ejemplo que la aplicación de un 1,8% en toda la cadena suma una presión de casi el 10%.
“Por ejemplo, para el caso de una galletita, Ingresos brutos no tiene una carga del 1,8% como marca la alícuota, el peso de ese impuesto llega al 10% del costo total, porque se aplica sobre cada ingrediente”, sostuvo. Además, Funes de Rioja dijo a Dujovne que en el sector de alimentos la presión impositiva llega al 40, 6% entre tributos nacionales, provinciales y tasas municipales. Para bebidas, ese porcentaje se eleva al 48%.
“Mientras que el promedio para la industria es del 34%”, dijo el empresario. “Con este nivel de presión fiscal no se puede ser competitivo”, adujo.
Copal se llevó la promesa de que este año se trabajará en una propuesta integral de reforma que recién se aplicará el año que viene, aunque algunos arriesgan que podría presentarse públicamente después de las elecciones legislativas de octubre.
Desmenuzó la presión fiscal en los alimentos, que llega al 40,3% sumando las tasas municipales e impuestos provinciales y nacionales. Esto quiere decir, que de cada $ 100 que se gastan en alimentos unos $ 40 son impuestos.
"La pesada carga tributaria y los costos laborales no salariales atentan contra la competitividad de la industria de alimentos y bebidas, en especial de las pymes y economías regionales", señaló Funes de Rioja, y agregó: "Necesitamos encarar una segunda generación de reformas para volver a crecer, alcanzando la competitividad hoy resentida".
Además, el sector reclamó trabajar sobre los convenios de corresponsabilidad gremial y en una simplificación burocrática.