Por ejemplo, en todo juicio criminal, es la fiscalía la que corre con la “carga de la prueba”, porque según la ley existe la presunción de inocencia. En los casos de los acusados por la violencia de los años 70, comencemos por señalar que sus expedientes circulan por los tribunales con un gran sello rojo que se lee “LESA” (¿no será discriminatorio?) y en la práctica es el imputado el que debe demostrar su inocencia, por cuanto la mera acusación es indicio suficiente y muchas veces se acompaña, sin más con la prisión preventiva.
Una persona acusada de un crimen puede ser mantenida en prisión preventiva, sin juicio, dos años, que excepcionalmente se pueden prolongar un año más cuando existan razones fundadas. Se conocen en el ámbito de “lesa” prisiones preventivas de más de 10 años, siendo cosa común hablar de 5,7 o 9 años.
No son pocos los detenidos de más de 80 años en estas causas, a pesar que deberían eventualmente estar en prisión domiciliaria y que en los delitos comunes es difícil encontrar detenidos que superen los 65 años. Hoy el promedio de edad de los acusados “de lesa” supera los 75 años.
Para comienzos de 2017 son casi 400 personas las que murieron en prisión y la cuenta sigue aumentando.
Existen múltiples casos bien documentados de testigos que fueron cuidadosamente preparados antes de su testimonio, como así también de impedimentos que el tribunal impone a las defensas para cuestionar a los testigos, so pretexto que se los estaría “victimizando” si se pone en duda sus dichos.
Miembros de los tribunales de justicia que en el pasado lo fueron de las organizaciones armadas y que aún así no se duda de su objetividad y los intentos de recusación suelen caer en saco roto.
Otro dato para la reflexión, en el ámbito de los tribunales de apelación sobre 190 acusados, solo 20 fueron encontrados inocentes y más de un 35% recibió como pena la cadena perpetua.
A 40 años de los acontecimientos casi 500 personas continúan detenidas en cárceles comunes y una 600 en prisión domiciliaria.
Hasta el día de la fecha todos los intentos para llevar ante la justicia a los miembros de las organizaciones armadas no dieron fruto alguno y no pocos han dado amplio testimonio de los crímenes cometidos en la seguridad que permanecerán impunes.
Existe una solución mágica? No la hay, pero la aplicación de la ley en forma equitativa y sin tolerar presiones mediáticas, ya sería un paso muy importante.