Pero la clave está en el déficit y en el endeudamiento que enfrentará el gobierno nacional: "Julio Pieckarz, otro de los economistas invitados, resaltó que neteando las obligaciones entre dependencias del Estado, la emisión de deuda prevista para el año que viene se acercaría a los u$s45.000 millones. 'Una parte importante habrá que buscarla en el exterior y la presión sobre el Banco Central va a ser muy grande, si es que el objetivo es bajar la inflación al 17%. La absorción monetaria que se requerirá será muy grande'", describió Wende.
Por su parte, BAE advierte: "El stock de deuda pública llegó en junio a u$s245.505 millones y alcanzó el 47% del PBI".
"Cuando Mauricio Macri recibió el Gobierno de manos del kirchnerismo, el stock de deuda sobre el producto bruto interno del país era del 43,7% y para fines de 2015 había caído hasta al 38 por ciento", señala María Eugenia Baliño en su artículo.
"Argentina está aumentando su deuda pública por una cuestión lógica, porque tiene déficit fiscal y porque además está reconociendo toda su deuda. Lo importante es ver la sustentabilidad de esa deuda, y este porcentaje no es ni malo ni bueno en tanto el Gobierno logre encaminar sus cuentas fiscales", señaló Martín Polo, economista jefe de Analtytica. “Para un país como Argentina, este stock de deuda no es alarmante”.
Sin embargo, "Este nivel de deuda te da tiempo, pero el gran desafío es crecer, porque eso mejora todos los indicadores de solvencia”, asegura Polo.
Clave: "El Gobierno colocó la semana pasada Letras del Tesoro en moneda extranjera por US$196 millones y bonos con vencimiento en 2018 en moneda local por $13.428 millones (US$891 millones), con el objetivo de recaudar parte de los dólares que los argentinos atesoran en cajas de seguridad".
Y para cerrar, Daniel Artana publicó en El cronista: "Respecto de la política pública para lidiar con el ciclo económico recesivo la respuesta ha sido clara: hay una apuesta importante a motorizar el consumo por medio del programa de reparación histórica a los jubilados de ingresos medios que implicará un aumento del gasto previsional de más de un punto del PIB (financiado en su mayoría con recursos externos vía blanqueo, deuda o venta de activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad), aunque también se apuesta a la mayor inversión pública. Es claro que estas decisiones tiraron por la borda la idea original de reducir el déficit fiscal primario en 2017. Pasamos así del gradualismo fiscal a la inacción".
"Pero esta decisión de mantener un déficit alto financiado en gran medida con dólares de afuera no es neutra para el tipo de cambio real. En otras palabras, la elección del gradualismo fiscal va de la mano con un shock de apreciación real (y aclaro que la comparación relevante no es con el último mes del kirchnerismo sino con algún período donde el tipo de cambio real no estaba atrasado)", agrega.
"Esta elección de política pública tiene algunos efectos colaterales negativos sobre las reformas estructurales que necesita la Argentina. El reclamo de cerrar más la economía que luce disparatado cuando se repara en que ya es una de las más cerradas del mundo, despierta algunas adhesiones cuando se recuerda que apertura con atraso cambiario terminó muy mal en los '90. Además, eso da pie a que algunos sectores consigan beneficios impositivos de una generosidad inusual, como la recientemente aprobada ley de autopartes (75% del mayor gasto en autopartes nacionales lo pagamos entre todos vía reducciones de impuestos a las terminales si el contenido nacional en la fabricación de automóviles aumenta de 30% a 50%) o que otros logren mantener precios superiores a los internacionales a pesar de que ello aumente los costos de los combustibles que se utilizan como insumos en la producción y transporte de otros bienes", dispara.
"Además, en el apuro por reactivar se anuncian importantes erogaciones en infraestructura que incluyen algunos proyectos que no apuntan a mejorar la productividad de la economía. Algunos ejemplos costosos son el soterramiento del Sarmiento, la autopista ribereña y la conexión subterránea de trenes en la Ciudad de Buenos Aires. La alternativa de resolver los problemas de transporte de los porteños con alternativas mucho más austeras hubiera permitido liberar fondos para avanzar más rápido en otras obras en el interior del país que permitieran reducir los costos de producción y logística más rápidamente", advierte el economista.