Samper y Fernández fueron recibidos al día siguiente para tomarse la foto con Maduro, pero en ningún momento, de acuerdo con la fuente, el mandatario se sentó a conversar con los ex presidentes sobre el contenido del plan económico. Luego de la foto los ex gobernantes abandonaron el país.
El documento fue elaborado por un grupo de economistas entre los que se encuentra el venezolano Francisco Rodríguez, que se negó a dar detalles acerca del contenido. No obstante, Fernández adelantó, en declaraciones a la prensa, que el plan incluía, entre otras propuestas, una “sincerización cambiaria” o establecimiento de una tasa única flotante. Explicó que si bien la medida significaría el aumento de precio de algunos productos también implicaría la disminución de otros.
En el plan se recomienda que los subsidios a la población de pocos recursos se haga de manera directa mediante una tarjeta de débito; una fórmula bien conocida en Venezuela por las veces que se ha propuesto, pero nunca llevada a cabo. De esta manera, según el documento, se acabaría con las alcabalas en la entrega de alimentos, las cuales obstaculizan que lleguen al consumidor.
El problema inflacionario también fue tratado en el plan, en el que se expone que el ingreso de los venezolanos es de los más bajos en el continente, señaló una fuente cercana al Misterio de Economía y Finanzas. Destacó que en una de las primeras reuniones con el gabinete económico, los técnicos contratados ad honores por la Unasur solicitaron a Petróleos de Venezuela las cifras actualizadas, sin embargo nunca se las entregaron. Algo similar sucedió con el Banco Central de Venezuela, pues su presidente, Nelson Merentes, dijo que solo se entregaría lo que ya estaba publicado.
Sobre la colaboración del gabinete económico, el ministro de Planificación, Ricardo Menéndez, fue uno de los que mostró más resistencia a la iniciativa de la Unasur de ayudar al gobierno venezolano con su asesoría, indicó otra fuente próxima a las negociaciones. Agregó que el ministro de Alimentación, Rodolfo Marco Torres, era el que se manifestaba más incómodo y buscaba justificar la eficacia de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción, y que él mismo supervisaba la llegada de los alimentos a las regiones.