Me llamó la atención la similitud de las imágenes. Dos hechos tan distintos y que hablan de cosas tan distintas también, convergiendo en la misma planta. En aquellos años, fines de los 70, principios de los 80, imagino, bajar hasta la planta tenía un sentido único y definitivo: Río Negro se convertía, gracias a la tecnología mecánica, en un diario contemporáneo. Daba de este modo un salto cualitativo y cuantitativo porque, con el paso de los años, alcanzaría ventas históricas que llegarían a los 30 y 35 mil ejemplares por día. Los fines de semana se dijo que llegó a vender hasta 60 mil ejemplares. Hoy debe andar por los 19 mil.
Pero esta nueva foto, actual, puesta en la planta, suena a confusión. La confusión que deben tener los miembros de ese Directorio que durante décadas no participó del quehacer cotidiano de la redacción. Los últimos 40 años, el diario tuvo la impronta exclusiva de Rajneri. Y fue una impronta magnífica en varios sentidos.
Y disculpen si agrego que el diario de hoy me parece mucho menos combativo que el que caracterizó Rajneri. El gobernador actual, Alberto Weretilneck, puede dormir la siesta tranquilo sabiendo que Alicia Miller no lo tiene entre ceja y ceja; o que Eduardo Gilimón (un seudónimo) se perdió en algún restaurante de Viedma, y ya no nos relata los pormenores picantes de la política.
No digo que no sea un buen diario. Solo aseguro que le falta aquello que lo hacía un gran diario: ser opositor, constante y agudo. Pero esa es otra historia (¿o es la misma?)
Hablar de nuevos vientos, de rediseño y de renovación desde la planta impresora del diario, apretando los mismos botones que apretó Julio Rajneri, para dar comienzo a otra época, con otro sentido comunicacional, es un error. Un error generacional y de perspectiva. Es no entender lo que ha ocurrido en el planeta en los últimos 10 años. Es haberse quedado en el tiempo.
Rajneri fue un visionario. Vio en el diario un negocio cuando todos lo entendían como un producto casi vecinal. Descubrió un instrumento de poder mientras para el resto era apenas una forma de influir en la cocina política de una que otra intendencia. Convirtió el diario en algo más que un diario, en un hecho social. Como debe ser. También se adelantó al proceso millonario que se gestaba detrás del cable e impulsó, sin dudarlo, el paso siguiente del diario papel al diario en internet. Después se fue. Partió a un proyecto personal y hoy es una figura que en algún momento se convertirá en mitología pura.
El diseño del diario web es interesante, cuidado y pulcro. No es innovador, no es dúctil y no es revolucionario. Pero este último no es un pecado que no puede achacársele. Después de todo, los periodistas todavía andamos a tientas en materia web. Lo que sí se puede subrayar es que el diseño papel importa mucho menos. Este no es un tiro por elevación a la dirección periodística actual. Los conozco, los respeto y he trabajado con ellos. Es un flechazo directo a su Directorio, sus propietarios. No hablo en medias tintas. Lo digo como lector, como comprador. Para que se despierten o dejen espacio a sus profesionales en la foto.
Si había algo para inaugurar debió hacerse sobre todo en la redacción, con la presencia estelar de los periodistas que desde hace años vienen probando cosas en la web sin que sean demasiado destacados. En los últimos años, Río Negro emitió documentales, programas de radio, galerías, recitales. Todo esto desde su sitio y por iniciativa de jóvenes periodistas que no figuran en los créditos.
Me he extendido demasiado. A esta altura ya se me acabaron los fósforos y no puedo continuar encendiendo mi pipa. Un signo irrefutable de que yo también soy parte del pasado”.