Desde el PT, la ex funcionaria Tereza Cruvinel editorializó, con enfado, desde Brasil247, anticipando el próximo gobierno del hoy vicepresidente Michel Temer:
Muchos fueron los miembros del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que le ofrecieron fósforos para avivar el incendio, pero hubo dirigentes que, también, le advirtieron la tormenta que puede enfrentar si asume la presidencia.
Con la ruptura del PMDB, el impeachment de la presidenta Dilma Rousseff se hace más probable. El gobierno, pescando entre los disidentes, puede garantizarse como máximo los votos de unos 15 miembros del PMDB. Pero, más allá de los votos contra el impeachment, hay un efecto político sobre otros partidos y legisladores.
A partir de este martes, Temer estará cómodo para articular la mayoría de 342 votos necesarios para aprobar el impeachment en la Cámara baja, lo que pasa por la negociación con otras agrupaciones sobre la composición de su eventual gobierno.
Los ministros que pertenecen al PMDB tendrán hasta el día 12 de abril para renunciar, pero Henrique Alves, de Turismo, ya anunció su salida el lunes.
Sacando los siete ministros, más de 500 miembros del PMDB ocupan cargos en el gobierno federal y ellos serán un primer problema para Michel, que tendrá que garantizarles la permanencia en su eventual gobierno, que deberá dividir con el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el partido Demócratas (DEM) y otras agrupaciones opositoras. Pero esas son niñerías que el fisiologismo resolverá.
Más difícil, si el impeachment pasa, será gobernar. Si la Cámara baja autoriza la apertura del proceso contra Dilma en la primera quincena de abril, el Senado tendrá que aceptar o no la instauración del juicio político. La decisión será por mayoría simple, 41 votos, algo más tangible para el Palacio del Planalto.
Pero si el gobierno es nuevamente derrotado en esta segunda chance, Dilma será apartada por hasta 180 días hasta que el Senado concluya el proceso.
En esta fase, Michel será presidente interino. Tendrá que formar un gobierno provisorio con las fuerzas que apoyaron el impeachment y deberá lidiar con las calles y la crisis económica bajo el signo de lo provisorio.
Su gobierno provisorio, diferentemente del de Itamar Franco en esta misma fase, no contará con la buena voluntad general, muy por el contrario, le dijo un amigo contrario a la contrario a la ruptura.
Los defensores de Dilma continuarán la campaña "no habrá golpe". Un aviso se lo dio el lunes el líder oficialista en el Senado, Humberto Costa.
Y Temer, a diferencia de Itamar, tendrá la oposición de la izquierda en el Congreso, que colaboró con Itamar Franco.
El PSDB, además, se sentirá el portador de la voluntad política que resultó en el impeachment, exigiendo una hegemonía que traerá conflictos.
Y para la historia, por más que el Supremo Tribunal Federal (STF) homologue la acusación contra Dilma, que los "pedaleos fiscales" sean un delito de responsabilidad, quedarán registrados los ecos del "no habrá golpe" y la división del país. Para la historia y para la biografía de Temer.
La búsqueda del poder exige que un político corra riesgos, y Temer decidió enfrentarlos. Pero las consecuencias de la herida para la democracia de Brasil y la turbulencia para el conjunto de los brasileños serán mucho mayores.