Son muy pocas las encuestas que colocan a Sergio Massa en la 2da. vuelta contra Daniel Scioli. En realidad, la fuga diaria de dirigentes bonaerenses, el distrito donde tiene mayor cantidad de votos, no permite estabilizar las estimaciones. Sin embargo, como publicaron varios medios, la continua fuga de intendentes de la Provincia de Buenos Aires le podría hacer perder uno de cada dos votos que logró en las elecciones que derrotó a Martín Insaurralde y al Frente para la Victoria.
Pero estas referencias basadas en encuestas son imágenes estáticas contra un escenario muy dinámico, con los votantes cambiando de preferencias cada 2 meses, con fuerzas que se despedazan (tal y como el Frente Renovador), otras que se potencian en crecimiento (es el caso del Frente para la Victoria) y otras que dependen de hechos que van a ocurrir en las próximas semanas (tal y como el PRO y el Frente Progresista).
Todos tienen grandes posibilidades de sumar votos y mejorar sus posiciones. Todos tienen grandes posibilidades de cometer inmensos errores que los deje fuera de la carrera presidencial o que le “regale” el triunfo a alguno de sus contrincantes. Tan “finita” es la situación de voto en estos momentos. Algo nunca visto en una elección presidencial previa, incluso si tomamos desde antes del regreso de la Democracia.
Ocurre que nunca un Poder Ejecutivo actuó tan eficientemente para sostener a sus candidatos presidenciales, nunca la oposición tuvo tal cantidad de dudas y problemas para articularse y facilidad para desarticulares; pocas veces los medios tuvieron una participación tan activa en la definición de candidatos y defensa de proyectos políticos, nunca antes se gastó tanta plata en una campaña electoral, nunca antes el electorado estuvo tan polarizado, nunca antes tres de los presidenciables eran tan parecidos y representaban modelos de país tan distintos.
Hay conciencia en la opinión pública (y en la sociedad toda) que estamos ente un ciclo histórico que termina. Pero como nunca antes, existe una parte muy importante de los votantes que no quiere este “fin de ciclo”. Además, luego de los “fines de ciclo” traumático de Raúl Ricardo Alfonsín y de la Convetibilidad, en la gente hay una coincidencia general: nadie quiere otra crisis, nadie quiere malas noticias, nadie quiere sorpresas. Hay intención y voluntad de que poco cambie entre el 09/12 y el 10/12 en la Argentina.
La “crisis blanda” que esta transitando la economía, pese a las inmensas distorsiones que hay macroeconómicas, microeconómicas, financieras y cambiarias; reduce el impacto negativo de la pesadísima herencia kirchnerista y le permite al Gobierno crear un 'relato' de que dejan una país en inmejorables condiciones, que sólo necesita “pequeños ajustes”.
Pese al relato falaz del Gobierno, los candidatos presidenciales no pueden hablar de la “pesada carga” que recibirán. En el caso de Daniel Scioli, él perdería votantes y apoyo de la Casa Rosada. En el caso de Mauricio Macri y Sergio Massa, ambos o cualquiera de ellos no pueden asustar a una franja amplia de ciudadanos que se niegan a conocer la realidad, aunque la sientan en sus bolsillos.
El silencio de los presidenciables permite al Gobierno articular un discurso donde aparece controlando la situación con facilidad. Desde fuentes oficialistas se argumenta que se neutralizó al dólar blue, se frenó la fuga de divisas, se atenuó la recesión, se incentivó el consumo, se impulsó la suba de salarios, se promovieron ofertas de precios en productos esenciales y se tienta a inversores externos a venir a la Argentina.
El relato del “paraíso kirchnerista” dice que el crecimiento del PBI, en estos 12 años, en promedio, fue mayor que en todos los gobiernos anteriores desde 1983; que la deuda externa es menor (en porcentaje contra PBI), las inversiones son récord, la cantidad de pobres e indigentes es la más baja y que la cantidad de asalariados es la más alta. Son todas cifras “miopes”, tergiversadas, tomadas antojadizamente; pero que tienen un efecto “placebo” sobre una población que no quiere escuchar malas noticias. Así, mensaje y audiencia coinciden en el mismo sentido y dirección.
A la idea de Gobierno “todopoderoso” se le suma un sector privado que calla en forma cómplice y una conflictividad social que se muestra como una cadena de excepciones. Las expectativas de cambio, de que todo será mejor, se imponen a los diagnósticos, a las malas noticias, a los datos negativos. En ese sentido, el futuro Gobierno y el futuro Presidente de la Nación, si saber quién será, le están tendiendo una alfombra roja a Cristina Fernández para que transite sus últimos meses en la Casa Rosada.
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El voluntarismo del Gobierno para imponer una realidad va de la mano del voluntarismo de la sociedad para que no pase nada malo y se une al voluntarismo de los presidenciables que creen que un “cisne negro” puede derrotar a sus enemigos y llevarlos en andas a la Casa Rosada. Daniel Scioli soporta todo desgaste oficial esperando alcanzar el “Sillón de Bernardino Rivadavia”, mientras Mauricio Macri espera que, humillado y debilitado, Sergio Massa le despeje el terreno para llegar a Balcarce 50. En cuanto al diputado nacional ex intendente de Tigre, él realiza propuestas que nadie escucha y se mantiene firme sosteniendo sus planes desteñidos, mientras la sangría política lo convierte en un “fantasma”.
En este escenario tan curioso, Daniel Scioli no es visto como la continuidad del kirchnerismo por una franja de votantes, dado que los voceros kirchneristas repiten 5 veces por día que el gobernador de Buenos Aires no los representa. Mauricio Macri aparece 2do. en las encuestas de intención de voto en lugares donde no tiene un solo dirigente ni va a presentar boleta local. Sergio Massa se niega a reconocer sus errores y no tiene intenciones de aceptar que, por negarle la presidencia al Jefe de Gobierno porteño, va a terminar por “regalársela” a su ex compañero de boleta en 2009.
Ni sciolista, ni macristas, ni massistas reconocen que, si llegan al Gbierno, deberán enfrentar un inmenso ajuste macro y microeconómico, cambiario y financiero de proporciones inmensas. Daniel Scioli y Mauricio Macri son considerados buenos gobernantes de sus territorios y han enfrentado revueltas sindicales, protestas sociales, ataques inmensos del kirchnerismo y sus medios de comunicación “amigos”, no han tenido el control de sus legislaturas y, en estos 7 años y medio que están en el poder, han tejido alianzas, se mostraron tranquilos, dialogan, buscan siempre el acuerdo y no cargan con grandes acusaciones de corrupción. Quizás por eso, todavía están en carrera y polarizan la elección.
Sergio Massa fue un emergente único de la política argentina. Un intendente que logró la mayor cantidad de votos en el distrito político más grande del país, enfrentando al oficialismo provincia y nacional. Intentó construir un modelo de poder diferente: desde los municipios para “asaltar” las provincias y la Nación. Logró alianzas con opositores enfrentados, como una parte del radicalismo y el Peronismo Federal. Incluso, encabezó encuestas presidenciales durante un año y medio. Pero muchos errores y muy graves. No se llega a una crisis así por casualidad.
Aún no es el momento de hacer el obituario político de Sergio Massa, pero no falta demasiado. Pero si se siguen acumulando errores, cuando se haga el obituario político del ex intendente de Tigre, quizás también haya que redactar el obituario de los sueños de 65% de los ciudadanos que no querían la continuidad del kirchnerismo.
En el fondo, mientras Sergio Massa se desangra, políticamente hablando, Daniel Scioli se fortalece y Mauricio Macri enfrenta decisiones claves para su futuro y para el futuro del país. Hoy, el Gobernador de Buenos Aires es la única esperanza del kirchnerismo de sobrevivir, no tan en las sombras; y del peronismo de volver a ser y ser poder. Hoy, Mauricio Macri está dominado más por el marketing político y el consejo de un asesor ecuatoriano que por sus operadores políticos territoriales y la demanda expresa de sus votantes. Lo que le sobra de política al gobernador de Buenos Aires, le falta al Jefe de Gobierno porteño.
Menos de 3 semanas faltan para el cierre de alianzas. Todos esperan que Mauricio Macri y Sergio Massa se sienten a negociar y decidan lo mejor para sus votantes. Ninguno de los dos aparece, hoy, dispuesto a ceder un milímetro en sus aspiraciones y sueños. A los dos, la política se les escapa entre los dedos, junto con sus posibilidades de llegar al poder.
Si algo enseñan 12 años de kirchnerismo es que además de “caja”, marketing político, “relato”, polarización, clientelismo e ideologismo declamado; han realizado un inmenso trabajo político. Todo lo han sostenido con acción política. Y la política se impuso a la “caja”, al marketing político, al “relato”, a la polarización, al clientelismo y al ideologismo declamado. Cada vez que fue necesario retroceder, cambiar, dar un giro discursivo, estratégico o ideológico, el fin siempre fue político.
Es extraño que Sergio Massa, proviniendo del kichnerismo, no entienda que sus decisiones deben ser políticas. Por su parte, si el macrismo no entendió que la política manda, quizás, el próximo Presidente de la Nación sea el único candidato que no teme hacer política: Daniel Scioli.