Al incrementar al doble la cantidad de energía con la que opera el Gran Colisionador de Hadrones es posible que se generen microagujeros negros, algo que no ocurrió la vez pasada. Además, según la teoría de gravedad arcoíris, si existen otras dimensiones dobladas en el tiempo-espacio, es posible que la gravedad se filtre hacia otras dimensiones más altas, bajando el umbral de energía necesaria para producir un agujero negro. "Así que si operamos a ese nivel de energía podremos saber si la gravedad arcoíris es correcta, y las extradimensiones y los universos paralelos son correctos", explica Faizal.
Otra de las implicaciones de la teoría de la gravedad arcoíris es que el universo se remonta infinitamente en el tiempo, sin un solo punto de inicio o Big Bang. Si uno viaja en el tiempo hacia el pasado, el universo se vuelve más denso, acercándose al infinito de densidad pero nunca llegando a él. El efecto de la gravedad arcoíris es muy pequeño y difícil de medir en objetos como la Tierra, pero no así en un agujero negro.
Sobre la posibilidad de que los agujeros negros sean peligrosos - algo que hace unos años generó especulación de que el acelerador de partículas podía destruir el universo - , el físico Damian Pope señala que estos agujeros son infinitesimales e inocuos.
"Los agujeros negros en realidad son increíblemente inestables y evanescentes, se evaporan en microsegundos. Incluso si creamos una gran cantidad, 1 millón de miniagujeros negros, se evaporarán al instante, no seguirán creciendo".
Rolf Heuer, director del CERN, señaló en el mismo comunicado de prensa que se avecina posiblemente una nueva era para la física y que los experimentos podrán arrojar luz también sobre la materia oscura y la supersimetría del universo. "Quiero ver la primera luz en el oscuro universo. Si esto sucede, entonces la naturaleza es generosa conmigo", dice ambiciosamente Heuer, quien lidera a este equipo de físicos que buscan develar los secretos del universo y penetrar las realidades invisibles.