"Es algo desconcertante hasta que lo que ocurre se termina de procesar mentalmente", agregó.
De todos modos, aunque la calidad de sonido es razonable, "es cuestionable que alcance para reemplazar a los auriculares".
Pero González defiende su Wow: "Es difícil escuchar música cuando uno está andando en bicicleta, necesitas los oídos para saber dónde están los autos".
También es cierto que evita el inconveniente de andar con cables colgando.
En un proyecto similar (reemplazar los oídos para escuchar sonidos), se desarrolla Subpac, una especie de mochila que se carga en la espalda y busca complementar desde la espalda lo que ofrecen los auriculares.
Mientras los oídos reciben el sonido normalmente, a la espalda le llegan vibraciones que buscan extender la experiencia auditiva.
Sebastian Merchel, de la Universidad Técnica de Dresde, Alemania, llama a este fenómeno "ilusion de volumen audio-táctil".
Él realizó experimentos que demuestran que la gente percibe el sonido como de volumen más alto cuando se acompaña de vibraciones: "En las grabaciones que se escuchan en sistemas de audio en las casas falta la información de las vibraciones".
Sophie Scott, del University College London, es otra que investiga: "Mucha de la información sónica del mundo real proviene de vibraciones que van directamente a la cóclea, u oído interno, que procesa el sonido, a diferencia de la conducción a través del aire en nuestras orejas", dice.
"En definitiva, es la forma en que los bebés escuchan dentro del vientre materno", agregó ella.
La técnica se ha utilizado para permitir a adultos a escuchar música bajo el agua.
Varias compañías fabrican auriculares para nadadores que aprovechan la conducción a través de los huesos.
Google Glass también utiliza un transductor que se apoya sobre el cráneo como forma principal para transmitir sonido, reemplazando a los auriculares.
Pero hay límites, dice Scott: Mientras tienden a tener un buen desempeño con bajas frecuencias no sucede lo mismo con las altas frecuencias.