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Cristina en Olivos, ¿gobiernan Máximo, Zannini y Parrilli?

El kirchnerismo intenta que pase casi desapercibida una situación que no lo es: la Presidenta de la Nación, líder de un movimiento ultraverticalista y quien toma todas absolutamente todas las decisiones del Estado Nacional, se encuentra 'fuera de combate' desde hace más de 1 semana. La información acerca de su situación verdadera es imprecisa, pero el Mundo K pretende que a nadie le resulte, por lo menos, preocupante. La internación (ya en Olivos) se sucede a otras que ya ha cumplió la viuda de Néstor Kirchner: en el Hospital Escuela Austral y en el Hospital Favaloro. A su vez, el Mundo K intenta que Amado Boudou, el vicepresidente de la Nación, ni aparezca en escena. Colmado de denuncias judiciales, es mejor que ni aparezca aún cuando es el N°2 en términos institucionales. Todo esto es muy raro...
por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). Cristina Fernández cumplió 1 semana de internación sin información precisa sobre su posible alta, aunque ésta ocurrió el domingo 09/11, con la perspectiva de otros 10 días de reposo luego de su salida del Sanatorio Otamendi. Los comunicados informaron poco y nada de la salud presidencial; y un comportamiento peculiar de la Casa Rosada y la militancia kirchnerista que crean la sensación de que el Gobierno construye las circunstancias para una salida anticipada del poder, al tiempo que utiliza intensamente su capacidad legislativa y fuerza política para imponer la agenda diseñada en la Quinta de Olivos.
 
En 12 años, el kircherismo ha sabido usar las artes del engaño y el convencimiento de la opinión pública, construyendo el “relato” de una realidad que no existe, de una historia que nunca ocurrió y repartiendo culpas y perdones en forma ideológicamente seleccionada. No sólo hablan de “otra Argentina”, de “otra historia”, de “otra realidad”; han articulado las acciones presidenciales, las declaraciones de funcionarios, legisladores y militantes, financiado “intelectuales orgánicos”, creando canales de televisión y sostenido diarios, revista, películas y documentales cimentando el nuevo articulado ideológico. En ese sentido, el kirchnerismo no sólo es un proyecto político, es un proyecto de poder, un proyecto ideológico, un proyecto discursivo, un proyecto histórico y un proyecto sociocultural.
 
Mil críticas se pueden hacer del Gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín. También se pueden citar mil alabanzas. Sin embargo, muchos radicales han construido la teoría del “Golpe Económico” contra el mandatario de Chascomus para explicar la sucesión inmensa de errores económicos que se cometieron desde 1986 hasta 1989. Incluso, el famoso “Golpe Financiero” también ha sido usado como excusa para explicar el retiro adelantado del poder, liberando de culpa o responsabilidad a los funcionarios de esos años.
 
En el kichnernerismo pasa exactamente lo mismo. Desde que comenzaron a no poder ocultarse las distorsiones económicas, los efectos de las medidas erróneas o los fracasos de las estrategias aplicadas, Cristina Fernández y sus funcionarios comenzaron a tejer una trama que tiene como centro un argumento que explica todos las culpas señaladas: una conspiración de las corporaciones contra un Gobierno que hace todo bien, que beneficia a los pobres, castiga a los ricos y que sólo quería hacer una Argentina “nueva”, tal como decía el viejo peronismo, “justa, libre y soberana”.
 
Exactamente la misma estrategia aplicó Néstor Kirchner para construir su poder. Ante la debilidad de legitimidad obtenida en las urnas por haber alcanzado sólo 24% de los votos y no haber podido gozar del triunfo sobre Carlos Saúl Menem en el balotaje. El santacruceño comenzó su mandato criticando y fustigando a empresarios, banqueros, industriales, economistas, consultoras, gremios y todo aquel que no se alineaba rápidamente bajo su poder. Una vez sometidos, les repartió prebendas y ventajas a unos, mientras mantuvo presión sobre otros. Si hasta quiso crear su propia “burguesía” de empresarios nacionales. De esta forma, se doblegaron todas las corporaciones, casi sin excepción.
 
Pero, a partir de 2007, comenzaron los primeros signos de rebeldía. A la larga, el peronismo sometido se “retobaría” en 2009 y en las elecciones de medio término, los “Barones del Conurbano” le regalaron un triunfo a Francisco de Narváez y le causaron a Néstor Kirchner su 2da. derrota en las urnas en toda su vida política (la otra fue cuando era candidato a intendente de Río Gallegos).
 
Si bien aparecieron “rebeldes” en el horizonte antes de la Resolución 125, la derrota ante el campo fue una bisagra en el poder kirchnerista. Desde entonces, la lista de enemigos declarados por el Gobierno comenzaría a crecer y, hasta la internación de la Presidente de la Nación la semana pasada, más de 120 nombres aparecen en esa lista.
 
De esta forma, en los últimos dos años, el Gobierno ha creado una cosmogonía de enemigos declarados que, según la visión de Cristina Fernández y del coro de voceros kirchneristas, sólo buscan desestabilizar al Gobierno, fomentan la conflictividad social y trabajan con intenciones “destituyentes”, un concepto que el kircherismo ha resignificado potenciando su connotación negativa que le permite relacionarla con los golpe de Estado, los militares y la represión. Sin duda, una “obra de arte” de la “constitución” de sentido de una palabra.
 
Desde hace 3 meses, se ha desatado una batalla entre las autoridades económicas y los sectores empresarios y financieros para evitar lo que los funcionarios kirchneristas calificaron como un “intento de Golpe de Grupos Concentrados” contra la gestión de Cristina Fernández.
 
En estas semanas, la AFIP no sólo le ha quitado el CIUT a P&G con acusaciones de evasión impositivas y sobrefacturación de importaciones para fugar divisas, sino también, hizo trascender que investiga a otras 10 grandes multinacionales, cercó a varias cerealeras, denunció evasión en comercio electrónico, lanzó un listado mencionando casos de emisión de facturas “truchas” con empresas que ya fueron exculpadas por la Justicia en todas las instancias hace 2 años, avisó que detectó miles de cuentas bancarias no declaradas de argentinos en Suiza, puso en duda decenas de operaciones de compra-venta privadas de empresas, cercó a compañías que aprovecharon un acuerdo fiscal especial con España, anticipó que investigar a todas las que tengan casas matrices o subsidiarias en Luxemburgo y puso en duda operaciones de financiación, entre decena de operativos más.
 
En forma paralela, Cristina Fernández denunció bancos y financieras por la suba del blue, se sancionaron a operadores bursátiles, se clausuró Casa América, se multó al Banco de Valores por una cifra que es casi 50% de su patrimonio, se iniciaron investigaciones contra Mariva Sociedad de Bolsa, se hicieron decenas de operativos de fiscalización y se desempolvaron más de 70.000 expedientes por irregularidades menores para someter a los operadores del mercado bursátil y cambiario.
 
El Gobierno ha denunciado desde el Foro de Convergencia al Grupo de los 6, desde IDEA hasta la Unión Industrial Argentina, desde la Sociedad Rural hasta la Mesa de Enlace, se desemplovó el ataque contra el Grupo Clarín y se creó un proyecto de ley llamado “Argentina Digital” que destroza la mítica Ley de Medios Audiovisuales, sólo para poder intervenir en las redes sociales e internet y, en el camino, recaudar 2.233 millones de dólares, mitad pagado en divisas y, la otra mitad, en pesos al cambio oficial.
 
En el Congreso, mientras el Gobierno impone proyectos de Ley que son “fundantes” para la consideración de Cristina Fernández como si fueran simples trámites burocráticos, avanza la creación de dos comisiones bicamerales. Una para investigar las manipulaciones en el “contado contra liqui”, el blue y la fuga de divisas que denunció la Presidente de la Nación hace pocas semanas y, una 2da., para indagar la relación de grandes grupos económicos con la desaparición de personas durante la Dictadura Militar, como denunció en su momento Horacio Verbitsky en un libro.
 
Por donde se vea el escenario que diseñó el Gobierno frente a banqueros, industriales y empresarios está lleno de enemigos, conspiradores, confabuladores y todo tipo de figura que describa a un enemigo desde hoy hasta la década del ´70, casi nadie se salva de estar en esta otra lista. Si hasta en cadena nacional la Presidente de la Nación argumentó que podía haber un atentado contra su vida impulsado por corporaciones locales o por los holdouts.
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En este marco, los problemas de salud de la Presidente de la Nación preocupan no sólo por el estado de Cristina Fernández como persona, sino también, para los argentinos, por su capacidad para ejercer el cargo por el que fue elegida con el 54% de los votos; y para los kirchnerista, por el liderazgo indiscutible y sin reemplazo que ejerce en la fuerza gobernante.
 
Los rumores dicen que la gestión día a día del Gobierno está en manos del hijo de la Presidente de la Nación, Máximo Kirchner; del Jefe de Gabinete, Jorge Milton Capitanich; y de los secretarios Legal y Técnico, Carlos “Chino” Zannini, y General de la Presidencia, Oscar Parrilli. Más allá de si tienen capacidad o no para encarar esat tarea o si recibieron o no orden de Cristina Fernández para hacerse cargo de la República Argentina, ninguno de los cuatro fue votado para ocupar el lugar que le corresponde a Cristina Fernández. Y, este, no es un tema menor.
 
Si Cristina Fernández no está capacitada para ejercer el cargo debe pedir licencia y cederlo al Vicepresidente de la Nación, el multiprocesado, Amado Bouduo. Si no le gusta quién le sigue en la cadena de mando, la Presidente de la Nación puede pedirle la renuncia a su ex compañero de fórmula y ceder su cargo al Senador Gerardo Zamora, o al Diputado Julián Domínguez, o al Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Ricardo Lorenzetti o a un Gobernador, si es designado por una Asamblea Conjunta de las dos cámaras del Congreso Nacional. Esos son los mecanismos fijados por la Ley de Acefalia vigente y que no fue modificada, que sepamos.
 
Pero superando esta “pequeña formalidad” que es cumplir con la Constitución Nacional y con la Ley de Acefalia, preocupa las medidas (o mejor dicho, las medidas que no toman) los ministros para solucionar los problemas macroeconómicos, que son los que tienen a la Argentina en default, en medio de una recesión, con una alta inflación, destrucción de puestos de trabajo y desmoronamiento del poder adquisitivo del salario.
 
Todavía queda 1 año más de Gobierno para Cristina Fernández. Parece demasiado tiempo para una lista de temas que no se solucionan y para problemas que se agravan semana a semana. Parece demasiado tiempo para el endeble estado de salud de la Presidente de la Nación. Por eso crear un “relato” para explicar la salida anticipada del kirchnerismo en el Gobierno, dejando a su suerte a los políticos opositores para que solucionen las distorsiones macroeconómicas existentes no aparece como disparatado, pese a que “dejar el poder” no aparece en el ADN kichnerista.
 
El kirchnerismo repite que “Néstor Kirchner dio su vida para cambiar la Argentina”, ahora se dice que “Cristina (Fernández) está dejando su salud para termina lo comenzado por Néstor (Kirchner)”. Con dos hijos que ya perdieron a su padre por no cambiar sus hábitos y bajar el nivel de stress, ¿quién puede culpar a la Presidente de la Nación si decide renunciar un año antes de tiempo para cuidar su salud, cuidar a sus hijos y, si puede, volver en unos meses (o años) a hacer política?
 
La falta de fotos o mensajes de la Presidente de la Nación, la carencia de mayores explicaciones de los facultativos sobre el verdadero estado de salud de Cristina Fernández y que no se soluciones un solo problema macroeconómico, cuando se no se los potencia, dejan lugar a todo tipo de especulaciones. Y eso es malo para un sistema democrático que vio caer un Presidente de la Nación, Fernando de la Rúa, por una decisión de la clase política y que vio como otro, Eduardo Duhalde, tuvo que llamar en forma adelantada a elecciones por dos asesinatos cometidos por representantes de la “mano dura” de la Bonaerense.
 
Es importante que Cristina Fernández mejore su salud. Pero más importante es conocer la verdad sobre el estado de salud de la Presidente de la Nación. El ser humano preocupa, pero más preocupa un país que, en materia de instituciones e institucionalidad, sigue siendo tan adolescente (en el sentido del concepto “adolecer”, es decir, carecer) como en 1983. Recordemos que, por eso, Francisco repetía hace un año a cada visitante de la Argentina una frase que vale hoy volverla a citar: “Cuiden a Cristina”, para el 10/12/2015 falta demasiado tiempo.

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