Sorpresivamente, el gobierno kirchnerista confió en la revelación de un funcionario empleado por tales fondos “buitres” quien actuó en contra de los intereses de sus contratantes, asumiendo así el ex funcionario estadounidense el sorprendente carácter de “arrepentido”. Para la administración K, no es un doble agente.
Impacta la situación paradojal presentada por provenir Gutiérrez del Partido Republicano (la derecha estadounidense), ser ex funcionario del hijo de Bush (al que Néstor Kirchner en vida vapuleó en un acto latinoamericanista hace años en Mar del Plata), fue CEO y presidente de una multinacional norteamericana como Kellogg's (comparte con Nestlé la supremacía absoluta en el mercado mundial del cereal para desayuno) y como nacido en Cuba dejó su país ostensiblemente en contra del régimen castrista, que se convirtió al marxismo (esto es, el tal Gutiérrez deplora a los Castro y, por carácter transitivo, forma parte de expatriados que siempre han sido vinculados –hasta folclóricamente- con la CIA). En suma, un personaje que está en las antípodas ideológicas del grupúsculo La Cámpora y la cándida CFK.
La ingenuidad presidencial asusta. O promueve la sonrisa y la broma de menor cuantía.
¿O será que el cuento lanzado CFK cree que puede ser asimilado sin más por cualquier ciudadano común? Parece desprenderse de la obvia respuesta la despectiva convicción de CFK que el argentino medio es apenas un hombre-masa, al que se le puede inyectar cualquier idea, siempre y cuando se la repita muchas veces y con la convicción necesaria (siguiendo a Paul Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi).
De todos modos, se puede echar un vistazo a los 5 puntos del presunto y vidrioso (pueril, podría decirse) plan para derrocar al gobierno de CFK e indagar en su versimilitud.
1. Esmerilar y desgastar la figura de la Presidenta con ataques permanentes desde el punto de vista mediático.
Sin contar que “esmerilar” es un vocablo propio de la jerga política vernácula, si se trata de “ataques permanentes desde el punto de vista mediático” quiere decir, entonces, que Perfil, Clarín y La Nación –y muchos otros medios- fueron retroactivamente contratados, en un ejercicio de precognición sin precedentes, por tales “fondos buitres”. Del mismo modo que vastos sectores opositores, especialmente el campo desde 2008 cuando el Gobierno tuvo su monumental derrota con la Resolución 125, también formaron parte, sin saberlo, de la grilla de esos fondos, mucho antes de ahora. Es decir, cualquier acción opositora siempre tendería a desacreditar los argumentos de la Presidenta, sin que eso implique un siniestro plan urdido recién ahora por los “fondos buitres”. En suma, el argumento del primer punto no se puede generalizar ni diferenciar de otros señalamientos adversos de la variopinta oposición. En realidad, sólo se puede atacar mediáticamente a alguien, sea de modo deliberado o no, si hay sustancia oscura por mostrar: los yerros políticos y económicos del gobierno que conduce CFK son tantos que generan por sí mismo la catarata de críticas, en la que su grado de apoyo de la sociedad cae en picada, en especial por la recesión, el desempleo, la pobreza creciente por la inflación tolerada y justificada, la inseguridad, etcétera. Entonces, CFK ha sido la que “ocasionó” la solidez de la campaña en su contra, siendo así su propia promotora.
2. Propiciar una ola de rumores para generar inestabilidad económica impulsando ataques especulativos.
La negación de los disparates económicos cometidos (negación ejercida tanto por CFK y el Jefe de Gabinete diariamente como por una cohorte de estaciones repetidoras, como la stalinista Diana Conti) origina, aquí y en cualquier país donde se practique el mismo engaño social, los rumores, que surgen cuando falta información fidedigna, tras haberse destruido el INdEC como fuente profesionalizada de estadísticas o disponer de un ministro de Economía que sólo diserta pero no admite el intercambio o una Presidenta que no concede conferencias de prensa. Además, la inestabilidad económica, que conlleva actitudes especulativas de los actores económicos en su afán por no descapitalizarse o perder sus medios de vida, fue disparada por la pérdida de los superávits gemelos, la admisión de altos niveles de inflación y una concomitante elevadísima presión tributaria para financiar la ficción económica estimulada por el crecimiento sin pausa del déficit fiscal, piedra angular del colapso que gesta la inexistente política económica gubernamental. En fin, la inestabilidad económica fue catapultada por la administración de la Presidenta.
3. Establecer una política agresiva en el mercado financiero para impedir el acceso de Argentina al mercado de capitales.
¿No ha sido agresiva la política del gobierno argentino para el juez Thomas Griesa, la justicia y el gobierno estadounidense? ¿No hubo tiempo antes de sobra, desde los canjes del 2005 y 2010, para buscar una solución apropiada para los pocos tenedores de títulos que no entraron en esos canjes, como por ejemplo adquirirlos cuando estuvieron a precio de remate años atrás cuando la bonanza económica –ya perdida- del país le permitía disponer de reservas por más de US$50.000 millones? De tal forma, el gobierno argentino, con CFK a la cabeza, fue el que hizo todo lo posible para “impedir el acceso de Argentina al mercado de capitales” internacional, en particular con encendidos discursos de la Presidente, en foros internacionales (como el G20 o las Naciones Unidas), en detrimento justamente del sistema financiero internacional, caracterizado muchas veces como un Shylock moderno y usureros desalmados. Recuérdese que CFK se enorgullecía justamente de haber podido eludir el endeudamiento (alguna vez el “desendeudamiento” fue política de Estado) y hasta se reprochaba duramente a los que recomendaban aprovechar las bajas o nulas tasas internacionales para financiarse internamente, acusándolos de ser “empleados” de la banca internacional como lo fue –decía- Martínez de Hoz en la dictadura 1976-1983. La contradicción de este punto 3 es tan elocuente que exime de mayores detalles.
4. Propiciar una estrategia para ganar tiempo y lograr un acuerdo favorable a los fondos buitres en 2016 con un nuevo gobierno.
¿Para qué intentan esos “fondos buitres” con este presunto plan de ahora desestabilizar y eventualmente derrocar a CFK si en realidad sólo se proponen dilatar la negociación y encarrilar una solución negociada con el próximo gobierno? ¿Por qué habrían de querer gastar ahora dinero cuando podrían cómodamente tramitar en silencio con los candidatos que, en esa visión, sustituirán al gobierno kirchnerista en 2015? El garabato con ideación oficialista de ese presunto plan deja traslucir, con bastante transparencia, que la actual administración pretendería endilgarle a la próxima el arreglo de lo que la actual dinamitó en varias ocasiones, incluyendo el pre-acuerdo de la de la banca nacional con esos fondos “buitre”.
5. Contratar periodistas, medios de comunicación en Argentina y otros países para atacar al gobierno y financiar a políticos y sindicalistas de la oposición.
Una vez más, si la intención de los denominados “fondos buitres” fuese ganar tiempo para el 2016, ¿qué sentido tiene organizar un plan de descrédito para una administración política que carece de sucesión? ¿Para qué invertir ahora en financiar tamaña campaña si CFK no podrá sucederse a sí misma y su salida marcará el final de la experiencia que inició Néstor Kirchner, cuando esos fondos sólo podrían, según dice el amañado plan, esperar tranquilamente al próximo gobierno? Es tan abrumadora la colección de absurdas contradicciones del infantil presunto plan contra CFK que la aparente intención de asumir el rol de víctima histórica de imprecisos poderes internacionales (¿Chevron formará parte de ellos o no?), infortunado objetivo del martirologio de una conspiración internacional brumosa, que queda expuesto al bochorno autopropinado. Y todo por creerle a un empleado, casualmente, de los “fondos buitres” que buscarían incesamente su desestabilización.
Cuando todo eso se discutía, el viernes 19/09 un aparente atentado con bomba contra un shopping muy céntrico de Buenos Aires convocaba a la memoria el paralelo bochorno de las amenazas de bomba que, habría de comprobarse, generó por sí mismo el gobierno de Raúl Alfonsín en 1985, con el propósito de afrontar unas elecciones parciales de renovación del Congreso en la que venía mal aspectado.
En estas circunstancias tan patéticas, es inevitable traer a colación una cita muy difundida que se ajusta a este tiempo: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa,” reflexionaba Carlos Marx (en su libro "El 18 de Brumario de Luis Bonaparte").