Obama autorizó los ataques "selectivos" contra los combatientes del Estado Islámico en el norte de Irak. Su intención, asegura, es proteger tanto a los refugiados, expuestos a un "genocidio" potencial, como a los funcionarios estadounidenses que trabajan en el país
USA comenzó sus bombardeos, con 2 rondas de ataques aéreos, sobre posiciones de los milicianos yihadistas cerca de Erbil, zona en la que hay personal estadounidense.
En la entrevista con el columnista Thomas Friedman, del The New York Times, Obama aseguró que su país podría hacer más para ayudar a Irak a repeler al grupo yihadista porque "No les vamos a dejar crear un califato a través de Siria y de Irak. Pero sólo podemos hacerlo si sabemos que tenemos socios en el terreno que son capaces de llenar el vacío", dijo.
"Lo que no quiero es que nos convirtamos en la fuerza aérea iraquí", advirtió, a renglón seguido Obama.
Obama se ha enfrentado a crecientes críticas por ser demasiado reacio a intervenir en asuntos de política exterior espinosos que se han ido acumulado durante su administración.
Él bromea con que a veces le gustaría que USA fuera más como China: una superpotencia que nadie espera que intervenga: "Ellos lo han hecho durante los últimos 30 años, y les ha funcionado muy bien".
En la entrevista, Obama también confesó estar arrepentimiento por no haber ayudado más a Libia, transmitió pesimismo sobre las perspectivas de paz en Oriente Medio, preocupación por la posibilidad de que Rusia invada Ucrania, y frustración porque China no ofreció su colaboración en este tema (China es aliado estratégico de Rusia y su vínculo con USA es sólo comercial).
Lo cierto es que menos de 3 años después de la retirada de las tropas de USA, las bombas estadounidenses vuelven a caer sobre Irak.
La intervención aérea persigue 2 objetivos declarados:
> proteger al personal de USA en el país mesopotámico ante los insurgentes suníes, y
> prevenir el genocidio de las minorías religiosas y étnicas.
Pero hay otro objetivo menos explícito: frenar el avance del Estado Islámico (EI), un grupo que aspira a hacerse con el control de buena parte de Oriente Próximo y que se ha convertido en una amenaza directa a aliados de Washington como el Kurdistán iraquí o Jordania.
Obama construyó su identidad política con el rechazo a aquella “guerra tonta” —estas fueron sus palabras— que arruinó la reputación de su antecesor, el republicano George W. Bush. Ganó las elecciones de 2008 con la promesa de acabar con la guerra. Lo cumplió y, cuando en 2011 las últimas tropas estaban a punto de marcharse, celebró haber dejado “un Irak soberano, estable y capaz de valerse por sí mismo”.
El fracaso de Bush en Irak condicionó toda la política exterior de Obama. Desde el rechazo a involucrarse en la guerra civil en Siria hasta los planes de retirada de Afganistán y la defensa del multilateralismo y la instituciones internacionales en la política exterior, todo se explicaba por el deseo de no repetir la experiencia de Irak, una guerra unilateral que terminó sin victoria.
Pero hay límites para todo. Y él acaba de corroborarlo.