En síntesis, la Argentina consiguió un mes para negociar sin la espada de Damocles del próximo 30/06, evitó un embargo y dejó en claro la voluntad de cumplir con sus obligaciones, aunque Griesa haya tildado de "ilegal" su decisión de pagarle a los 'holdin' sin reconocer a los 'holdout'.
Eso por un lado.
Por el otro, la Argentina, a través de su Gobierno Nacional, se embarcaría en un ambicioso juego que nadie puede anticipar cuál será su resultado.
Más que intentar salvar al país de una nueva cesación de pagos, con las consecuencias económicas que esto traería, el Gobierno le estaría imprimiendo mayor énfasis a una estrategia judicial para no ser él el responsable de un eventual default.
Lo explica Carlos Burgueño en una columna de Ámbito.com: "Según el criterio argentino, si se concreta la presentación judicial anterior, el país ya hizo el pago correspondiente, con lo cual la acusación de los bonistas perjudicados el próximo lunes no debería ser hacia el país; sino a tres destinos diferentes. El primero la Justicia de los Estados Unidos por haber impuesto una medida, el congelamiento, que les impidió cobrar. El segundo a los litigantes, los fondos buitre, que fueron los que pidieron la cautelar para que no se liquide el pago del lunes. Y finalmente, al BONY, que fue el que aceptó la decisión de Griesa y no les efectivizó el pago. De esta manera, Argentina se rechaza como pasible de potenciales juicios por no haber cobrado los bonistas el pago del próximo lunes (siempre después del 30/07)".
¿Puede el Gobierno quedar bien parado de todas formas? Es decir, ¿evitando un default o culpando a otros del mismo?
Es una estrategia riesgosa que persigue más bien un objetivo político (peor aún, para consumo interno) antes que una solución para el presente y el futuro de la Argentina.