“La enseñanza que nos deja esta época, y el abrazo entre Perón y su histórico adversario en la democracia Ricardo Balbín, es que no hay que ver al que piensa distinto como un enemigo. Con un adversario, uno se puede sentar a hablar y a acordar. Esa es la concepción peronista que tenemos en el gobierno de Daniel Scioli: hay que acordar, consensuar, buscar el diálogo; porque el otro también quiere lo mejor para la Provincia y para la Argentina aunque piense distinto”, dijo Alberto Pérez.
Oscar Cuartango, por su parte, sostuvo que “Perón en el exilio, a 12.000 kilómetros de distancia, debía manejarse con lo que tenía y cómo podía, tratando de aglutinar lealtades para derrocar al régimen y obligarlo a convocar elecciones. En tanto, una vez vuelto al país y ya con el ejercicio del poder, adoptó posiciones que no se compadecían en un todo con las que había tomado a la distancia, y algunos debieron decidir más tarde si querían ser socialistas o peronistas”.