En diálogo con el diario ecuatoriano El Telégrafo, el experto dijo que el fracking comenzó a realizarse en el año 2000 en USA que es un país altamente dependiente de petróleo importado. “Empezaron a explotar yacimientos no convencionales y, paralelamente comenzaron a producirse impactos ambientales que no estaban previstos. A raíz de esto el Congreso de Estados Unidos pidió a la Agencia de Protección Ambiental de ese país (EPA, por su sigla en inglés) un informe que posiblemente esté terminado para el año próximo. Paralelamente, varios países han detenido este tipo de explotación hasta tanto se conozca los resultados de ese informe”, señaló.
Agregó que otros países, como Bulgaria y Francia, “ya han prohibido el fracking sin esperar el resultado de ese informe”. “En nuestra región, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil han puesto mucho interés en la cuenca chaco paranaense” como reservorio de hidrocarburos, dijo y advirtió que esta cuenca está debajo del Acuífero Guaraní que contiene el 20% del agua dulce del mundo.
“Las probabilidades de que haya un impacto sobre este acuífero son muy altas porque eso es algo que ha ocurrido en otros lugares del mundo. A su vez, esta región tiene la desventaja de no ser región petrolera y por eso el agua asociada al petróleo –que en los yacimientos petroleros se inyecta nuevamente en yacimientos petroleros en desuso– sería inyectada a formaciones profundas porosas y permeables. El problema es que eso lubrica fallas geológicas que existen y empiezan a deslizarse provocando terremotos. No es algo que inventamos, en Oklahoma, Ohio y en Inglaterra se ha pasado de tener temblores esporádicos a tener terremotos en lugares donde se realiza este tipo de inyección”, agregó.
Señaló que en Inglaterra, la empresa que estaba haciendo fracking reconoció que había sido por su propia actividad. “En Oklahoma, en los últimos 30 años había entre dos y seis sismos por año pero en 2010, cuando comenzó este tipo de actividad, tuvieron 1.047 y optaron por suspender la misma”.
En este sentido, explicó que “el agravante es que nunca se sabe qué manifestación puede tener el terremoto en la superficie. Esta región de Uruguay y Argentina tiene gran cantidad de represas y una central nuclear, para lo que un terremoto representaría un riesgo altísimo”.
Señaló también que la fractura hidráulica –que se hace a 2.000 a 3.000 metros de profundidad– también conlleva el riesgo de contaminación de formaciones de agua que están más arriba del yacimiento o incluso la propia superficie vinculando un yacimiento de gas o petróleo con acuíferos, lo cual es irreversible. Asimismo hay impactos asociados, como el aumento de transporte de productos químicos por las rutas y el alto consumo de agua para realizar la fractura hidráulica.
“Tanto Uruguay como Argentina deberán enfrentar estos riesgos si avanzan y deciden comenzar a utilizar el fracking para extracción de esquistos bituminosos”, advirtió.
Para el experto, el desarrollo de un país tiene otras alternativas al fracking, tales como cambiar la matriz energética para dejar de ser tan dependientes del petróleo. “Se pueden desarrollar alternativas energéticas que aquí no han sido desarrolladas pero sí en países europeos, como España, que con una buena política de desarrollo de política eólica pasó a ser el segundo generador mundial después de Alemania, desplazando a Estados Unidos”.
“Nuestros países tienen potencial eólico, geosolar y geotérmico, incluso hidráulico, para poder hacer frente a la demanda energética de la región y son alternativas que no implican los riesgos de la fractura hidráulica, que es una técnica experimental de la cual no se conocen bien los resultados y mucho menos los impactos ambientales”, afirmó. Desde hace un año, en el yacimiento “Vaca Muerta” la petrolera argentina IPF está realizando fractura hidráulica o fracking, con gran oposición de la población de Neuquén, provincia donde se explota el yacimiento.
YPF apunta a la explotación del gas no convencional (shale gas), a través de una metodología muy cuestionada en el mundo, la fractura hidráulica, más conocida como fracking. Es una técnica que consiste en el bombeo de fluido (grandes cantidades de agua y sustancias químicas) y arena, a elevada presión, a fin de producir microfracturas en la roca madre que almacena los hidrocarburos. Los riesgos ambientales son muchos y de corto plazo: contaminación de aguas subterráneas y superficiales, lubricación de fallas geológicas que originan movimientos sísmicos y utilización intensiva del territorio. Por ello, el fracking ya fue prohibido en varios estados de USA, en Francia, Bulgaria e Irlanda del Norte.
La geógrafa Silvia Leanza, de la Fundación Ecosur, habla de “geocoincidencias” entre cuencas gasíferas y cuencas hídricas, “ya que los proyectos más avanzados coinciden con importantes fuentes de agua potable (y el agua es el insumo de mayor importancia para la “eficiencia” en la explotación de gas no convencional)”. Argentina cuenta con varias geocoincidencias, entre ellas, la Cuenca Neuquina, donde está Vaca Muerta (acuífero Zapala y cuencas de ríos norpatagónicos), la del Chaco-Paraná (acuífero Guaraní y ríos de la Cuenca del Plata), el golfo San Jorge (cuenca del río Senguer). Más claro, imposible…
Nada indica que el Gobierno abrirá la discusión sobre el fracking; todo lo contrario, como ya sucedió con la soja y la megaminería. Argentina se apresta así a sumar nuevos conflictos socio-ambientales que preanuncian un enfrentamiento directo, ya no sólo con las transnacionales, sino con una empresa nacional, YPF Modelo 2012. Pero la acumulación de luchas en defensa del agua es tal que la población ya comienza a movilizarse: esto sucede en Entre Ríos, provincia en la cual distintas organizaciones promueven una ley que prohíba el fracking; en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, donde se han organizado en asambleas –siendo Allen la localidad más amenazada–, y donde la ciudad de Cinco Saltos acaba de convertirse en el primer municipio en el país en prohibir el fracking; por último, están las luchas de las comunidades mapuches en el norte neuquino, cerca de Zapala y en Loma de la Lata.
En fin, enero de 2013 nos recibe con nuevas bofetadas de realidad que reafirman cuál es verdadero rol que el modelo kirchnerista asigna a las corporaciones y a los grandes actores económicos en el esquema del extractivismo dependiente.