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Egipto: ¿elecciones democráticas que entrona a islamistas? = golpe de estado

Mucho se esperaba y mucho se temía de lo que vendría en Egipto después de Hosni Mubarak. Parece ser que los militares no tienen ninguna intención en permitir que los Hermanos Musulmanes se hagan con el poder, lo que podría derivar en una guerra civil como la de Argelia en 1990.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Las elecciones en Occidente suelen parecer hasta absurdas en lo que se refiere a conocer sus resultados. Gracias a las bocas de urna, las encuestas, los votantes registrados o la votación electrónica, los resultados suelen conocerse sólo segundos después de cerrado el escrutinio. 
 
Pero en Egipto, llevamos casi una semana y nada, haciendo que la falta de resultados electorales y los nuevos poderes de la Junta Militar elevan al máximo la tensión y la inestabilidad política en el país. 
 
Por una parte, los Hermanos Musulmanes incrementaron este jueves (21/06) la presión sobre los militares afirmando que están dispuestos a mantener la protesta en la plaza Tahrir hasta que su candidato Mohamed Mursi sea reconocido ganador de las elecciones presidenciales.
 
Por otra, la Comisión Electoral, que debía haber publicado también este jueves (21/06) los resultados oficiales, postergó el anuncio sin fijar fecha, para estudiar las denuncias de irregularidades presentadas por los candidatos. Aunque uno de sus miembros, Tarek Shebl, dijo poco después que los resultados podrían anunciarse “este sábado (23/06) o domingo (24/06)”. 
 
Se sabe, tanto Mursi como su rival Ahmad Shafiq, ex primer ministro de Hosni Mubarak, sostienen que han ganado los comicios.
 
El miedo es a la profecía autocumplida: que tras la Revolución Árabe, un grupo islamista con tendencia fundamentalista llegue al poder. Los Hermanos Musulmanes se encuentra a momentos de acceder a esa posición y los militares, evidentemente, lo quieren evitar. No quieren un cambio para que "cambie todo".
 
El miércoles de la semana pasada la Junta Militar renovó la ley marcial, apenas unos días después de que ésta hubiera expirado. Más tarde, el Tribunal Supremo Constitucional anunció la disolución del Congreso, donde la Hermandad Musulmana tenía mayoría. Finalmente, la junta dio a conocer un conjunto de reformas que limitan las atribuciones del Jefe de Estado que resulte electo y las pone en manos del Ejército. Todo indica que está en marcha un golpe de estado encubierto en Egipto. Las consecuencias pueden ser muy graves. Los acontecimientos de los últimos 16 meses han empoderado a la opinión pública y alimentado las expectativas de los fundamentalistas, que no parecen dispuestos a aceptar que el proceso iniciado con el derrocamiento de Hosni Mubarak en febrero de 2011 signifique un cambio para que todo siga igual. Si la situación no es bien manejada, puede terminar conduciendo a un desenlace violento.
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Un miembro del buró político del Partido de la Libertad y de la Justicia (PLJ), surgido de los Hermanos Musulmanes, Mahmud Ghozlan, advirtió del peligro de que se produzca una “confrontación entre el Ejército y el pueblo” si Shafiq es declarado vencedor. Pero el islamista Saad Katatni, presidente del disuelto Parlamento, descartó cualquier comparación de Egipto con lo ocurrido en Argelia en 1990, cuando el Gobierno apoyado por los militares anuló la victoria en las urnas de los islamistas del FIS iniciándose una guerra civil que dejó más de 150.000 muertos. “Lo que ocurrió en Argelia no se puede repetir en Egipto”, dijo en declaraciones a Reuters, pese a reconocer que los generales de Egipto han establecido unas reglas políticas que podrían mantener al Ejército en el poder durante años.
 
De hecho, los militares tienen ya más poder que el que contaban en las épocas del derrocado Hosni Mubarak.
 
En el campo, miles de personas volvieron a congregarse como en el auge de la Primavera Árabe en la Plaza Tahir, y unos pocos permanecen acampados desde hace 3 días. También protesta contra la decisión de la Junta Militar de blindar su poder frente al futuro presidente. La ONG Human Rights Watch (HRW) denunció que los militares tienen ahora más poder que bajo el régimen de Hosni Mubarak. Medidas como el derecho de los servicios de inteligencia y la policía militar a arrestar a civiles permite que continúen las violaciones de derechos humanos.
 
Entre tanto prosigue la falta de noticias sobre el estado de salud de Mubarak, de 84 años, ingresado en coma desde el martes (19/06) en un hospital militar de El Cairo. El comunicado oficial sobre su estado de salud prometido para el miércoles (20/06) todavía no había sido publicado ayer (21/06), dando lugar a mayor incertidumbre y consecuente tensión. 
 
La semana pasada, la secretaria de Estado norteamericana, Hilary Clinton, declaró que ‘no puede haber marcha atrás en la transición democrática exigida por el pueblo egipcio‘, pero no dijo nada de una marcha al costado o, simplemente, un alto.
 
Aún queda mucha energía en la población egipcia y es posible que las demostraciones masivas obliguen a los militares a reconsiderar. 
 
Pero la revolución democrática, esa que prometía un futuro diferente, esa, probablemente, corra la misma suerte que Mubarak.

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