Pagni escribió que el joven viceministro es “ hijo de un psicoanalista, bisnieto de un legendario rabino llegado de Odessa, la genealogía de Kicillof parece ser una sucesión de dogmáticas”.
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Es curiosa la selectividad de la defensa de Cristina porque en el mismo artículo y al principio se dice sobre Boudou lo siguiente: “ Sus largas reuniones con penalistas, y el infructuoso empeño por saltar fuera de su sombra con explicaciones y coartadas, harían pensar que la depreciación de Amado Boudou se debe al affaire Ciccone. Es un error. La caída del vicepresidente coincide con la clausura de una etapa de la administración y es parte de una nueva configuración en el mapa del poder”.
Y recuerda: “A Boudou, precoz admirador de la familia Alsogaray y discípulo de los discípulos de la Escuela de Chicago, no le alcanzó con estatizar las jubilaciones para desprenderse de un estilo de relación con la política y los negocios”.
“Boudou no sólo debe tolerar la afirmación de Kicillof. O la indiferencia de su jefa, que no lo tuvo en cuenta para su cumbre con Roger Waters” y otro párrafo que Cristina decidió ignorar fue este: “Ricardo Echegaray debió salir a hablar en defensa propia. Pero medio gabinete, con Carlos Zannini a la cabeza, festeja las desgracias de Boudou”.