En la Argentina, una de cada 200 personas padece epilepsia
BUENOS AIRES (
En la Argentina se calcula que una de cada 200 personas tiene algún grado de epilepsia y que el 80 por ciento de estos cuadros son tratables. No obstante, el primer problema que suelen enfrentar los especialistas es la imposibilidad de realizar un diagnóstico certero pues a menudo los síntomas resultan difíciles de reconocer.
Las crisis o ataques pueden ser generalizados o parciales, según la porción del cerebro que condicionen. Mientras los primeros provocan la pérdida de conciencia, la aparición de convulsiones y múltiples caídas; los segundos afectan sólo las funciones físicas o mentales que tengan que ver con el área afectada.
Asimismo, los ataques pueden diferenciarse por su aparición durante la vigilia, el sueño o en ambas ocasiones. El segundo cuadro es el más complejo pues si bien la relación entre el sueño y la epilepsia ha sido profundamente estudiada aún resta identificar diversas cuestiones, sobre todo porque es frecuente que durante el sueño, hombres y mujeres realicen movimientos corporales denominados parasomnias que a menudo son confundidos con convulsiones.
"La relación entre la epilepsia y el sueño está confirmada por la literatura médica desde la antigüedad. De hecho, las crisis nocturnas suelen ser el primer signo de la enfermedad. Además son más habituales, pues se sabe que dos de cada tres crisis ocurren durante la noche, cuando el paciente está dormido. Contrariamente a lo que puede creerse, esto es mejor porque la persona se despierta en su cama con lo cual no corre riesgo de lastimarse o ahogarse, mientras que si le pasa manejando, por ejemplo, puede ser que choque con otro vehículo", explicó a Pro-Salud News el doctor Carlos Medina, jefe de neurofisiología del Hospital de pediatría Prof. Dr. Juan P. Garrahan.
Epilepsia y sueño
Al acostarse comienza una travesía que durará hasta el día siguiente y puede definirse como una sucesión de dos etapas diferentes. El período de sueño con movimiento rápido de ojos (REM), y el caracterizado por la falta de ellos, denominado NREM.
Es justamente en esta segunda etapa, que abarca el 75 por ciento del tiempo que una persona pasa durmiendo, durante la cual pueden producirse las convulsiones generalizadas. Por su parte, en el REM -que puede extenderse entre algunos minutos y media hora- suelen darse las convulsiones o ataques parciales.
En este sentido, cabe destacar que el principal desafío del especialista será identificar los síntomas para evitar confundirlos con los "terrores nocturnos" (despertar brusco con llanto o gritos, muy frecuente en los niños, que manifiestan sentir temor) o bien con el "síndrome de piernas inquietas", también llamado acromelalgia, un trastorno neurológico caracterizado por la sensación de cosquilleo en las extremidades inferiores.
Para eso, el elemento central del diagnóstico es la video-polisomnografía, un estudio que permite encontrar o descartar la actividad epiléptica. "La señal característica de la epilepsia en sueño -padecida por aproximadamente 180 mil personas en nuestro país- es el movimiento repetitivo y rítmico, unilateral o bilateral de los miembros inferiores o superiores, y también de los músculos de la cara. Esto puede ir acompañado por sonidos, razón por la cual los síntomas pueden confundirse con los terrores nocturnos. Por eso es importante remarcar que ante la aparición de alguna de estas manifestaciones hay que realizar la consulta con el pediatra, quién será el encargado de efectuar la derivación necesaria al neurólogo para que éste proceda a hacer la video-polisomnografía. Igualmente, es muy útil que los padres realicen un video casero que puede ayudar a orientar al profesional", indicó la doctora Graciela Romanó, consultora en neuropediatría del Sanatorio de los Arcos.
Con respecto a la diferenciación entre la epilepsia y otras patologías, la especialista, también ex jefa del servicio de Neurología Infantil del Hospital Francés, destacó a Pro-Salud News que "las parasomnias y los terrores nocturnos se curan solos y van desapareciendo a medida que aumenta la edad. Contrariamente, la epilepsia es una condición que requiere tratamiento crónico y que, con la medicación adecuada, puede llevarse adelante sin el desarrollo de las crisis".
Tratamiento
Actualmente hay una gran variedad de drogas que permiten controlar la enfermedad en el 70 por ciento de los casos, sobre todo en los cuadros recientemente diagnosticados. Por lo general las epilepsias controlables logran estabilizarse en un período de entre dos y cinco años sin ataques, luego del cual el apoyo farmacológico puede ir retirándose progresivamente.
"Para el 30 por ciento de los pacientes que no llegan a controlar esta afección, hay avances tecnológicos que permiten realizar lo que se denomina cirugía de la epilepsia y consiste en transformar el cuadro refractario en curable. Para eso hay que establecer fehacientemente que la epilepsia sea focal, luego detectar el foco y finalmente extraerlo a fin de anular la capacidad epiléptica de la persona", postuló el doctor Medina.
¿Quiénes pueden tener epilepsia?
Comparada con la población general, la incidencia de la epilepsia es más alta en los hijos de personas que sufren o sufrieron la enfermedad. Asimismo, los familiares de pacientes exhiben ondas cerebrales anormales de manera más frecuente de lo que lo hacen los grupos de control.
Si bien en la mayoría de las personas, los ataques ocurren de manera impredecible sin ninguna relación con las actividades en curso, a menudo esta condición puede relacionarse con determinados estímulos como la falta de sueño, la mala alimentación, el estrés emocional, la menstruación y el consumo de alcohol o ciertos medicamentos.
Finalmente, en la tercera edad, la epilepsia puede desarrollarse como secundaria a otras afecciones, generalmente cardiovasculares.
¿Cómo actuar frente a un ataque o crisis?
Ya sea durante el sueño o en vigilia, las medidas que deben tomarse frente a un ataque de epilepsia son las mismas. En primer lugar es importante mantener la calma y serenidad para poder actuar y fundamentalmente, proteger a la persona para evitar que se lastime con objetos cortantes o duros.
Posteriormente, cuando el ataque está finalizando, es necesario colocar al hombre o mujer que lo esté padeciendo en "posición de recuperación" (recostado de lado con las rodillas flexionadas), de manera de abrir paso al aire y lograr una respiración más armónica evitando que la lengua se vaya para atrás. En última instancia, hay que acompañar a la persona hasta que haya recuperado plenamente la conciencia o el sueño, en caso que el ataque se produzca durante la noche.
Contrariamente, entre las cosas que no hay que hacer se cuentan intentar sujetar a la persona, colocar objetos entre los dientes para evitar que se muerda y darle bebidas o alimentos. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que si el ataque dura más de entre dos y cinco minutos, si dos eventos se suceden sin que la persona llegue a recuperarse totalmente, o en caso que sea la primera vez, hay que recurrir al médico de manera urgente.
