"Continua el debate sobre Maccarone"
Señor Director:

Señor Director:
El sacerdote padre Farinello sostuvo que el obispo Maccarone posee una valentía formidable, por cuanto reconoció los videos en los que se lo veía en escenas sexuales comprometedoras con un joven. Según Farinello. "Eso por lo menos tiene una dignidad muy grande, decir "Éste soy yo"". Y su colega, el padre Lamberti expresó que los sacerdotes de la provincia de Santiago del Estero son solidarios con el ex obispo, "en su debilidad, y en su debilidad nos sentimos todos una Iglesia de hombres y mujeres frágiles, pequeños, débiles, y que por eso necesitamos apoyarnos en la misericordia de Dios". Le expresó, en nombre de sus pares, "solidaridad" por la situación que atraviesa, y vinculó este episodio a una venganza política. Interpreto que estos dos sacerdotes, confesados amigos de Maccarone, anteponen su amistad a la religión que sostienen.
En efecto, la Iglesia Católica no aconseja a los sacerdotes que en la vida secular, que en la vida cotidiana, se conduzcan contra las normas impuestas por ella. No otra cosa hizo el obispo Maccarone. Su accionar compromete a la Iglesia toda. Es decir compromete al Cuerpo Místico de Cristo.
No otra cosa se puede extraer, teniendo en consideración que la Santa Madre Iglesia condena los actos que los sacerdotes denominan una "debilidad".
Si Maccarone no se sentía capaz de llevar la cruz que significaba haber sido designado obispo de la sede de Santiago del Estero, debió renunciar. Este acto hubiera tenido una dignidad muy grande.
Pero entender, como lo hace el padre Farinello, que al reconocer que mantuvo relaciones sexuales con un joven, ello lo eleva a la consideración de la Iglesia, es una falacia. Es ingresar al terreno de los actos privados, es un camino elíptico, que necesariamente conduce a la falsa conclusión de que haber sido bueno con los pobres le otorgaba patente de corso y podía en consecuencia pecar sin dar explicaciones a nadie, ya que ésta era su debilidad.
Disiento con Lamberti en cuanto expresa su solidaridad con Maccarone. Es evidente que esta actitud no habla bien de él como sacerdote. Ser sacerdote no es usar a la Iglesia para hacer política menuda. Ser sacerdote es una vocación, como el ser médico, militar o enfermero. Pero cuando una persona siente el llamado del Señor y realmente acude a tal llamado, luego no puede servirse de su sacerdocio para cometer pecados. Un sacerdote no es un vulgar ser humano, con sus defectos y sus virtudes ya que un sacerdote sin virtud no puede ser tolerado pero si además tiene defectos graves, debe y merece ser separado de la cátedra de Pedro.
Como católico me resisto a recibir la hostia de manos de un pecador. Si encomendamos la enseñanza del catecismo a un sacerdote, creemos que esta persona cuidará del aspecto moral en la educación de nuestros hijos. Pero cuando el destinado a propagar la fe peca, todo se ha perdido. De nada valen las excusas de los pseudo amigos, que en este caso, son sencillamente compinches morales. Me hace recordar tal actitud al refrán: Dime con quien andas y te diré quien eres.
Creo que las palabras de estos dos sacerdotes, poco menos que ensalzando la actitud que tuvo Maccarone, da la impresión de que ellos comparten tal actitud. Y la impresión de que no sirven los tres como sacerdotes. Uno por su lascivia sexual, y los otros dos por su impotencia como para hacer llegar el mensaje de Cristo, puesto que nadie puede hacer entender a los demás un mensaje cuando no lo conoce o con sus actitudes lo ataca. Ser cristiano es una forma de vida, se ha dicho, y esta forma de vida es sencilla, es ajustarse a la doctrina de los Sagrados Evangelios. La libre interpretación de las Escrituras, que hacen estos sacerdotes, ofende a Dios por cuanto utilizan el cristianismo para sus fines inconfesables. Al punto que, en lugar de criticar el accionar corrupto de Maccarone, poco menos lo hacen ingresar al Altar travestido de martirologio, con lo que les importa un rábano ofender a quienes fueron auténticos mártires de la Iglesia.
La pederastía no puede ni debe ser defendida acudiendo a las Sagradas Escrituras. Menos debe afirmarse que, en este caso, se tramó un complot contra Maccarone. El único que complotó contra él es el propio Maccarone, quien con sus actos se apartó de la Iglesia. Sus colegas, al parecer, incluidos los miembros de la Conferencia Episcopal, defienden el accionar pecaminoso de Maccarone. Es un desprecio al Pueblo de Dios, el pasar por alto tan gravísima falta a la dignidad de un obispo. Así como Jesús, en la única ocasión en que usó la fuerza, expulsó a los fariseos del templo, en este caso debe la Santa Madre Iglesia, expulsar de su seno a quienes sienten que antes de su amor a Cristo Nuestro Señor se encuentra el amor perverso a otra persona de su mismo sexo.
Pasan por alto los obispos que la víctima de corrupción, habida cuenta la fecha en que comenzaron tales relaciones, era menor de edad, por lo que incluso se habría cometido delito criminal. Es decir no sólo estaría condenado por la Justicia Divina por su acto de sodomía sino sujeto a la jurisdicción secular por tal imputación. Es de esperar que ahora no se les ocurra a estos dos "falsos profetas" solicitar la canonización de Maccarone por compartir su catadura moral.
Pretor
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Sr. Director:
Creo que se abrió una discusión sobre la conducta del obispo Maccarone, la que fue abierta por el sector izquierdista radicalizado, para satisfacer sus apetitos electorales. Con habilidad transformaron las cosas, como hacen siempre, al punto que parecería que el joven Serrano, tiene que pedir perdón a la sociedad por mantener relaciones sexuales, contra natura, con este representante de la jerarquía de la Iglesia Católica.
Tal relación pederástica es indigna de un miembro jerarquizado de la Iglesia. Pero, como es habitual, ésta reaccionará mandando a un exilio dorado al prelado y el silencio será la continuación de la historia. No creo que adoptar este temperamento sea defender a la Iglesia, sino que creo que al contrario, tal actitud significa ser cómplices de un hecho hipócrita e inmoral. Entiendo que es falso el dilema que se ha planteado mediáticamente, en cuanto importaría mas que el obispo cumpla con su función social, y que no importaría como se conduce el obispo en su vida privada. Un sacerdote, no tiene vida privada.
Precisamente el ejemplo de un dilema similar lo tendríamos en el médico, sucio y falto de higiene y su aptitud para intervenir quirúrgicamente a los enfermos, a pesar de que sea un excelente cirujano. Siempre sobrevolaría el peligro cierto de la infección que conduce a la muerte. Un tesorero que cumple puntillosamente con su tarea, pero que es un jugador empedernido, constituye indudablemente un peligro latente. El obispo, con su conducta atenta contra el dogma que preconiza. Y, en definitiva hace quedar mal a la Iglesia a la que pertenece, ya que su accionar la desprestigia y motiva que, sin quererlo, se meta a todos los sacerdotes en la misma bolsa, lo que indudablemente sería una injusticia. No olvidemos que se trata de un hombre de Dios y, para los católicos, se trata de un hombre que posee el llamado orden Sagrado. Ello trae aparejada obligaciones que los no católicos ignoran.
Por otra parte, los que consideran a la Iglesia su enemiga, se aprovechan de la situación y tratan de convertir al obispo desleal, en un "mártir". Pero no se trata de un mártir de la fe ya que para serlo se necesitan otros elementos que acá sencillamente no existen.
Manuel F. Caravías.
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Sr. Director:
Señor, hiede...
"Los Pastores deben tomar cada vez más conciencia de un dato fundamental para la evangelización: en donde Dios no ocupa el primer lugar, allí donde no es reconocido y adorado como el Bien supremo, la dignidad del hombre se pone en peligro. Es por lo tanto urgente ...recordar que la adoración no es un lujo, sino una prioridad"
Benedicto XVI, Angelus del 28 de agosto de 2005
Cuando el dolor lacera y sacude al alma, es difícil andar enhebrando discursos, mas también es difícil permanecer callado. Obren como quieran aquellos obsecuentes que se saben conminados a salir en defensa de la Jerarquía Eclesiástica, aún en las ocasiones en que ella se muestra contraria a su misión doctrinal. Obren también como quieran, quienes prefieran enmudecer o fingir. Lo cierto es que cuántas veces nos toca hablar de la infidelidad de los Obispos, lo hacemos con una pesadumbre que sólo Dios conoce y pesa. Dígase entonces con aflicción, pero dígaselo de una vez, lo que hay que afirmar sobre el inaudito caso del pastor sodomita.
1 -Maccarone pecó en primer lugar contra Dios. Pecó con vicio nefando, faltó contra natura, depravó su cuerpo y su mente, ensució el Orden Sagrado, llevó una vida sacrílega a fuer de doble, siendo una de ellas la de Ministro de la Eucaristía, y la otra la de un relapso en materia de perversión sexual. Pecó contra la castidad y dio escándalo grave a sus súbditos. Sacrilegio, sodomía, escándalo: así enunciemos sus culpas.
Nada de esto ha sido dicho, faltándose entonces a esa primera caridad que es la verdad, según recta enseñanza agustiniana. Y por tamaña falta de omisión, quebrantóse la justicia, pues la omisión de lo necesario es tan injusta como la afirmación del error. Y aquí lo necesario era llamar a las cosas por su nombre, desagraviando a Dios primero, el gran traicionado.
2 -Maccarone no es sólo ni principalmente un desventurado invertido, sino uno de los tantos clérigos descarriados por la herejía progresista, uno de los tantos activistas de la Iglesia Clandestina al servicio de la Revolución Marxista. Pruébase lo dicho de modo terminante por quienes le dieron su grotesco y ostensible apoyo una vez apartado de su cargo. Desde el lipoma Bonafini hasta el extorsionista Castell, pasando por toda la gama de los izquierdistas mass media y de las agrupaciones ideológicas afines. Pruébase por la cuidadosa elección de su amparo eclesial buscada por la impía y montoneril dupla del matrimonio Kirchner. Pero pruébase por sus frutos y por sus enseñanzas, cuyo tributo al heresiarca Karl Ranhner, verbigratia, salió a relucir precisamente en carta de lectores de una de sus discípulas y defensoras(cfr.La Nación, 25-8-05, p. 16).
Nada de esto fue dicho, callándose nuevamente la existencia de ese mal enorme, que autodemuele a la Iglesia. Un mal cuya acción real no se entiende separada del Maligno,enseñoreado hoy a sus anchas en el mismo lugar sacro. Heresiarca y manfloro: tales pues los adjetivos que retratan al prelado depuesto.
3 -La reacción del Episcopado Argentino ha sido tan errada cuanto impropia, tan exasperante como pusilánime, resultando en la práctica una triste complicidad con el pastor felón. Elipsis y subterfugios múltiples reemplazaron el perentorio lenguaje viril que la ocasión reclamaba. Minimizaciones eufemísticas del horrendo pecado, ocuparon el lugar de las indispensables reprobaciones morales. Elogios, ponderaciones y unánimes encomios a la labor del descarriado, sustituyeron la legítima reprensión y la exigencia de la reparación del escándalo ocasionado, para que cese la contumacia. Perdones, disculpas y humanitarias comprensiones ante la náusea, desplazaron toda palabra de amonestación, todo llamado a la enmienda, toda urgente e impostergable imprecación del reo. Lisonjas y majaderías impropias de varones, hallaron cabida para "acompañar con afecto" al contumaz, pero no hubo lugar para el celo de suplicar clemencia a los pies del Señor.
Con una prontitud y un consenso que no se tuvo en anteriores y necesarios casos, se le agradeció formalmente a Maccarone el servicio prestado "a quienes tienen la fe amenazada"; como si la principal amenaza a la Fe del rebaño no fuera ver la conversión de sus mayorales en mercenarios y en lobos. Y en el colmo del dislate -que sería jocundo si no rozara la blasfemia- se pretende hacer girar la cuestión no en la ofensa mortal infligida al Altísimo, no en la infracción al Decálogo ni en la infidelidad a Jesucristo y al Magisterio de la Iglesia, sino en el espionaje político y en el avasallamiento de la privacidad. De resultas, lo pecaminoso ya no sería el amacebamiento contra natura sino su indiscreta filmación con fines extorsivos.¿Por quiénes nos toman realmente los Obispos? ¿Por quiénes se toman, una vez abajados de su rango de maestros de la Verdad? ¿En tan poca monta se tienen y nos tienen, para ofender la inteligencia con estas baratijas argumentativas? ¿Es tan fuerte el pacto de la colegialidad, acalla el forzado mayoritarismo hasta la fuerza natural de las hormonas, para que ni uno solo de los Obispos haya quebrado el complaciente discurso unánime diciendo que el príncipe estaba desnudo, ¡ay!, literalmente, y en camastro villano? La filosa y justiciera metáfora de la rueda de molino, tan aplicable otrora como ahora, no tuvo esta vez una boca pastoril que la recordara.
4 –La supuesta disculpa de Maccarone, que tomó estado público a partir del 26 de agosto, leída sobrenaturalmente asusta por el torpor que delata, estado propio de un espíritu acédico. Pero leída naturalmente es una prueba más, de que tanto él como sus pares, son incapaces de superar la perspectiva horizontalista, inmanentista y sociológica. El amadamado prete refiere "un proyecto de extorsión", un "acontecimiento preparado por intereses y tecnología" que "se aprovechó" de "su buena voluntad", hiriendo "la calidad moral de su persona". En todo lo cual ve "el costo" pagado por una "actitud" de lucha "contra la prepotencia y la injusticia" de los poderosos políticos santiagueños. Ausente el perdón a Dios por las ofensas múltiples y gravísimas. Ausente el decoro y el pudor para llamarse a silencio sempiterno. Ausente el puño que se golpea con furia el pecho, clamando cien veces mea culpa. Ausente el sentido común para evitar expresiones como buena voluntad o calidad moral. Ausente la conciencia del pecado, el propósito de enmienda, la disposición penitencial, el inacabable pedido de misericordia al Señor, para con sus verraquerías primero, y para con la grey que sus escándalos azotó.
5 –En el vigente Código de Derecho Canónico, un canon, el 1387, tiene previsto hasta "la expulsión del estado clerical" para el religioso que "con ocasión o pretexto de la confesión", "solicita al penitente a un pecado contra el sexto mandamiento". Dictamen que no literalmente pero sí a fortiori se le aplica a Maccarone. Y en el antiguo Pontifical Romano –como lo ha recordado en una homilía luminosa el Padre Gustavo Podestá- se detallaban los momentos solemnes, reparadores y justicieros, de la ceremonia de degradación a la que podía someterse a un pastor corrupto y ladino. Uno a uno, en restauradora pedagogía litúrgica, se le despojaban al traidor los atributos sacros que se le habían conferido al ordenársele. Para que nadie pudiera decir que la lenidad se había impuesto. Para que el maldito agravio al Redentor no quedara impune ni triunfante la apostasía. Para que sus manos ensuciadas por el dolo no se atrevieran jamás a tomar la Sagrada Forma.
Nada de eso sucederá en este caso, como nada de eso sucedió en situaciones análogas o más graves. Porque salvo honrosísimas excepciones, estos pastores, que por dolorosa permisión de Dios, ejecutan, encubren y toleran hoy la consumación de tantos atropellos doctrinales y morales, no son en rigor la Verdadera Iglesia. Son la Iglesia Clandestina, cuya protesta le costó la vida a Carlos Alberto Sacheri. La que pide canonizar a los palotinos, a Angelelli, a Pironio o a cuanto aprendiz de Judas cambió al Señor por denarios. La que dice optar por los pobres, como escaramuza para servir a la Revolución. La que dice enfrentarse con los poderosos pero complace a los tiranos. La que dice oponerse a los poderes políticos, pero se prosterna ante la democracia y sacraliza al Régimen. La que por boca del Cardenal Primado ha dicho el pasado 10 de agosto –sin que uno sólo de sus pares o subalternos saliera a enmendarlo o siquiera a suplicarle enmiendas- que católicos, judíos y musulmanes "adoramos al mismo Dios". Iglesia de la Publicidad, la llamaba el Padre Julio Meinvielle; de la que el intemperado Maccarone quedará como un emblema sombrío y vil, en el que se amalgaman el progresismo y la contranatura, la inverecundia y la herética pravedad.
6 -No prevalecerán en la Barca sus polizontes cuatreros. Hay legiones de curas acorazados en la Fe Verdadera, blandiendo la Cruz como se empuña el mandoble en la batalla, ornamentados para el sacrificio, dispuestos con bizarra hombría a servir a los menesterosos, a tutelar a los débiles, a enfrentarse con los mercaderes, a despreciar a los partidócratas, a conservar la pureza, y sobre todo a rezarle a Dios en cada Pésame, "antes querría haber muerto que haberos ofendido". Conocemos bien a esos curas gauchos e hidalgos, esparcidos sobre el paisaje patrio, anónimos en su apostolado y eficientes en su diaria oblación. A ellos, no les parece, como al Vocero del Episcopado, que "la primera y mayor preocupación es la credibilidad pastoral de la Iglesia", cual si se tratara de una empresa pronta a recuperar sus clientes perdidos. A ellos les importa amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo por amor a Dios.
Y si la Barca hiede por sus presencias indignas, como el sepulcro de Lázaro, según nos cuenta el Evangelio, el Rey Invicto puede restituirle el aliento y el paso firme, la resurrección entera para que camine y avance, ya sin mortaja ni rémoras ni obstáculos.
No prevalecerán en la Barca los sembradores de cizaña ni los hijos de las tinieblas, ni los eclécticos componedores de diálogos irenistas y sincretistas, ni los pederastas ni los heresiarcas. Porque la Barca la conduce Pedro, que –pescador veterano y reciamente masculino- se guía por la voz tronitonante de su Caudillo, Jesucristo, quien le ordena irrevocablemente: ¡Duc in altum! Conduce hacia lo Alto. Navega hacia Alta Mar.
Antonio Caponnetto
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Sr. Director:
Al ver con sorpresa que casi todas las notas de los diarios y de algunos otros medios se concentraban en la defensa de la posición política y la acción social de Monseñor Maccarone, más que en su incoherencia moral como pastor de la Iglesia, envié una carta de lectores a La Nación, pues también ahí aparecían sólo reivindicaciones a su accionar, con justificaciones de todo tipo a su moral. Como ni mi carta, ni casi ninguna con críticas a la actitud del prelado han sido publicadas, tengo derecho a sospechar que se está intentando "editar" la opinión del común de la gente a fin de no incomodar al gobierno y a otros sectores "progresistas" que han perdido una espada y aún no salen de su perplejidad ante la situación. Adjunto la carta enviada y creo que el verdadero "complot" es querer mostrar una sola posición política, afín al poder de turno, aunque para ello se sacrifique cualquier valor de la sociedad, sea su moral media, sus derechos o su dignidad.
Atentamente,
Carta enviada a La Nacion y no publicada
Señor Director:
En los últimos días mucho se ha dicho a raíz del alejamiento de
Monseñor Maccarone de su cargo al trascender una relación homosexual filmada con la complicidad de su amante. Curiosamente, han tenido más espacio los intentos de algunos por justificar o relativizar éstas actitudes, reñidas con los principios morales que debía representar el prelado, que las críticas a su conducta como pastor de la Iglesia.
Se mezclan así explicaciones desde ciertas posiciones políticas y se
argumentan posibles "complots", donde estarían implicados intereses
afectados por la crítica del prelado. Más allá de consideraciones
secundarias, lo importante es que la vida privada de un pastor de la
Iglesia Católica, debe ser congruente con los principios morales que
sostiene en forma pública. Es llamativo ver como se pretenden
justificar posiciones usando argumentos relativistas, donde se
acomoda la moralidad de las acciones a la conveniencia política de
turno y así salvar la imagen pública de algunos personajes,
simplemente porque son funcionales a determinas posiciones. El
ciudadano Maccarone tiene todo el derecho de llevar la vida privada
que le plazca, pero el Monseñor no lo puede hacer y el dolor surge al
percatarnos del doble discurso moral de la persona, que no compromete a la Institución que representa por supuesto, pero que intenta ser justificado por ciertos comunicadores y sectores. Sería conveniente que quienes pretenden defender lo indefendible, por el sólo hecho de estar cercanos a posiciones sostenidas por ciertos "progresismos",que guarden un prudente momento de reflexión acerca de la conducta moral que deben llevar quienes guian a la sociedad en estas épocas.
Javier López Candia