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Chacho Álvarez, entre el miedo y la seducción de poder

POR HECTOR SIMEONI Cerca de celebrar un nuevo aniversario del apagón que organizó en 1996 contra el gobierno de Carlos Menem, el ex vicepresidente, Carlos Álvarez, irrumpió como uno de los candidatos para representar al kirchnerismo en las elecciones legislativas de 2005 por la Ciudad de Buenos Aires, después que se bajó Cristina Fernández de Kirchner. Hasta el momento él parece seducido con la oferta, pero las encuestas ya anticipan su fracaso a cualquier proyecto que lidere.

Nuestro personaje, hijo de un obrero gráfico, nació en el barrio de Balbanera y vivió su infancia en los aledaños del mitológico Mercado Spinetto. Su primer trabajo fue de vendedor callejero, más tarde cadete de farmacia, y luego empleado de una librería. Más tarde fue administrativo y visitador médico.

Logró ingresar a la Universidad y allí se ligó con grupos cercanos a la denominada CGT de los Argentinos, que lideraba Raymundo Ongaro. En la década de los ´70, ya lanzado a la política, fundó sucesivamente FORPE y la Agrupación 7 de Noviembre, ambas ubicadas dentro del denominado "peronismo revolucionario", aunque con disidencias fuertes con quienes postulaban durante esos "años calientes" la lucha violenta.

Una anécdota menuda tal vez resulte útil como para intentar un primer acercamiento al personaje. Eran los años del gobierno militar del 76-83, la locutora Gloria López Lecube, enamorada de quien era por entonces su esposo, ese joven idealista que proclamaba y fundamentaba de manera deslumbrante su "peronismo progresista", decidió instalarle algo parecido a lo que hoy se denominaría un "maxikiosco" (con el aditamento de un anexo de librería) para que ocupara sus muchos minutos de ocio, y a la vez para que hiciera algo para ganarse la vida.

Gloria, atareada por lograr que por su emisora de frecuencia modulada desfilaran los nombres más rutilantes de la política nacional, había hecho poco caso a los miembros de su círculo de amistad que le intentaban advertir que el "mini-emprendimiento" corría peligro. Sus estanterías aparecían cada vez más despobladas (el administrador se apasionaba por las charlas políticas y muchas veces concedía lo que el denominaba "créditos ideológicos" entregando al fiado mercadería a quienes pensaban igual que él).

Un buen día, el "socio administrador" (confirmando los augurios más oscuros) se presentó ante su mujer anunciándole que el "establecimiento" estaba quebrado. La escena fue borrascosa ya que volaban los reproches y las justificaciones. Cuando el buen "Chacho" se sintió sin argumentos, apeló a uno insólito: "Pero, mirá que, a pesar de todo, yo "informaticé" el kiosco". La furia de Gloria se convirtió en definitiva e irreversible cuando comprobó que la "operación de informatización" tenía que ver con la instalación de una simple computadora que... emitía tickets que consignaban simplemente el monto consumido por el cliente. En los ambientes políticos, se comenta, con cierta ponzoña, que allí concluyó el matrimonio.

Luego, Chacho, se unió a la que también llegó a ser diputada por el Frepaso, Liliana Chiernajowsky, una sobreviviente de la ESMA, mirada con sospechas por sus ex compañeros montoneros, que toman en cuenta que quienes salían de ese lugar, lo hacían "pagando un precio". De ella se separó cuando, ante supuestas infidelidades, encontró sus valijas en la puerta del que fuera su departamento.

Pero, la anécdota que acabamos de consignar no pretende descalificar al personaje que intentamos retratar sino que ha sido incluída en esta crónica para ilustrar su condición de "porteño típico", para el cual el poder solamente sirve "para poder hablar, y que te escuchen".

El eterno Adiós. Ya se dijo oficialmente. Cristina Kirchner no competirá encabezando la lista de candidatos a legisladores en las próximas elecciones de la Ciudad de Buenos Aires. Lo que hasta hace un par de meses podría acertadamente haberse considerado como una apuesta segura, ahora- las encuestas (las que, cuando no se "dibujan", suelen ser inclementes en cuanto a las cifras que exhiben) indican que podría llegar a convertirse en una aventura cercana al desastre. Porque el distrito porteño suele ser complejo en su composición electoral y siempre muy esquivo a los oficialismos de turno, por lo que no parecería prudente arriesgar a la "primera dama" (que constituye al fin y al cabo la imagen de Kirchner, y también esposa del primer magistrado, a pesar de que a ella no le guste esa ubicación en el panel de la política) a una derrota que terminaría siendo la del propio presidente.

Se está buscando a un candidato. Inicialmente se pensó en "progres notorios" (al estilo de Miguel Bonasso o Horacio Verbitsky) pero se dejó de barajar la posibilidad cuando se conocieron mediciones que hablan de un "giro conservador" en el electorado porteño. Entonces, aunque no se le teme a Ricardo López Murphy, ya que se considera que "no tiene uñas de guitarrero" como para enfrentar exitosamente esa prueba; se observa con un poco más de respeto a Mauricio Macri, quien (aunque desafiando algunos inconvenientes serios) ha logrado perfilar lo que podría denominarse una "oposición seria" en la Capital.
Pero, si se quisiera provocar un ataque de histeria por estos días en el círculo de los más allegados al presidente, bastaría con mencionar a Elisa Carrió. Con su apocalíptico estilo y el giro de su discurso hacia el centro derecha (aunque sin dejar de lado algunos toques "progre") la despiadada ex hiper-obesa dirigente del ARI, junto con la pérdida de kilos también ganó en toneladas de realismo. Entonces, se dio cuenta de que el camino hacia la urna estaba marcado por buscar respuestas creíbles a las obvias inquietudes del habitante porteño: seguridad, trabajo y buena administración. Y debe admitirse que ahora figura promisoriamente en las encuestas.

Llama la atención la falta de creatividad de la clase política argentina. En cualquier otro país del mundo, el oficialismo puesto en apuros por el trance de carecer de un rostro para exhibir en un comicio propio recurriría a una "cara nueva" (no haría falta que fuera alguien joven o recién llegado a la política), sino que bastaría con quien no tuviera demasiada "historia previa", porque ya se sabe que los que han recorrido un sendero muy prolongado, aunque se tratara de santos de altar, ofrecerían demasiados ángulos para la crítica.

Pero, en la Argentina no es así. Se sabe que el Jefe de Gabinete, primero, y el propio Presidente después se han acercado, sondeándolo acerca de si se animaría a cuerpear a una candidatura en el distrito más difícil del país, a una figura casi olvidada (el "casi" utilizado en la frase precedente es solo condicional ya que su actuación se encuentra demasiado cercana en el tiempo como para que no sea todavía olvidada del todo). Se trata de Carlos Alvarez, llamado "Chacho", el propietario frustrado de un nucleamiento político de vida efímera (actualmente en liquidación o extinción por falta de oferentes) llamado Frepaso.

Hace poco que el nombrado ocupó los primeros planos de la actualidad, pero también hace mucho para la frágil memoria de los argentinos. Por eso vamos a recorrer su trayectoria.

El comienzo. Durante el gobierno de Alfonsín fundó la revista "Unidos" en torno a la cual nucleó a los que él llamaba "revolucionarios no violentos". Álvarez, en realidad, tuvo una actuación destacada en el peronismo de la Capital Federal. Junto al ya fallecido Germán Abdala, fundó la Agrupación 30 de Marzo (mas tarde convertida en MRP) que atacaba a la escandalosa administración municipal de Carlos Grosso. Luego, prácticamente desde el llano, militando en las corrientes renovadoras del PJ, llegó a ser nominado-y elegido- diputado nacional. El menemismo había logrado el milagro de incorporar a sus filas a este licenciado en Historia, que hablaba cálidamente de los montoneros, se decía de izquierda, pero igual aceptó formar parte del oficialismo de entonces.

Muy pronto, cuando el gobierno nacional viró bruscamente hacia el neoliberalismo, "Chacho" se sintió incomodo. Casi inmediatamente se encontró formando parte de un subbloque, que orillaba la rebeldía total pero respetando algún límite, que dio en llamarse Grupo de los Ocho. Lo conformaban Moisés Fontenla, Germán Abdala (líder de ATE cargado de ideas románticas acerca de la política), Juan Pablo Cafiero (hijo de Antonio, al que le esperaba una larga trayectoria que osciló entre la acción social y la seguridad), José "Conde" Ramos (una figura sobreviviente de la Juventud Peronista), Darío Alessandro (tal vez el más radicalizado del grupo), Luis Brunatti (ex Ministro de Gobierno de la "etapa izquierdista" de la gobernación de Cafiero), Franco Caviglia (quien luego giraría violentamente hacia la derecha) y Alicia Castro (quien luego se destacaría por su oposición a la privatización de Aerolíneas Argentinas)

Los principales cuestionamientos de esa "pata izquierda" que le surgiera al menemismo se centraban en temas como el indulto a las Juntas Militares, la alianza con la familia Alzogaray, el método empleado para concretar las privatizaciones, la apertura indiscriminada de la economía, los escándalos de corrupción, etc.

A fines de diciembre de 1990 (junto con Alessandro, Abdala, Cafiero, Fontenla y Brunatti), le dijo formalmente adiós al justicialismo. En mayo de 1993, se conformó el Frente Grande, una unión con el Frente del Sur que tenía por referente al regular cineasta y peor político Pino Solanas. En la siguiente campaña electoral para la elección de diputados nacionales inauguró la pintoresca práctica de hacer proselitismo en los colectivos, tratando de explicar sus propuestas a los pasajeros. Así logró volver a ser diputado nacional.

El Frente Grande muy pronto se caracterizó por la falta de estructuras políticas compensada con una inteligente utilización de los procedimientos mediáticos. Acaparó prácticamente todas las denuncias de corrupción contra el gobierno y atacó fieramente al menemismo (todavía se recuerda la inteligente operación que dejó al descubierto de manera indiscutible la existencia de los denominados "retornos" en el PAMI).

En 1994, encabezó las críticas al Pacto de Olivos (componenda con el alfonsinismo que permitiera a Menem acceder a su tercer mandato). Ese mismo año, el Frente Grande impuso su lista de candidatos a constituyentes, encabezada por Chacho, en la Capital Federal lo que lo convirtió en jefe de la bancada de su partido. En ese momento, Alvarez manifestó inicialmente lo que pareció ser su vocación de poder. ("No podemos conformarnos con ser una fuerza testimonial, sino que debemos convertirnos en un instrumento de poder donde la sociedad argentina pueda canalizar sus demandas de cambio y de justicia", dijo por entonces). Olvidó decir que él no se sentía la persona capaz de plasmar desde el gobierno esos ideales sino, a lo sumo, de defenderlos.

Ese mismo año se convirtió el principal impulsor de las reuniones de "El Molino" (se realizaban en la ya desaparecida confitería aledaña al Congreso) a las que concurrían Federico Storani, por el radicalismo alfonsinista y el peronista disidente José Octavio Bordón. La idea era analizar una posible alternativa de gobierno para las elecciones de 1995 con vistas a un acuerdo programático. Decidió ampliar el Frente Grande fundando el Frepaso (Frente del País Solidario), junto a Bordón, que había sumado su propio partido, PAIS y las agrupaciones Unidad Socialista y Democracia Cristiana.

En febrero de 1995, el Frepaso realizó sus primeras internas abiertas a cualquier ciudadano, de las que participó medio millón de personas. En este punto se da la segunda anécdota ilustrativa acerca del personaje que nos ocupa.

Promediando el escrutinio, el jefe de prensa de la coalición, Carlos Campolongo (un hombre de PAIS) apareció sorpresivamente ante los periodistas anunciando que Bordón se había impuesto en los comicios. Personajes que en aquella época estuvieron sumergidos en la intimidad de la consulta aseguran que el verdadero ganador fue en realidad, no por muchos votos pero si con una diferencia significativa, Álvarez. Nadie, salvo el interesado, podrá explicar porque se mantuvo en silencio y asumió una derrota que no le era propia.

¿ Por temor a provocar diferencias internas y la intención de mantener la unidad sin que importaran los cargos?. ¿ O por un intrínseco miedo personal a asumir responsabilidades eventuales como la de la presidencia de la Nación?. La respuesta a pasado a formar parte de los misterios de la política vernácula.

Sea como fuere, el l4 de mayo de 1995, la fórmula Bordón- Álvarez obtuvo el segundo lugar en las elecciones nacionales con 5 millones de votos.

Álvarez estaba más que contento con su nuevo papel de "opositor oficializado". En este punto, surge otro aspecto oscuro en esta historia. Inexplicablemente, el dueño de un poco menos de la mitad del electorado del país, José Octavio Bordón, no solo renunció a la presidencia de su partido (lo que implicó su inmediata disolución) sino también a su banca de senador nacional. Dicen los que saben, sin entrar en detalles que "Que no pudo perdonar que Chacho lo haya dejado abandonado frente a una amenaza de extorsión". No se aclaró nunca quien y la amenaza de con que revelación se coaccionó al mendocino pero la hipotética respuesta constituye un misterio más para ésta historia.

En 1995, el menemismo ya aparecía muy debilitado por los escándalos internos y las dificultades de la macroeconomía. En las elecciones de mayo de ese año, triunfó el PJ con casi ocho millones de votos; pero el Frepaso y el radicalismo obtuvieron, respectivamente, 5.075.525 y 2.914.241 sufragios. No hacía falta haberse doctorado en análisis político para llegar a la conclusión de que había surgido una oposición que, sumada en cuanto a apoyos electorales, podía derrotar al justicialismo.

Debe reconocérsele a Álvarez que fue el mentor del "apagón" de protesta contra el gobierno de Memem, que en su momento alcanzó una moderada repercusión. La movilización que concluyó en aquel acto de protesta comenzó en agosto de 1996, y se concretó el 13 de septiembre del mismo año. En declaraciones al diario La Prensa, del 21 de septiembre, el ex vicepresidente dijo "Esta brecha de desconfianza, de escepticismo, que se ha generado entre el Gobierno y la sociedad, nos exige a nosotros, como fuerza de la oposicion, acciones que tiendan a plantear propuestas".

Para ese entonces ya existía la denominada "multisectorial"( formada por partidos políticos y algunos grupos sociales), acerca de la que todos sabían pero nadie decía que era el germen de la fuerza que se opondría al PJ en la elección siguiente.

Tampoco se le puede negar a "Chacho" la paternidad absoluta de la Alianza. Algunas experiencias de acciones opositoras en conjunto con el radicalismo y la emigración del apoyo popular del que venía gozando Menem, más la suma aritmética que mencionábamos más arriba, indicaban que hacía falta una Alianza opositora. Así, en agosto de 1997, Fernando De la Rúa, Álvarez, Graciela Fernández Meijide y Rodolfo Terragno decidieron la conformación de la "Alianza por el Progreso, la Justicia y la Educación", que nació de un acuerdo programático entre el Frepaso y el radicalismo, que luego fuera volcado en un documento (que cualquiera firmaría pero casi nadie puede describir la manera de concretarlo) denominado "Carta a los Argentinos", presentada en 1998.

El 23 de noviembre de ese año hubo internas abiertas en la Alianza. Participaron dos millones y medio de ciudadanos. Ganó De la Rúa ya que el radicalismo mantenía intacto su aparato y el Frepaso, sencillamente no lo poseía. Así, quedó conformada la fórmula Fernando De la Rúa- Carlos Álvarez. El final estaba prácticamente cantado, como lo entendió en su momento el propio menemismo que comenzó a hacer sus bagajes para abandonar el poder.

El 24 de octubre de 1999, Fernando De la Rúa y Carlos Chacho Álvarez se adjudicaron la presidencia de todos los argentinos.

Pero, mientras el radical vivía la clásica "luna de miel" de los gobernantes recién llegados con la opinión pública, Álvarez prefirió recluirse en el Senado. Abundaron pronto los rumores acerca de diferencias del vice con el titular del Poder Ejecutivo, pero nada se sabía en concreto acerca de su naturaleza, ni se dieron a entender por ningún conducto.

Se hablaba de disidencias serias del vicepresidente con el alfonsinismo que continuaba realizando sus "negocios", del hecho de que en la práctica se siguiera con política económica menemista y hasta de desacuerdos del vice con el excesivo poder que se había otorgado a los hijos del presidente. Concretamente, el conflicto surgió con motivo del descubrimiento de una operación de soborno en el Senado ya que trascendió que a varios de sus integrantes se les habían entregado gruesas sumas de dinero para que votaran favorablemente una reforma a la Ley de Asociaciones Profesionales. Lo cierto es que un día cualquiera, después de muchos rumores que adelantaban esa actitud, el país supo que ya no tendría vicepresidente (y los que suelen mirar bajo el agua, que el gobierno aliancista se había terminado).

Los desacuerdos existentes entre De la Rúa y Álvarez podrían haber sido importantes. Sin embargo, nadie alcanzó a explicarse porque el vicepresidente de la Nación se alejaba de su cargo sin tratar de esclarecer el delito que prácticamente le constaba en cuanto a su existencia. Concretamente, del lance salió De la Rúa consolidado como presidente, pero irremediablemente debilitado ante la opinión pública. La Alianza se había roto de hecho.

Los que dicen conocer a Álvarez aseguran que éste no había hecho más que adelantarse. Sabía que el radical cordobés no podría mantenerse demasiado en el poder y decidió alejarse por anticipado para no tener que cargar con el fardo.

Lo que quedaba por saber es si el alejamiento se debía a una decisión meditada, a una suerte de claudicación intelectual o al germen de una operación política abortada antes de su iniciación. Un misterio más para agregar a esta historia.

El inefable Chacho, de todos modos, decía en el texto de su disimisión: "El vicepresidente ha renunciado para poder hacer más". A continuación veremos de que manera cumplió con su promesa.

¿El kirchnerista?. Álvarez, al revés de lo que hubiera hecho cualquier dirigente que haya alcanzado a cumplir cargos de la envergadura de los que a él le tocaron, se limitó en su acción inmediatamente posterior a la renuncia, a protagonizar gestos que orillaron en el ridículo.

Los más elocuentes y tristemente espectaculares fueron aquellas conferencias de prensa (de las cuales se sacaba bastante poco en lo que respecta a información y mucho en cuanto a pintoresquismo) en el bar, vecino a su domicilio, llamado con tono tal vez involuntariamente regocijante, "Varela, Varelita". Allí, se acostumbró por un tiempo a reunir a la prensa, pero como durante esos encuentros no decía prácticamente nada (salvo frases rimbombantes) el número de colegas que concurrían a esas tenidas, adornadas de café con leche y medialunas, se fue raleando hasta desaparecer.

Lo concreto es que "Chacho" solamente reapareció para celebrar el triunfo del kirchnerismo en las elecciones de la Capital Federal. Su voto de oficialismo se formalizó con el dicho de que esa victoria le permitía al presidente ensanchar su base de legitimidad y que había dejado frustrados a poderes (no entró en detalles acerca de cuales) que "agazapados" estarían esperando "un traspié del primer mandatario".

Como para que a Kirchner no le quedaran dudas acerca de su lealtad, agregó: "Es bueno para la democracia no tener un presidente debilitado, presionado por un aparato, condicionado por poderes fácticos, y por eso el resultado electoral ha sido muy positivo". De todas maneras, el dirigente en "cuarteles de invierno", como para evitar suspicacias, aclaró que tuvo varios ofrecimientos pero los rechazó "porque no quiero tener ningún cargo".

(No relató, sin embargo, ante la prensa que, poco después de su dimisión, una vez llegado Domingo Felipe Cavallo nuevamente al Ministerio de Economía, aceptó la propuesta de considerar la posibilidad de volver al gobierno de De la Rúa, esta vez como Jefe de Gabinete, posibilidad que se vio frustrada por un expreso veto presidencial).

Álvarez, que tiene una cátedra en la Universidad de Quilmes, casa de estudios en la que se ha hecho famoso por los "faltazos"a las clases, finge ignorar que el actual gobierno, por su culpa, se encontró ante un auténtico dilema, que solo fue atenuado por el buen manejo diplomático de su oponente. En efecto, fuentes inobjetables afirman que, al comienzo de su mandato, Néstor Kirchner le solicitó personalmente al titular del BID, Enrique Iglesias, que designara a "Chacho" titular de la CEPAL.

El veterano funcionario internacional le replicó que la postulación era inviable por la "falta de idoneidad para el cargo del candidato", lo que hizo que el diálogo terminara en un intercambio de palabras de grueso calibre, que por fortuna no terminó en una ruptura con el organismo debido a que Iglesias sabe distinguir las lealtades personales y políticas de las cuestiones orgánicas y de alta política. Lo cierto es que Álvarez puede volver a ser noticia. Si llega a aceptar dar batalla electoral en la Capital Federal (cosa probable ya que ha quedado probado su escasa vocación para los cargos ejecutivos y su fuerte tendencia a buscar los legislativos, en los cuales no hay más que hablar) se encontrará ante una prueba difícil.

Los porteños están enojados con el gobierno. Los temas de seguridad, el molesto zumbido de los piqueteros y algunas actitudes de Kirchner han debilitado una intención de voto que hasta hace poco era brillante. Y si su oponente fuera Elisa Carrió, a pesar de las buenas migas que ambos hicieran en los viejos tiempos, no le cabe esperar piedad...
En 2002 ella sugirió que había un gran potencial en Carrió que ella no sabía aprovechar. Pero muchos podrían decir más o menos lo mismo del Álvarez que ya fue.

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Edición i, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004.

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