'Diplomacia de la vacuna”: ¿Altruismo o conveniencia?

El gigante asiático aumenta su influencia en Asia, África y Latinoamérica y se convierte en el proveedor de vacunas contra el COVID-19 de los países más pobres luego de estar en el ojo de la tormenta como responsable de la pandemia mundial.
lunes, 14 de diciembre de 2020 · 14:51

A principios de la pandemia, China llevó a cabo lo que se conoció como la “diplomacia de las mascarilla”, en donde inundó con material de protección e insumos médicos a países que no tenían suficientes recursos como para hacer frente los brotes internos de coronavirus, tratando de este modo acallar las acusaciones  y las críticas sobre su mal manejo de la situación. Sin embargo, muchos informes señalaron que eran de mala calidad por lo que su imagen resultó aún más dañada.

En el transcurso de estas semanas, el gigante asiático ya empezó a distribuir sus vacunas en algunos países de Asia. Huang Yanzhong, especialista en cuestiones de salud pública en el Council on Foreing Relations, un centro de reflexión estadounidense, señaló que "no hay duda de que China está practicando la diplomacia de la vacuna para restaurar su imagen" y que esta  "es también una forma de incrementar su influencia y rebajar las tensiones geopolíticas".

China tiene actualmente cinco candidatas para el coronavirus de cuatro empresas que han alcanzado los ensayos clínicos de  fase 3, y aunque ninguna ha sido aún aprobada oficialmente, esto no es impedimento para que Beijing multiplique sus contratos de suministros y ya haya construido sitios de producción en otros países. Sin muchos detalles, el líder chino, Xi Jinping, ha declarado que la vacuna tiene que ser “un bien público global” y que su país se encargaría de hacer eso posible.

En octubre, China se unió al proyecto COVAX, una iniciativa global respaldada por la Organización Mundial de la Salud para garantizar la distribución rápida y equitativa de las vacunas de covid-19 a países ricos y pobres por igual. El objetivo del proyecto es disuadir a los gobiernos para que no acumulen vacunas contra el coronavirus y se centren en vacunar a los grupos de alto riesgo. Por su parte USA rechazó el proyecto no queriendo trabajar con la OMS y dejándole, de cierta manera, el liderazgo en salud pública global al gigante asiático.

“Diplomacia de la vacuna”

Quienes recibirán la vacuna china son los países de Asia y África, debido a que Beijing está comprometido con la Nueva Ruta de la Seda, un programa de infraestructura y comercio de miles de millones de dólares que ha perdido gran parte de su fuerza producto de la pandemia.

La diplomacia china firmó acuerdos para la entrega de vacunas en Filipinas y en Malasia, países con los que está en conflicto en el mar de la China Meridional por cuestiones de soberanía.

Los países del Mekong (Birmania, Laos, Camboya, Tailandia, Vietnam) también recibieron promesas de acceso prioritario debido a que China ha sido duramente criticada porque sus presas están provocando sequías en el sudeste asiático.

Debido a que el coronavirus está controlado dentro de sus fronteras, los fabricantes de medicamentos chinos tuvieron que buscar lugares en el extranjero donde probar la eficacia de sus vacunas. A cambio de esto, se les ha prometido acceso temprano a las vacunas que tengan éxito y, en algunos casos, a los conocimientos tecnológicos para fabricarlas localmente.

Sinovac Biotech, una farmacéutica que cotiza en Nasdaq con sede en Beijing, ha firmado acuerdos para proporcionar 46 millones de dosis de su vacuna de covid-19 a Brasil y 50 millones de dosis a Turquía. También suministrará 40 millones de dosis de vacuna a granel (el concentrado de vacuna antes de dividirlo en pequeños viales) a Indonesia para la producción local.

CanSino Biologics, que desarrolló una vacuna contra el coronavirus con una unidad de investigación de las fuerzas armadas chinas, entregará 35 millones de dosis de su vacuna a México, uno de los cinco países anfitriones de sus ensayos.

Las dos vacunas candidatas de la compañía China National Biotec Group (CNBG), una unidad de la gigante farmacéutica estatal, China National Pharmaceutical Group (Sinopharm), están sometiendo a ensayos de fase 3 en 10 países, principalmente en Oriente Medio y Suramérica.

Financieramente, China prometió préstamos de mil millones de dólares a los países de América Latina para que puedan comprar vacunas.

¿Altruismo o conveniencia?

“No creo que sea completamente altruista, creo que están buscando algunos beneficios de esto. China quiere expandir sus intereses comerciales y también estratégicos en estos países”, afirmó  Imogen Page-Jarret de The Economist Intelligence Unit. Además, sostuvo que las vacunas pueden ser “un medio para expandir la influencia y el poder blando de China”. Pero no sólo esto, sino también con el objetivo de reducir la imagen de Beijing como responsable de la pandemia.

Muchos analistas sostienen que las verdaderas intenciones de China tienen que ver con ampliar su influencia sobre otros países, sobre todo con los que tiene zonas geográficas en disputa y tensiones territoriales, convirtiéndose en su principal proveedor de vacunas contra el COVID.

En suma, la capacidad de desarrollar y proporcionar vacunas a los países más pobres alerta sobre el ascenso del gigante asiático como líder científico en un nuevo orden mundial pos pandemia.

A todo esto ha de sumarle el aspecto económico, el cual no es un dato menor. Aunque China dominara solo el 15% del mercado de las vacunas en los países pobres, esto le supondría unas ventas de 2.400 millones de euros (2.900 millones de dólares), según un cálculo de la empresa hongkonesa Essence Securities.

No obstante, la falta de confianza y de transparencia del régimen del Partido Comunista Chino es un detalle que no debe dejarse pasar. Años atrás, la industria farmacéutica china ha sido protagonista de escándalos de vacunas adulteradas, por lo que algunos países extranjeros no se verían muy convencidos al momento de comprar la vacuna contra el coronavirus.

Jennifer Huang Bouey, epidemióloga y experta en China en la Corporación RAND, aseguró: “en definitiva, al gobierno le gustaría ver a China tener éxito en la producción de una buena vacuna y que muchos países la quieran. “Le conviene para su diplomacia y cambia la narrativa sobre la COVID-19”.