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¡VIVAN LOS MODERADOS!

Cuando un líder de la 3ra. vía no entiende qué se espera de él

Mar, 07/05/2019 - 1:56pm
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Por Urgente24

Hay una diferencia fundamental entre el rol que un dirigente polìtico cree tener cuando crea una nueva fuerza partidaira y el papel que le concede la opinión pública, en especial quienes eligen apoyarlo. Algunos dirigentes deciden darle la espalda a la voluntad popular y su fuerza partidaria no trasciende. Otros lo comprenden y son más flexibles. De eso se trata gran parte del éxito o el fracaso. Lo que sucede en España es muy interesante: Alberto Rivera, el líder de Ciudadanos, ha decidido competir por el liderazgo de la derecha en su país cuando, todo indica, lo que la opinión pública le exigía que fungiera como una fuerza de diálogo interpartidario y convencimiento más que de oposición a rajatablas. Rivera ha rechazado el convite del socialista presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a votar favorablemente su investidura y coparticipar de la nueva gestión. Es correcta la apreciación del titular del Partido Popular, Pablo Casado, acerca de la contradicción de Rivera: pacta con los socialistas en muchas autonomías y ayuntamientos, pero se niega a escla del Reino. Sin embargo, lo más interesante es que los empresarios querían que Ciudadanos fuese el soporte del PSOE, no que se empeñe en una oposición cerrada. Es probable que Rivera siga cayendo. Aquí una columna muy interesante acerca de la decepción que le ha provocado a muchos la decisión de Rivera:

Albert Rivera (der.) visita a Pedro Sánchez (izq.), y se equivoca una vez más.
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Contenido

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, de Madrid:

"Ya está claro que Ciudadanos se mantiene insomne en la pelea por liderar la derecha española, disputándole el podio al PP y marginando tanto cuanto pueda a Vox. Opción legítima. Pero no era esa la expectativa que suscitaron ni Rivera ni su partido. Y aunque ese volatín posicional les ha dado resultado en las elecciones del pasado día 28 de abril, no por ello hay que dejar de destacar que la localización estratégica e ideológica del partido de origen catalán no es la que prometió: de centro y liberal.

José María Ruiz Soroa, abogado bilbaíno y un perspicaz analista político, ha escrito el domingo pasado un resolutivo artículo en 'El Correo' de Bilbao titulado “Los desertores del centro”. Tras recordar que el centro, evocando a Duverger, “no existe como espacio o doctrina particular, sino que es solo el lugar geométrico donde se reúnen los moderados de tendencias opuestas”, Ruiz Soroa entra a fondo en lo que considera ha sido lo “más llamativo” del 28-A y de la situación política.

Consiste, según él, y coincido, en que “a las primeras de cambio, el partido recién llegado como centrista ha desertado de su propia propuesta política y se ha incorporado de hoz y coz al bloque de la derecha para pelear por la primacía dentro de él”. Más adelante, el articulista explica que “mil veces proclamó [Rivera] que no pactaría nunca jamás con el PSOE, lo que era radicalmente incongruente con una opción de centro que siempre debe estar abierta al pacto con las 'mainstreams' por definición. Su aceptación vergonzante del apoyo de Vox en Andalucía hería en lo más sensible de su liberalismo doctrinal”.

Y sigue Ruiz Soroa: “Por otro lado, su negativa a apoyar en cualquier cosa a Sánchez hacía a este fácil rehén de los nacionalistas, la situación que Ciudadanos decía que pretendía superar. Y así podríamos seguir desgranando ejemplos de cómo ha llevado a cabo desde hace un año una política exactamente contraria a todo lo que lo definía como partido de centro liberal. Hasta ha llegado a concurrir conjuntamente con los foralistas navarros”.

Por todo eso, alcanzo la misma conclusión que la del abogado bilbaíno: Ciudadanos ha reforzado la polarización. Añado: cuando su función era evitarla y restar margen de maniobra a los nacionalismos independentistas. Y configurar un territorio en el que albergar a los cientos de miles —seguramente millones— de ciudadanos que estarían más cómodos en una opción versátil e integradora.

La decepción es un sentimiento pesaroso por un desengaño. Albert Rivera tiene, sobre el papel, todas las condiciones de un buen político y todos los defectos de un líder enardecido, quizá dominado por una precoz y desordenada ambición. Creo, sinceramente, que le importan los valores constitucionales y, en particular, la integridad de España, pero creo, igualmente, que ha errado en sus prioridades y en su estrategia.

Asumo un cierto grado de subjetividad y hasta de ingenuidad (¡a estas alturas!) en este análisis, pero reivindico modestamente que —creyente como soy en la necesidad de una España moderada desde una posición de centro derecha— escribí con espíritu avisador dos 'posts' en este blog de El Confidencial. 

El primero se titulaba “Rivera, no con Vox” y se publicó el pasado 16 de diciembre con motivo del pacto andaluz para el Gobierno de la Junta. 

El segundo, titulado “El 28 de abril, las tres derechas y los perros de Pávlov”, que se publicó el 16 de febrero de este año, en el que consideré un error mayúsculo la concentración, días antes, en la plaza de Colón protagonizada por el PP, Ciudadanos y Vox.

Con el pesar de lo que pudo ser y no ha sido (¿resultará reversible esta derechización innecesaria de Ciudadanos y del propio Rivera?) se deja constancia del desequilibrio de fuerzas cuando combaten en la política los intereses y los valores. Siempre están mejor armados aquellos que estos y, así, se terminan por imponer. Pero, en fin, hagamos caso a Aristóteles, según el cual “la esperanza es el sueño del hombre despierto”. 

Siguen estándolo —despiertos— muchos miles de ciudadanos que no renuncian a una España sin rótulas, esos mecanismos de articulación de movimientos sensatos en un escenario bloqueado y desalentador como es el que contemplamos y tan dependiente de fuerzas disgregadoras."