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La Nueva Libia (muy complicada) estrena las urnas

En Libia, hace año y medio, estalló una revuelta popular contra Muamar el Gadafi. Hace 8 meses, el dictador fue linchado. Y hoy los libios acuden a las urnas a escoger la Asamblea que redactará la Constitución y de la que nacerá un nuevo Gobierno. Reina el optimismo, pero también la incertidumbre.

 

Los libios votan este sábado 07/07 en las primeras elecciones libres en más de 50 años en medio de un clima de violencia y caos ante la imposibilidad del Consejo Nacional de Transición de controlar a las milicias rebeldes que expulsaron en agosto de 2011 a Muamar Gadafi del poder tras 42 años como líder de Libia.
 
Los electores, unos 2,7 millones inscritos, deben elegir a un Parlamento formado por 200 personas que tendrán que designar un Gobierno que sustituya al Consejo Nacional. La mayor parte de los 3.700 candidatos, entre ellos más de 600 mujeres, promueven la defensa de la ley islámica.
 
La nueva Asamblea debía además elegir a los miembros de una comisión que redactase una nueva Constitución para el país, pero el jueves las autoridades libias aseguraron que este organismo también sería elegido de forma directa por la población.
 
El Parlamento contará con partidos que ocuparán sus escaños según los votos conseguidos, pero también se presentan candidatos independientes que tendrán que conseguir mayoría simple para ocupar un escaño. Además, la ley electoral reserva algunos puestos para las mujeres, por lo que tendrán cierta presencia en la configuración de la nueva Constitución.
 
En muchos votantes confluyen el interés por votar en unas elecciones con el miedo a que los comicios estén marcados por la influencia de las milicias. Tarek Mabruk, que dirige una tienda en Trípoli, ha calificado el acontecimiento como un "nuevo comienzo". "Esperamos que todo vaya bien para que podamos avanzar", ha indicado.
 
Aunque los comicios pretenden dar más poderes al gobierno que surja de las urnas, el temor a que la violencia impida a los libios ir a votar en libertad pone en peligro la legitimidad del nuevo Ejecutivo. En algunas regiones del sur, como en Kufra, la violencia entre las comunidades es tan amplia que los observadores serán incapaces de trasladarse para comprobar la votación.
 
Sin embargo, otro de los problemas en Libia son las reclamaciones de mayor autonomía. Varios dirigentes del este de Libia, de la provincia de Cirenaica --con Benghazi como capital--, han pedido un mayor poder frente a Trípoli. La semana pasada, un grupo de manifestantes asaltó un centro de votación para pedir una separación mayor de las provincias.
 
El Consejo Nacional de Transición se ha visto incapaz de contener a las milicias y los enfrentamientos entre grupos rivales. El mes pasado, un grupo insurgente ocupó el aeropuerto en Trípoli para demandar la liberación de un dirigente local que supuestamente había sido detenido por las fuerzas de seguridad.
 
Aunque estos incidentes están retrasando la llegada de inversiones extranjeras, varios observadores indican que la economía libia se ha recuperado mejor de lo esperado. La producción de petróleo se encuentra en niveles parecidos a los de antes del conflicto, con 1,6 millón de barriles al día.
 
La democracia libia choca con las armas
 
Casi 3 millones de libios escogerán entre 4.000 candidatos a los 200 miembros de la Constituyente. 
 
80 de los parlamentarios serán elegidos en listas de partidos políticos y 120 serán ciudadanos independientes. 
 
100 escaños corresponden a la región de Tripolitania (oeste), 60 a Cirenaica (este) y 40 a Fezzan (sur). Esta distribución ha provocado airadas protestas en la Cirenaica, cuna de la rebelión e históricamente celosa del poder central de Trípoli, y donde meses atrás se fundó el Consejo de Barka, un organismo con veleidades federalistas. Varias fuerzas en el este han llamado al boicoteo de los comicios. Esta semana, decenas de hombres asaltaron los centros electorales en Bengasi, Tobruk y Ajdabiya. Además, las milicias orientales han llegado a cortar el paso en la frontera con Tripolitania.
 
En un intento por calmar los ánimos, el CNT prometió a la Cirenaica una presencia paritaria en la comisión parlamentaria que redactará el borrador constitucional. Y el jueves fue más allá y anunció que esa comisión sería elegida en una nueva votación directa. Pero de poco ha valido. el viernes 06/07 manifestantes armados cerraron las terminales de exportación de petróleo en varias ciudades de Cirenaica (donde se encuentran los principales yacimientos). Este bloqueo ha obligado a las autoridades a reducir la producción de crudo de 1,6 a 1,3 millón de barriles diarios, justo cuando la extracción había alcanzado el nivel previo a la guerra que derribó el régimen. Además, un helicóptero que transportaba urnas al sur de Bengasi fue abatido por disparos de un arma ligera, y uno de sus ocupantes murió.
 
Según algunos observadores, la indignación que reina en el Este ha cimentado la alianza entre fuerzas federalistas y el partido del influyente líder islamista Ali Salabi, que presenta un discurso de corte nacionalista. De todas formas, en una sociedad tan conservadora como la libia ninguno de los cinco principales partidos que concurren a los comicios eluden las referencias al islam. Ni siquiera la liberal Alianza de Fuerzas Nacionales, liderada por Mahmud Yibril, el pragmático ex primer ministro que renunció tras la captura y linchamiento de Gadafi, y que cuenta con el respaldo de las élites intelectuales. Como en Túnez o Egipto, la fuerza de los grupos islamistas no será desdeñable, aunque resulta temerario pronosticar resultados en un país sin tradición electoral, que desconoce las encuestas y donde priman las lealtades tribales.
 
Los partidos:
 
Abdelhakim Belhaj —excombatiente en Afganistán y uno de los jefes milicianos que liberaron Trípoli en agosto de 2011— ha fundado el partido islamista Al Watan con el apoyo de Catar, que desempeñó un papel crucial en la revuelta contra Gadafi. 
 
Los Hermanos Musulmanes (que no han podido tejer las redes sociales que tantos frutos rinden en Egipto o Túnez por la persistente persecución del régimen) han creado el Partido de la Justicia y el Desarrollo. Lo encabeza Mohamed Sawan, que espera el efecto contagio de los triunfos electorales islamistas en los países vecinos. 
 
El Frente Nacional, adscrito al principal grupo de oposición en el exilio (Frente Nacional para la Salvación de Libia), tampoco anda demasiado lejos de los postulados de los Hermanos Musulmanes. 
 
Al Asala, un grupo salafista que considera que los partidos políticos son antiislámicos, completa el elenco de organizaciones islamistas.

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