Roux a los 90, la vida como un juego

Roux a los 90, la vida como un juego

El 18/09, Guillermo Roux cumple 90 años. Hijo del uruguayo Raúl Roux, guionista y dibujante de historietas de vasta trayectoria en la Argentina, él egresó en 1948 de la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, en la Ciudad de Buenos Aires. A los 23 años hizo su primera exposición, dedicándose luego a la recreación pictórica de los monumentos y los museos de Italia como forma de descifrar la Historia del Arte. En 1956 se autoimpuso, por motivos políticos, un viaje a Europa, donde aprendió las técnicas del fresco, del mosaico, hizo copias y adoptó a pintores como Tiziano Vecellio y Giambattista Tiépolo, quienes  junto con Francisco José de Goya y Lucientes y Diego Rodríguez de Silva y Velázquez justifican para él la historia del arte. Desde el 23/09 será posible apreciar sus obras más importantes en Av. Quintana 125, de la Ciudad Autónoma.

"Puede decirse que yo soy un hijo de la historieta. Mi padre, Raúl Roux. era un historietista muy destacado, y yo me crié en un medio que era frecuentado por los más grandes historietistas del momento. Conocí a Breccia, a José Luis Salinas. Crecí viéndolos, en algunos casos viéndolos dibujar. En aquella época, no se valoraba la historieta. Se la consideraba una (vacila buscando la palabra) habilidad, y al dibujante se lo calificaba como un habilidoso. A los artistas “serios” se los consideraba, los otros eran obreros, trabajadores. Y el concepto no estaba equivocado porque esas personas trabajaban “por la diaria”, tenían que dibujar todos los días. Cobraban por “cuadrito” y había que estar ocho, nueve, diez horas por jornada, algo muy duro. Y no se podía macanear porque los editores sabían mucho de dibujo", recuerda el maestro.

“La Constitución guía al pueblo”: la tela del maestro Guillermo Roux mide 7 metros de ancho por 3,5 mt. de altura y rinde la historia patria ‌culándola con la obra de Eugenio Delacroix “La libertad guiando al pueblo”. Es una pieza de este tiempo: las mujeres hacen número. La Constitución, vestida de blanco, mira con ojos de mujer. Roux se pintó también: está detrás de la madre con el bebé en brazos y su mujer Franca Beer y su secretaria Mary, en el otro extremo de la tela.
En el marco del Bicentenario de la Independencia, Carlos Alonso y Guillermo Roux presentaron “Mano a Mano”, un conjunto de obras que inició uno y concluyó el otro, un ejercicio que pudo llamarse Rouxalonso o Alonsoroux, despojados de ego y abundante en diversión plástica. Aquí un ejemplo de semejante curiosidad.
Durante 3 años trabajó en la ''bottega'' de Umberto Nonni, en Roma, como ayudante en obras de decoración y restauración. Cuando volvió, se radicó en Jujuy, y participó la docencia en escuelas primarias. Luego se marchó a Nueva York, a trabajar la pintura y a la ilustración. También tuvo períodos en París, Roma y Sicilia. Pero en 1982 recibió el Premio Konex de Platino como el más importante pintor surrealista de la historia argentina.
El pionero en reconocer su obra pictórica fue Rafael Squirru, que lo llevó a exponer en la galería Bonino, en 1972. Roux ingresó a la escena internacional en 1973, cuando expuso en Marlborough Fine Arts, Londres; y al año siguiente en Munich. En 1975 ganó el 1er. Premio Internacional de la XIII Bienal de San Pablo. Una frase: "Tomemos un caso raro: pintar un hada. Nadie pinta hadas ahora, pero si ocurriera, no sería lo mismo la visión que mostraría de ella un inglés, que un argentino o un brasileño."
Caracterizado por una gran versatilidad en las formas de expresión, Roux realizó dibujos, acuarelas, témperas y collages, alcanzando depurados grados de percepción en los grafismos y los colores que fijan la tonalidad, con una fuerte influencia del surrealismo. Pregunta: "¿Qué grado de ego tenés?", y la respuesta: "El suficiente como para hacer lo que hago. No creo que haya en el mundo un trabajador del arte (¿viste que eludí la palabra artista?) que no tenga desarrollado un ego muy marcado."
En la década de 1990, Roux realizó una obra de gran tamaño titulada "Mujer y máscaras", expuesta en las Galerías Pacífico, con la temática de arlequines y comediantes italianos: "Yo considero que todo artista está obligado a ser narcisista. Inclusive debería figurar en la Constitución. Lo importante es que el ego, por acción del arte, transforme esa visión particular en universal."
El trazo de sus dibujos, realizados en birome negra durante las madrugadas de una larga convalecencia y rehabilitación entre 2015 y 2017, aparecen como la expresión más íntima de sus sentimientos, deseos y fantasmas, al tiempo que testimonian sus reflexiones y miradas sobre el arte, la soledad, la vejez y la realidad del país y del mundo, con dramatismo, humor, ironía y sarcasmo.
Roux: "La misión del arte es abrir puertas, las puertas de la sensibilidad, la del enriquecimiento espiritual. Al salir del teatro después de haber escuchado una sinfonía de Beethoven o La pasión según San Mateo, yo salgo cambiado, el arte me ha modificado, soy otra persona. Y entiendo que vale la pena, tanto para el que lo realiza como para el que lo recibe. Un artista debe ser narcisista."
Guillermo Roux, “Los mecanismos del arte siempre resultan más claros en los seguidores de los grandes maestros que en ellos mismos. Porque los pintores, los grandes creadores, ocultan sus secretos como los magos. El saber pintar es un obstáculo muy grande. El problema es qué aprendés. Habría que pasarse toda otra vida desaprendiendo”.
"La vida yo la divido en tres actos. Nosotros llevamos a cabo el segundo, tal vez el más aburrido, el más tonto. El primero no lo conocemos; ¿quién tiene memoria de las eras anteriores? Y el tercero es la muerte. Yo a veces pienso que la muerte no existe y que la vida es un juego. Por momentos tedioso, por momentos divertido. Pintamos, hacemos música, nos enamoramos, sufrimos. Son juegos. Y que los jugamos muy mal."