Marilyn, que nunca te irás de nosotros

Marilyn, que nunca te irás de nosotros

Norma Jeane Mortenson, luego Norma Jeane Baker, conoció en 1945 a André de Dienes (1913-1985), con 19 años. Ella necesitaba fotos para inscribirse en la agencia Blue Book, de Los Ángeles. Juntos, pasaron 5 meses de 1946 por las rutas de California, Nevada y Nuevo México. En agosto de 1946, ella, ya modelo, se rebautizó Marilyn Monroe: “Ese nuevo nombre me incitó a renacer. Para intentar hacerlo mejor que la primera vez”. Luego habría otros fotógrafos como Milton H. Greene, Sam Shaw y Bert Stern. Las mejores fotos están en exposición en París, Francis. Y así se vuelve a hablar de ella, hija de Gladys Pearl Mortenson (1er. matrimonio) o Gladys Pearl Backer (2do. matrimonio), quien nunca quiso criar a Norma. Las infancias desgraciadas marcan el devenir de cualquier persona. Norma Jeane fue abandonada por su madre a instancias de su abuela, Della, quien convenció a Gladys que era mejor entregársela a los Bolender, cristianos evangélicos que criaban niños a cambio de US$ 20 o US$ 25 al mes. Con 2 semanas de vida, Norma Jeane fue dejada en manos de Ida Bolender y su marido, Albert Wayne. Esta práctica, totalmente legal, fue muy común en USA, en los años de la Gran Depresión. Marilyn siempre intentó resolver el enorme agujero que esta situación le provocó en su identidad y autoestima, pero todas las veces que, más grande, intentó acercarse a Gladys, fue en vano. Desde el primer momento que tuvo algo de dinero, Marilyn pagó su manutención, y mientras vivió y después de morir, con su testamento, organizó las cuentas de su madre, quien vivió 22 años más que ella: la madre pagó a las familias que la cuidaron, la hija pagó a las instituciones que acogieron a su madre. Pero nunca pudieron amarse entre ellas. Curiosa Marilyn, que deseaba ser reconocida como actriz (en 1955 lo intentó con Lee Strasberg y su Actor’s Studio), reconstruirse como persona (psicoanálisis con Margaret Hohenberg) y escribir. Aquí 10 fragmentos de sus poemas.