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BARRAS, CONNIVENCIA Y POLÍTICA

2022 sin visitantes... pero la Premier borró a los hooligans

Otra Liga sin público visitante por temor a la violencia pero ¡la Premier League acabó con los terribles hooligans!

Los argentinos se jactan y enorgullecen haberle ganado a Inglaterra un partido de fútbol que incluyó un gol ilícito (con la mano). Sin embargo, los ingleses ganaron el partido más importante, contra la violencia en el deporte, erradicando a los hooligans. Cuando comience la Liga Profesional de Fútbol 2022 volverán a quedar afuera de los estadios los visitantes pero aún así habrá temor de que ocurrirá alguna forma de violencia. Debe recordarse que, en la prenpandemia, una de las condiciones que tenía la transmisión de los partidos por TNT / ESPN era jugar en estadios con tribunas completas, desafío imposible de satisfacer si no hay público visitante.

Erradicar a las barrabras es, en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) el 'cuento de la buena pipa'. Los dirigentes aceptan las extorsiones de los emblemáticos fans y toleran sus audacias mientras prometen que esta vez sí reprimirán a los líders pero nunca han cumplido y, quizás, nunca lo hagan. Pero, quizás porque el deporte popular y profesional refleja la realidad de una sociedad, un día cualquiera decidieron limpiarse de los hooligans de verdad, y cumplieron.

Los ingleses no solo tuvieron la decisión sino llevaron su plan de acción a todos los estratos sociales, sin excepciones. ¿Adivine por que acá no podemos terminar de una buena vez con la violencia organizada en los estadios?

Gracias a la pandemia por COVID-19 nos acostumbramos a no escuchar hablar más acerca de barrabravas en el fútbol. La pandemia provocó que el público se ausentara de los estadios por los motivos conocidos pero al levantarse esa veda y con la vuelta del aforo, empezamos a escuchar acerca de casos turbios y hasta de un concepto horrible: 'Quieren recuperar la que perdieron': ¡...!

El regreso del aforo en el 2do. semestre de 2021, sumado a la entrega de localidades en cantidad limitada en los estadios, provocó la memoria histórica acerca de los violentos -que nunca se habian ido, sólo estaban escondidos- y regresó el viejo 'modus operandi' de estos muchachitos.

Uno de los casos más resonantes en este sentido fue cuando 19 integrantes de las dos facciones de la 'barra' del Club Atlético Independiente fueron detenidos, luego de que protagonizaran un fuerte enfrentamiento en el centro de la ciudad de Avellaneda y luego cruzaran el Puente Pueyrredón, persiguiéndose, en la Ciudad de Buenos Aires.

Un verdadero desastre: una banda de la 'barra' de Independiente atacó a otra con balas y piedras, a fines de septiembre 2021, cuando comenzaba un proceso electoral que no ha podido terminar aún en el club, con reclamos y recursos de amparo concedidos. En las redes sociales se difundieron rápidamente imágenes del enfrentamiento por las entradas a distribuir para el partido de regreso del público a los estadios.

El significado de la anécdota: antes de regresar el fútbol ya habían empezado los problemas. Y, tal como es habitual en la Argentina, aquí nada ha sucedido: son eventos que sólo llaman la atención mientras integran la efímera agenda de los medios de comunicación. Cuando estos saltan hacia otras noticias, las autoridades consideran que el problema de fondo ya fue resuelto: ¿...?

https://twitter.com/NicoVillarruel1/status/1442931580373143552

Los negocios

Aprietes, amenazas, peleas entre bandos, justifican para estos forajidos su modus operandi para asegurarse la permanencia en la gestión de los negocios periféricos relacionados con el fútbol.

Cuando aludimos a periféricos nos referimos a trapitos, venta de alimentos y bebidas, de merchandising y muchos kioscos más que esta gente monopoliza cuando se disputa un partido de fútbol: desde el estacionamiento 'medido' en la vía pública hasta el ingreso 'especial' a los estadios. Estos son los conchabos visibles y después están los que se hacen detrás del telón. Más precisamente, los negocios millonarios.

A saber: porcentajes en las transferencias de los derechos federativos de jugadores que 'el reclamo de la popular' hace más famosos -algunos 'barras' han surgido hasta copropietarios de derechos federativos-; y los negocios pagos por la política, que incluyen la participación en eventos públicos y hasta el servicio de seguridad personal para alguna gente. En algunos casos, tal como sucede en Rosario, los 'barras' se encuentran involucrados directamente en la comercialización del narcomenudeo y el cobro por extorsión a los comercios: una zona de la ciudad para los de Rosario Central, más ordenados; la otra para los de Newell's Old Boys, el 'far west' (Los Monos, etc.).

Muchos simpatizantes del fútbol deben confesar su orgullo cuando en un estadio se dijeron orgullos del ingreso de los 'barras' del club: “¡Ahí llegó la 12, vamos todavía!”, o “Mirá, ¡ahí entran los Borrachos del Tablón!”. Una extraña sensación entre supuesta protección ante extraños y antojadiza mística de lo que es el fervor popular.

Así fuimos perpetrando este movimiento que no es tan antiguo, dicen que comenzó el domingo 19 de octubre de 1958, en una visita de River Plate a Velez Sarfield: el asesinato de Alberto Linker. Pero también es necesario recordar que desde 1924 a 1957 se produjeron 12 muertes relacionadas con el fútbol pero todavía se lo consideraba un entretenimiento familiar, alejado de la violencia y el delito urbano.

En vez de cuestionar a los 'barras' cada vez que en malón entraban a las tribunas, saltando los controles en los accesos, fueron consentidos, demostración de que "nuestros jugadores no están solos", tal como si el fútbol no fuese una competencia de 11 contra 11 sino un evento mucho más numeroso que se jugaba también en las gradas. Una estupidez inadmisible.

Pero así les dimos la representación de intereses colectivos a gente desconocida y sin necesidad de rendirnos cuenta de algo. Legitimamos que en un partido de fútbol a veces ni siquiera importa el resultado en el campo de juego. Institucionalizamos que en un club no sólo hay jugadores, dirigentes, socios y simpatizantes sino otra categoría, quizás vitalicia, que tiene derechos extraordinarios sin que nadie los elija y que ellos mismos se los asignan. Definimos que es tan importante como el esfuerzo y la destreza de un jugador, el grito de un personaje que, 'birra y faso' en mano, dice "Metan huevos" o "Corran más, hijos de puta" o "Si no hay garra vamos a charlar en la semana".

¿Qué es esta locura de vivir entre monstruos cargados de frustraciones individuales, hábitos autoritarios y conductas marginales, que pretenden conducir un evento multitudinario y reglamentado?

El ingreso de los políticos, sindicalistas y empresarios que creen que un buen desempeño deportivo de un club es su ventana hacia la popularidad, y por eso intentan ganarse los favores de los 'barras' con bolsones de alimentos, planes sociales y hasta viviendas sociales, llevó todo a otro nivel. Los 'barras' comenzaron a escalar hacia la conducción de entidades deportivas afiliadas a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

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Los hooligans existieron, no es una fábula.

Los hooligans existieron, no es una fábula.

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Escena en el pasado de un partido en el fútbol inglés.

Escena en el pasado de un partido en el fútbol inglés.

Ingleses

Así llegamos a la diferencia con los ingleses, quienes padecieron durante muchos años a un movimiento extremadamente violento, el de los 'hooligans'.

Es increíble que el fútbol de Inglaterra, que hoy tiene el torneo más cotizado del mundo -la Premier League- y estadios tan confortables como las más modernas salas de cine, hace aproximadamente 30 años padeció la ruina y el aislamiento universal por la violencia de sus 'barras'.

Fueron ellos quienes provocaron tragedias en los estadios tal como la de Heysel (Bélgica) en 1985, que dejó 39 muertos, y de Hillsborough (Inglaterra) en 1989, con 96 víctimas mortales, e hizo que el balompié inglés tocara fondo.

Es increíble que en un país como Inglaterra tuviera que morir tanta gente, para que en 1989 se tomara la decisión de erradicar la violencia que azotaba al fútbol desde los años '60. Pero lo consiguieron. ¿Cómo? Gracias a algunas drásticas decisiones en las que coparticiparon el Estado, la Policía, el fútbol y las empresas privadas.

Al ser una sociedad que confunde orden con represión, se nos hace todo más complicado. Hemos perdido algunos conceptos esenciales para la convivencia civilizada.

Pero imaginemos que un día resolvemos esa confusión tanto individual como colectiva. Vayamos al caso testigo: el Gobierno de Inglaterra ordenó en 1989 una investigación a fondo -o sea que aplicó Inteligencia Criminal-, luego de la cual entendió que la violencia de los 'hooligans' era un fenómeno sociocultural del país y no exclusivamente del fútbol.

Ellos identificaron que se trataba de un movimiento directamente vinculado a la inexistencia del núcleo familiar ("El más cobarde mató a su madre"), o bien su ruptura: los 2 principales generadores de ese tipo de violencia. En muchos casos, situaciones imposibles de modificar, no redimibles.

Entonces, en 1990 entraron en vigor medidas judiciales tales como prohibir el ingreso hasta de por vida a los estadios a personas identificadas en una lista de admisión y penas de cárcel a quienes violaran las normas establecidas, entre ellas la prohibición del porte de armas y el consumo de alcohol y/o de drogas.

Las medidas judiciales no se hicieron sólo para los violentos, sino que involucraron a toda la sociedad.

Por ejemplo, si las autoridades capturaban en el tren subterráneo, tren o avión a un 'hooligan', o a un grupo de ellos, la empresa transportadora recibía multas y sanciones de diversa índole.“Todos somos responsables” fue la idea.

Fueron organizados grupos de élite de la Policía especializada en combatir 'hooligans' y gestionar multitudes en los estadios.

Fueron incorporados 'agentes encubiertos' para infiltrar a los 'hooligans' y conocer su intimidad, conexiones, negocios y debilidades.

El paso siguiente fue la judialización de líderes: se dictaron 35 cadenas perpetuas y la 'lista de admisión' llegó a 5.000 'barras', muchos de los cuales debían presentarse a las comisarias los días de partidos. Incumplir esta norma les generaba castigos incluso peores que cometer actos de vandalismo.

Los 92 clubes de la FA (Asociación de Fútbol de Inglaterra) formaron grupos de logística, llamados 'Stewards', a los que especializaron en relaciones públicas y manejo de masas para disminuir paulatinamente la presencia de Policía uniformada en los estadios (que comenzó a quedar en las inmediaciones de los estadios) y aumentar el servicio de logística.

Las medidas de seguridad en los estadios fueron las mismas para todos, pero cada club creó su propio plan de contigencia, según los partidos por jugarse.

Se tuvieron en cuenta la estructura del estadio, su ubicación, aforo, cantidad y calidad de los accesos. Lugo se ordenó quitar las mallas y los muros de contención alrededor del campo de juego. Es sólo una competencia deportiva, no una disputa bélica.

La creación de circuitos cerrados de televisión para ubicar cámaras en lugares estratégicos de los estadios -una moda inglesa, Londres es la ciudad del mundo con mayor cantidad de cámaras de TV como herramienta fundamental de su política de seguridad colectiva-, así como los modernos sistemas de identificación de peresonas (lectores de huellas digitales y amplios bancos de datos. Hoy día la biometría permitiría un acceso muy veloz a los estadios), fueron los puntos clave de tecnología para mejorar la seguridad. Para cumplir con este propósito hubo que adecuar todos los escenarios.

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Los 'hooligans' no eran 'nenes de pecho'.

Los 'hooligans' no eran 'nenes de pecho'.

Cuando esto se intentó imitar en la Argentina sólo sirvió para que muchos se llenaran los bolsillos. Por ejemplo, con la venta de circuitos de televisión no homologados o la tercerización de la impresión de entradas. Y nunca hubo una decisión política sino la decisión de 'hacer algo' ante el reclamo popular.

Luego surgió el negocio de los adicionales para las policías, lo que instaló definitivamente la violencia porque si un día no hay riesgo de violencia resulta que no hay contratación del servicio de policía. La relación entre Julio Grondona y las cooperativas de la Policía Bonaerense no fue el único motivo de esta decisión pero sin duda influyó mucho.

Todo ridículo porque teniendo a cientos de policías dentro y alrededor del estadio, resulta que no se puede autorizar el ingreso del público visitante. Mucho se habla de la ausencia de idoneidad de ela fuerza policial pero este caso la desnuda cada semana. Por si faltara algo, otro costo más a la estructura del desfinanciado fútbol profesional argentino.

Volvamos a Inglaterra: poblar las gradas con butacas antivandalismo en todos los estadios, y numerarlas no fue una decisión que se tomó solo para darle comodidad al aficionado, sino como un factor importante de seguridad porque así el personal de logística y el de las cámaras de TV pudo identificar quién estaba sentado en qué parte.

Esta decisión se tomó en 1990 y la Federación les concedió un plazo de 9 años a los 92 equipos afiliados para reestructurar sus estadios o para que construyeran uno nuevo.

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En Inglaterra es el pasado, en la Argentina es el presente.

En Inglaterra es el pasado, en la Argentina es el presente.

En la Argentina no hay ningún estadio que tenga 100% butacas pese a existir un reglamento FIFA que lo exige al menos para los estadios habilitados de 1ra. División.

En 1990, con el fútbol quebrado y la violencia rampante, el Gobierno de Inglaterra decidió que para que las medidas adoptadas surtieran efecto, también había que financiar a los equipos, pues la inversión era enorme.

Así fue que fueron otorgados préstamos y además propició la vinculación con empresas privadas para ofrecer patrocinios, así como la televisión, que empezó a transmitir los partidos de forma masiva.

Una medida clave fue 'carnetizar' a todos los integrantes de las 'barras', no solo para identificarlos, sino para saber si tenían antecedentes judiciales.

¿Cómo lograr que algo parecido suceda en la Argentina?

Hay clubes donde parecen ocurrir algunos avances, mínimos pero verificables. Otros no. Pero queda como una decisión de cada institución y no coleciva.

Hay clubes en los que se decidió 'pactar' con un sector de la 'barra' y concederles ciertos privilegios a cambio de que neutralicen al resto.

Hay clubes a los que se le concedieron a los 'barras' ciertos negocios para firmar 'la paz'.

No hay una modernización en la organización del deporte profesional.

Una sociedad con valores morales en crisis requeriría de un Estado que realice demostraciones ejemplares. Pero no es lo que prevalece. Los dramas estructurales son tan graves que vuelven baladíes a los que impiden el fútbol normalizado

No comments”, diría uno de los filósofos contemporáneos argentos, Alfio Basile, 'el Coco'.

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