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Anguita contra Morales Solá, o la estupidez del ERP

Eduardo Anguita ha devenido en una dócil herramienta kirchnerista. No tiene el vuelo intelectual del que se ufanan quienes pasaron por el trotskysmo pero es útil al régimen. Su más reciente embestida es contra Joaquín Morales Solá.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Como consecuencia de su pertenencia al ERP-PRT (Ejército Revolucionario del Pueblo-Partido Revolucionario de los Trabajadores), Eduardo Anguita estuvo preso 10 años, 10 meses y 2 días.
 
Cuando Anguita salió de prisión no sabía cómo se ganaría la vida. En la agencia de noticias Telam, en días de Carlos Menem en el poder, Anguita fue presentado con ambiciones de periodista.
 
El menemismo le permitió a Anguita ingresar al periodismo profesional, ocupación de la que vive hoy día, rentado por el kirchnerismo.
 
¿Eso lo hace a Anguita menemista? No. Sin embargo Anguita no aplica iguales conceptos para con otros. Lleno de odio y revanchismo recorre estos días kirchneristas jurando mejorar en el siglo 21 su incompetencia y la de los suyos en el siglo 20.
 
El caso más reciente es el de Joaquín Morales Solá. Ninguna novedad que Morales Solá proviene de Tucumán, que fue una zona de guerra porque los amigos de Anguita querían crear una 'zona liberada' para después presentarse ante la Organización de Naciones Unidas u otras instancias equivalentes y reclamar un reconocimiento precario pero institucional. Inadmisible. Intolerable.
 
Así nació el Operativo Independencia, que barrió a los amigos de Anguita, quien reclama por la masacre de la voladura de la casa de la familia Lea Place pero silencia acontecimientos como el combate de Manchalá, el 28/05/1975, en el que unos 70 miembros del ERP, bajo órdenes de alias 'Capitán Santiago' (Hugo Irurzun), fueron derrotados por efectivos militares, cuando se dirigían a Famaillá para atacar el 29/05 (Día del Ejército) el comando de la Brigada de Infantería de Monte 5, capturar y matar a todos los miembros del puesto de mando a órdenes del general Acdel Vilas, a cargo del Operativo Independencia
 
Una estupidez enorme de parte de los amigos de Anguita, que obviamente tuvo consecuencias.
 
El conflicto fue en ascenso, con salvajismo inocultable de ambas partes. La vida perdió valor pero el gran fracaso del ERP fue que a los tucumanos no les interesaba el Estado pro-cubano que prometían los amigos de Anguita. A consecuencia de que en el combate militar el ERP comenzó a flaquear, se llevó la peor parte a la hora de la venganza. Y -por cierto que es condenable- los hechos también afectaron a amigos y familiares de quienes desafiaban al Estado Nacional.
 
Anguita menciona a Clarisa Lea Place. ¿Quién fue ella? Una guerrillera nacida en Tucumán el 23 de diciembre de 1948 (23 años), estudió Derecho en la Universidad de Tucumán, donde se integró al PRT. Participó del congreso fundacional del ERP. Fue detenida en diciembre de 1970 durante un control de rutina. Y fue fusilada en la 'masacre de Trelew', el 22/08/1972.
 
Es cierto que el statu-quo de preso político impedía lo ocurrido en la 'masacre de Trelew' pero también es cierto que quien se mete a guerrillero se arriesga a muertes tan injustas como las que él provoca.
 
El asunto es que Anguita pretende vincular al periodista Joaquín Morales Solá con los militares que hicieron el Operativo Independencia a propósito de una fotografía tomada luego de la voladura de la casa de Arturo Lea Place, padre de Clarisa.

No es una novedad lo de Morales Solá y los militares en Tucumán. Anguita no descubrió nada, apenas aportó una fotografía. Pero lo cuestionable es el punto de vista de Anguita en esta historia.
 
Antes que nada, el Operativo Independencia no fue un acto ilegal sino una acción legal del Ejército, ordenada por un Gobierno constitucional agredido por Anguita y sus amigos, que apuntaba, antes que nada, a preservar la integridad territorial que podía amenazar la gente del ERP si conseguía hacerse fuerte en el monte tucumano.
 
Luego, que un cronista tuviera conexiones con los militares en operaciones es motivo de debate. ¿Era menos cuestionable tener conexiones con terroristas que con militares? ¿Si Morales Solá hubiese ayudado a terroristas, para Anguita hubiese alcanzado la estatura de héroe, y como tuvo vínculos con militares fue malo?
 
Sin embargo, hasta el 24/03/1976, los militares estaban del lado del Estado constitucional y los guerrilleros estaban en contra. A partir del 24/03/1976 todos fueron igualmente condenables, en todo caso, pero no había inocentes en una sociedad enferma por quienes se habían levantado contra la Constitución Nacional.
 
El texto de Anguita solamente apunta contra Morales Solá porque los del Frente para la Victoria lo consideran un opositor amigo de casi todo lo que el kirchnerismo cuestiona, comenzando por sus vínculos con la embajada estadounidense.
 
Pero es curioso: hay empresarios de medios que intiman con el kirchnerismo a la vez que mantienen un vínculo permanente y cotidiano con funcionarios estadounidenses no solamente en la embajada en la Argentina sino también en organismos en Washington DC pero ellos no enfrentan el enojo de Anguita.
 
Pretender hacer responsable a Morales Solá de lo ocurrido en Tucumán (o sea que Anguita apunta a intentar aplicarle la vidriosa figura de 'lesa humanidad') porque hay una foto que lo presenta con militares, no solamente demuestra que Anguita sigue siendo un militante antes que un periodista, sino que esencialmente explica la imbecilidad que llevó al ERP a una derrota tras otra.
 
 
La fotografía que encabeza la portada de la edición de hoy de Miradas al Sur es un documento inédito. Esta imagen nítida fue tomada a fines de 1975, en pleno desarrollo de la eliminación física de la militancia popular tucumana a manos del general Acdel Vilas, el jefe del Operativo Independencia y defensor confeso de la tortura y el exterminio físico de quienes consideraba sus enemigos. Vilas puso especial énfasis en la persecución de maestros, profesores, psicólogos y cualquiera que pudiera ser un ideólogo.

Por entonces, Joaquín Morales Solá trabajaba en La Gaceta de Tucumán y era corresponsal de Clarín en esa provincia. Se publicaron varias informaciones que daban cuenta de la estrecha relación del actual columnista estrella de La Nación con el represor Vilas y con quien lo sucedió en sus genocidas tareas, Antonio Domingo Bussi. 

Sin embargo, nunca pudo verse, como ahora y por primera vez, a Morales Solá de paisano, con una comitiva de militares con uniforme y casco de combate en pleno operativo.

Esta foto, que fue guardada celosamente durante años por quien la registró, habría sido tomada en el lugar más escabroso del exterminio en Tucumán. En efecto, según dos fuentes calificadas, el edificio al cual va a ingresar la comitiva es la tenebrosa Escuelita de Famaillá, el principal centro de exterminio por entonces. 

Una tercera fuente calificada también consultada por Miradas al Sur, considera, en cambio, que se trata de otro lugar de torturas y eliminación de detenidos, ubicado en las instalaciones del Ingenio Santa Lucía. Quedará en manos de la Justicia Federal tucumana definir el lugar y tratar de averiguar las circunstancias que llevaron a Morales Solá a acompañar al carnicero Vilas a un operativo. 

El trabajo de los periodistas es buscar aquellos documentos que contribuyan a echar luz sobre lo actuado por personas e instituciones. También el de consultar fuentes confiables para orientar el esclarecimiento de la verdad. Lo que no puede ni debe hacer el periodismo es intentar reemplazar las actuaciones periciales que sí puede la Justicia.

Dicho esto, es preciso encuadrar lo que se vivía 35 años atrás en el llamado Jardín de la República. En su informe final, la Conadep puntualiza: “A la provincia de Tucumán le cupo el siniestro privilegio de haber inaugurado la ‘institución’ Centro Clandestino de Detención, como una de las herramientas fundamentales del sistema de represión montado en la Argentina. 

La ‘Escuelita’ de Famaillá fue el primero de estos lugares de tormento y exterminio…”. Una escuela en construcción fue el lugar elegido por el primer jefe de la Operación Independencia, Acdel Edgardo Vilas, para instalar el campo de concentración por el que pasaron –entre febrero y diciembre de 1975- más de 1.500 personas. La mayoría fueron asesinados, todos bárbaramente torturados.

La escuela está a unas cuatro cuadras de la plaza principal de Famaillá, en el camino que une a esa población con el ingenio Fronterita. Ahora se llama Diego de Rojas y a ella concurren cientos de alumnos de primaria. En 1975 la escuela era apenas una obra en construcción. Solo existían una galería, un patio y cinco aulas. Todo estaba cercado por una alambrada y la galería y las aulas no eran visibles desde el exterior porque estaban tapadas por lonas y plásticos, a la manera de cortinas. En dos aulas los militares mantenían en las peores condiciones a grupos que oscilaban entre 20 y 40 prisioneros. Otra aula era utilizada para descanso de las guardias, la cuarta estaba destinada a tareas administrativas y para fotografiar a los secuestrados. La quinta aula era el lugar de los tormentos.

En noviembre de 1975 La Escuelita y otros centros clandestinos de detención ya habían sido visitados por funcionarios civiles y militares de la Nación y de la Provincia, por legisladores. Algunos sobrevivientes señalaron que fueron varios obispos y sacerdotes. Sería muy útil saber si Joaquín Morales Solá estuvo en ese lugar de exterminio y, si es así, en carácter de qué fue. Cualquiera que recorra una hemeroteca y se detenga en las ediciones de La Gaceta y de Clarín encontrará gran cantidad de artículos firmados por el periodista mencionado. 

En ningún caso dando cuenta de la verdad que, de modo incontrastable, fue relatada en el Nunca Más y que luego encontró muchos más testimonios en los juicios que actualmente se sustancian en Tucumán.

Los militares, en 1975, ejercían un férreo control sobre lo que se publicaba en relación al Operativo Independencia. Por ejemplo, hicieron echar al corresponsal de Télam en la provincia y pusieron en su reemplazo a dos hombres de Inteligencia del Ejército, comandados por uno de los fundadores de Fasta, la organización del cura dominico filo nazi Aníbal Fósbery. 

En ese momento, los artículos de Morales Solá, tal como puede constatarse ahora, eran una caja de resonancia de la acción psicológica de los militares. Un artículo publicado en Clarín el 12 de noviembre –que lleva la firma del corresponsal Morales Solá- es elocuente. Se valió de la vieja metáfora de la parición, del alumbramiento, de la vida para explicar lo que era, en realidad, la matanza que llevaban a cabo las hordas de Vilas: “Han pasado ya 36 semanas, el tiempo de una gestación”. Se trataba de “el primer síntoma de que las Fuerzas Armadas adoptaban una posición ofensiva frente a la intolerancia ideológica”. 

También expresó su apoyo incondicional: “Ha cambiado, sin duda, la imagen revoltosa, rebelde y disconforme que Tucumán supo formarse a través de largos años”. Más adelante agrega: “La presencia militar ha aquietado las aguas siempre turbulentas y, como barridas por un fuerte viento, han desaparecido huelgas, manifestaciones y disturbios”. El informe de la Comisión Bicameral que investigó las violaciones de los derechos humanos en Tucumán dedicó un párrafo muy elocuente a esa desaparición de huelgas, manifestaciones y disturbios a los que se refiere Morales Solá, al señalar que se montó “un vasto aparato represivo, que orienta su verdadero accionar a arrasar con las dirigencias sindicales, políticas y estudiantiles”. 

La Comisión Bicameral concluyó, en su informe, que “nueve de cada 10 personas, fueron secuestradas en sus domicilios, lugares de trabajo o en la vía pública” y que “en la mayoría de los casos, estas acciones se desarrollaron en horas de la noche”.
Como muestra la foto que da soporte a este artículo, Morales Solá fue tomado in fraganti con los militares en por lo menos un operativo. Alguien consideró que ya era hora de que tanto cinismo sea confrontado con documentos gráficos incontrastables.

En aquel Tucumán desangrado día a día, con centenares de destacados dirigentes políticos, gremiales y estudiantiles secuestrados y desaparecidos, donde noche a noche las bandas de Vilas y el comisario Roberto -el Tuerto- Albornoz -recientemente condenado a prisión perpetua- colocaban explosivos y hacían volar por los aires locales partidarios, casas de familias y sedes de la Universidad, Morales Solá no tenía miedo.

Hasta ahora, Morales Solá eludió hablar de su vida en esos años. Las pocas veces que hizo referencias, quedó en evidencia que no está dispuesto a decir la verdad. En una polémica con el periodista Hernán López Echagüe dijo que en 1976 ya no estaba en Tucumán, por lo cual mal se lo podía acusar de cercanía con Antonio Domingo Bussi. 

El sitio Diarios sobre Diarios probó, con fotografías, que no era verdad lo que decía. Es más, él mismo escribió, en una nota en el diario El País de Madrid, que había asistido a la asunción de Bussi la noche del 24 de marzo de 1976. También dijo, en esa nota en el diario español, que había huido de Tucumán por haber sido amenazado por la Triple A. 

Los dirigentes de la Asociación de Prensa tucumana de aquellos tiempos, que sufrieron persecución y atentados terroristas, lo desmintieron. Ellos llevaban un registro diario de las amenazas y agresiones y aseguraron que Morales Solá nunca fue molestado. 

En realidad, su viaje a Buenos Aires fue una combinación que conjugó las necesidades de flamantes autoridades periodísticas de Claríny la recomendación de un importante general, mano derecha de Videla. Se trataba de José Rogelio Villarreal, quien estuvo al frente de la Quinta Brigada del Ejército en la última fase del Operativo Independencia y que luego saltó a jefe de Operaciones del Estado Mayor General por pedido expreso de Jorge Videla, que lo necesitaba a su lado en el momento de consumar el golpe de marzo de 1976. Villarreal jugó un papel muy importante en la política de integración de los grupos empresariales de medios y los jerarcas militares, tal como lo prueban los documentos que hoy están en sede judicial y que surgen de la comisión Papel Prensa – La verdad.

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