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Y después de Guangcheng, vino Chan

Beijing decidió no renovar el visado de la corresponsal del canal de televisión en inglés Al Jazeera, Melissa Chan. La medida supone la expulsión de la periodista de origen estadounidense y la primera acción de este tipo contra la prensa extranjera desde el año 1998. Nuevo frente abierto en la disputa hegemónica entre USA y China y la degradación de la información local.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Cuando aún no se ha terminado la novela de política exterior por el caso Chen Guangcheng, China vuelve a sumar un nuevo capítulo a su pelea con Occidente.
 
Beijing decidió no renovar el visado de la corresponsal del canal de televisión en inglés Al Jazeera, Melissa Chan. La medida supone la expulsión de la periodista de origen estadounidense y la primera acción de este tipo contra la prensa extranjera desde el año 1998. Como consecuencia, la cadena qatarí se ha visto obligada a cerrar su delegación en el país asiático.
 
El Club de Corresponsales Extranjeros en China (FCCC, en sus siglas en inglés), que se ha mostrado “escandalizado” por la decisión, ha informado que el régimen de Beijing había decidido no renovar el visado de Melissa Chan – lo que supone la expulsión de facto, ya que los periodistas no pueden ejercer sin dicho visado- tras la emisión de un documental emitido por Al Jazeera que no fue del agrado de las autoridades chinas.
 
Y ha estimado que se trata de “una grave amenaza para la capacidad de la prensa extranjera de trabajar en China".
 
Según la FCCC, el documental que provocó el enfado de las autoridades chinas fue emitido el pasado mes de noviembre y se refería a unos campos de reducación. Lo más sorprendente es que Melissa Chan ni siquiera participado en aquel especial, pero eso no fue óbice para que el Gobierno chino mostrara su descontento con la línea editorial del canal qatarí y acusara a la periodista de violar normas, sin especificar cuales.
 
Para el Club de Corresponsales Extranjeros, del que Chan era miembro de la junta directiva, “se trata del ejemplo más extremo de la reciente moda de utilizar los visados de los periodistas para intentar censurar e intimidar a los periodistas extranjeros en China”.
 
Por su parte, el portavoz de Exteriores, Hong Lei, se ha limitado a señalar, en la cotidiana rueda de prensa que “China respeta la libertad de los periodistas extranjeros, pero que éstos deben trabajar de acuerdo con la legislación china”.
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La expulsión de Melissa Chan del país asiático es la primera que se produce contra un periodista extranjero en los últimos 14 años.
 
El último caso se remonta al año 1998 , cuando Beijing  aplicó la misma medida al corresponsal del periódico japonés Yomiuri, Yukihisa Nakatsu, que fue acusado de ”robar secretos de estado” a raíz de un viaje al Tibet.
 
En aquel mismo año, también fue expulsado el periodista de la revista alemana Der Spiegel, Juergen Kremb, que fue expulsado del país tras negarse a firmar el acta policial que le acusaba de poseer secretos de Estado.
 
A diferencia de aquellos 2 casos, a los que se dio un plazo de 72 horas para abandonar el país, la situación de Melissa Chan ha tenido un desarrollo distinto. Al no concederle la renovación del visado, que ha gestionado a lo largo de los últimos tres meses, se ha visto obligada a abandonar el país de manera inmediata.
 
Por su parte, el canal Al Jazeera, ha emitido un comunicado en el que especifica que cierra la delegación en inglés de este canal en Beijing, como consecuencia de que las autoridades chinas no han renovado las credenciales a su periodista Melissa Chan. Slah Negm, el director de informativos de la cadena qatarí defendió la línea editorial de Al Jazeera y expresó su confianza en que “China valore la integridad de nuestra cobertura y nuestro periodismo” y afirmó que la cadena continuará emitiendo desde Beijing en lengua árabe.
 
La presión sobre el trabajo de la prensa extranjera por parte de las autoridades chinas ha aumentado en el último año, a raíz de la primavera árabe y de los intentos de convocar concentraciones en distintas ciudades chinas a través de Internet. En los últimos días, docenas de periodistas que cubrían la información del disidente Chen Guangcheng, ingresado en el hospital de Chaoyang, en el centro de Beijing, fueron convocados al departamento de Seguridad Pública, donde se les amenazó con anularles los visados, según el FCCC.
 
La expulsión de Melissa Chan es considerada un endurecimiento de la postura de China hacia la prensa internacional, a la que considera una amenaza para el gobierno autoritario y la imagen global del mismo, informó AP. 
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La medida "al parecer lleva a un nuevo nivel las políticas de China contra la prensa", dijo en un comunicado Bob Dietz, coordinador para Asia del Comité para la Protección de Periodistas.
 
Chan es estadounidense y trabajó 5 años para la red en China. La periodista había informado con amplitud sobre temas delicados, como la confiscación ilegal de tierras agrícolas y el encarcelamiento de demandantes en las llamadas "cárceles negras" de existencia no oficial. Las detencions ilegales son moneda corriente en China, Guangcheng siendo el ejemplo más próximo. 
 
"Invitamos a los periodistas a que informen de forma objetiva en China. Siempre les hemos provisto de ayuda y la atmósfera es muy abierta y libre", dijo Hong, portavos del Ministerio de Asuntos Exteriores a los decenas de corresponsales que le inquirieron sobre los motivos de la expulsión de Chan, que ya ha tenido que abandonar el país, donde trabajaba desde el año 2007.
 
"A la vez -añadió-, los periodistas deben seguir las normas y regulaciones del país", y remarcó que, "en este aspecto, nuestra posición es muy firme".
No obstante, el portavoz de la Cancillería no aclaró qué incumplimientos han motivado al Gobierno a negar la renovación del visado de Chan, imprescindible para ejercer como corresponsal en la potencia asiática, y tampoco desmintió que ésta haya sido expulsada.
 
"Creo que los medios en cuestión tienen muy claro qué tipo de normas y regulaciones han roto", se limitó a decir. Toda una amenaza. 
 
China se comprometió a suavizar las restricciones sobre los corresponsales de cara a los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008, pero los cambios han sido menores y en algunos aspectos las condiciones son ahora más difíciles. Regiones a las que antes era posible acceder, como las de fuerte presencia de la minoría tibetana, ahora son inaccesibles.
 
Los corresponsales en China deber renovar al final de cada año su carné de periodista, pero el Ministerio de Exteriores retrasa a veces la emisión del documento a corresponsales con los que no está contento. En el caso de Al Yazira, el FCC —organismo que no está reconocido por las autoridades chinas— afirma que Chan había recibido este año una acreditación de 2 meses en lugar de la anual, que luego fue extendida 1 mes, y finalmente no fue renovada de nuevo. Su expulsión es percibida como un intento de intimidar a los periodistas extranjeros, en un año marcado por el nerviosismo en torno a la celebración del XVIII Congreso del Partido Comunista Chino, en el que asumirá el poder una nueva generación de líderes.
 
Con estas medidas, se erosiona más la libertad de prensa y se conoce menos de un país bastante cerrado a lo foráneo. Para peor, la lección para la prensa local es atemorizante. Ni sueñan con gozar la misma libertad que tienen los corresponsales extranjeros, por más limtada que esta este. 
 
Lo que está aún por verse es la reacción de Washington. Despues de todo Chan es una ciudadana estadounidense, a pesar de su afiliación con un cadena de noticias árabe que no goza de toda la simpatía de USA.

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