El canciller Celso Amorim precisó que en estos momentos la compañía Petrobras junto con Petróleos de Venezuela (PDVSA) está analizando aspectos de orden técnico atinentes a la metodología de trabajo para la ejecución del proyecto.
"El gasoducto sí tiene posibilidad", aseguró Amorim.
El alto funcionario brasilero recalcó que las estatales petroleras de ambos países están resolviendo algunas cuestiones y adelantó que esta prevista próximamente una reunión en Buenos Aires.
"Hay cuestiones bilaterales entre Petrobras y Pdvsa que no son problemas pero son cuestiones que para avanzar tienen que ser resueltas y la prioridad ahora es resolver eso, en tanto seguimos estudiando técnicamente el gasoducto", destacó el diplomático.
Con relación a la integración del subcontinente, el diplomático carioca resaltó la importancia estratégica del ingreso de Venezuela como miembro pleno al Mercosur y precisó que sólo durante lo que va de este año 2006 las exportaciones de Brasil hacia Venezuela acumulan U$S 3.000 millones, mientras que las importaciones del gigante amazónico de productos venezolanos completan alrededor de U$S 800 millones.
A pesar de las declaraciones del diplomático brasilero, el proyecto ha recibido muchas críticas desde diferentes sectores y con diferentes razonamientos.
Días atrás, el ex mandatario español y lobbysta de Repsol-YPF S.A., Felipe González consideró el plan como "una broma" porque "es un proyecto que no se va a realizar y nadie se atreve a decirlo, no es racional y además, no cuenta con Bolivia, que es el eje de articulación de esa broma".
El español noi fue el único en percatarse de lo delirante de la idea y también en la región recibió cuestionamientos. Alan García, presidente de Perú, calificó de "extraño" el proyecto y criticó a venezolanos y bolivianos cuando aseguró que "Hay que saber elegir los socios, un socio que sea responsable".
A su vez, organizaciones ecologistas mantienen otro frente abierto en la avalancha de críticas que está recibiendo la idea. Estas argumentan que, de construirse con el presupuesto dado por Chávez (unos U$S 20.000 millones) al terminar el encuentro de Brasilia, el gasoducto destruirá la Guayana venezolana y la selva amazónica la dividirá en dos, "atrayendo a mineros, compañías madereras y consiguiendo así destruir una zona hasta ahora inalcanzable para estas empresas". Para que el proyecto respete el ecosistema, según los expertos, la inversión tendría que doblarse.
Unida a todas estas críticas, la prensa internacional ya se ha hecho eco de las dudas y protestas que empiezan a golpear el proyecto, e incluso el secretario de Energía del estado de Río de Janeiro, Wagner Vícter, llegó a declarar que "la integración energética no puede ser hecha a cualquier costo", y añadió que "tiene que ser competitiva a escala nacional e internacional", refiriéndose directamente al inmenso coste que supondrá la construcción del gasoducto.
Aún así, las declaraciones del canciller Amorin mantienen vivo el proyecto, aunque sólo en palabras, dado que desde que e hizo el anuncio, no se han dado más precisiones sobre los detalles técnicos que implicaría una obra de semejante emvergadura.
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Celso Amorim, canciller de Brasil, salió a ratificar la locura del gasoducto del sur
El ministro de relaciones exteriores del Brasil, Celso Amorim, aprovechó su participación en la Asamblea de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban), en Río de Janeiro, Brasil, para asegurar que sí existe voluntad por parte del gobierno brasilero y las autoridades venezolanas de apalancar el faraónico gasoducto del Sur (interconexión gasífera del sur de Venezuela con el norte de Argentina, atravesando Brasil). El proyecto ya ha recibido duras críticas desde varios sectores, sin embargo, el proyecto sigue en pie, sólo en las palabras.








