ARCHIVO >

Durísima nueva derrota del Frente para la Victoria

El Frente para la Victoria tambalea. El Frente para la Victoria ya no inspira temor y menos la sensación de triunfos arrolladores e inevitables. Algo ha comenzado a cambiar, afirma el autor.

por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata - Radio El Mundo). Otra bofetada y Cristina Fernández se conmueve como cuando Néstor Kirchner montaba en cólera. Luego de la 1ra. vuelta porteña, llegó el golpe de Santa Fe, no por el éxito del candidato opositor, sino por la pobre actuación de las fuerzas kirchneristas en las urnas, que desnudaron muchas de las mentiras de Cristina Fernández

> al peronismo (para el cierre de listas),

> a la oposición (para atomizarla) y

> a la opinión pública (para imponerle realidades que no existen).

Ahora el balotaje en la Ciudad.

Una llamada telefónica al ganador no puede ocultar todo eso. Aunque le convenga a Mauricio Macri para intentar cumplir su sueño de quedar como el interlocutor de Cristina, una doble cobardía del jefe de Gobierno porteño:

> porque no fue por la presidencial (de lo que se arrepiente), y

> porque pretende descontar un triunfo de Cristina que se encuentra muy borroso, cada vez más.
 
Cristina Fernández no pudo separarse de la 3ra. derrota consecutiva del kirchnerismo. 
 
2 lemas han desaparecido del escenario electoral:

> “Cristina tiene los votos” y

> “Cristina ya ganó”.

Pero también lo hicieron las ideas de que “el campo va a votar a Cristina” y que todo el Partido Justicialista, a la larga o a la corta, se alinearía detrás de la Presidente de la Nación.
 
El 'aparato' oficial de comunicaciones financiado por miles de millones de pesos de publicidad no sirvió en Chubut, ni en Tierra del Fuego, ni en la capital federal, ni en Santa Fe. 
 
Las estructuras clientelares de la zona sur porteña y el Gran Rosario, tampoco fueron fieles a la caja oficial. Al contrario, la estructura armada por Luis Barrinuevo, Gerónimo “Momo” Venegas y el PRO fueron claves del éxito en la capital federal y Santa Fe.
 
En paralelo, el voto antikirchnerista demostró una vigencia que el oficialismo no puede entender y, menos, puede revertir.

Por ejemplo, la supuesta intelectualidad kirchnerista pasó de la agresión y la desacreditación del votante opositor a exagerar la fuerza de la derecha en la Argentina y a victimizarse por no ser entendidos por la sociedad.
 
No comprender al adversario político es parte de un proceso que impide entender la realidad.

Para el gobierno, por ejemplo, el campo debería rendir pleitesía a Cristina Fernández. 
 
Según los funcionarios del sector, entre 2003 y 2010, la ganancia de todo el rubro fue 81% mayor que en la Convertibilidad, pero se olvidan que

> un tercio de las madres productoras de carne fueron faenadas por el ficticio bajo precio del kilo vivo (mientras subía en la carnicería).

> que de la renta agropecuaria, el Estado incautó decenas de millones de dólares por retenciones, y

> que hoy da más renta tener un plazo fijo que establecer un tambo
.
 
El gobierno creyó que repartiendo miles de millones de pesos en subsidios a través del ONCAA estaba creando un aparato clientelista en el sector agropecuario. Es cierto, vació la estructura movilizadora de la Mesa de Enlace, pero lejos estuvo de seducir el voto del productor promedio.
 
Después de las respuestas en las urnas del sur santafesino, donde Miguel del Sel ganó sin tener candidato a intendente o en municipios kirchnerista, el voto bronca, cansado del maltrato de Cristina Fernández y el desprecio de sus funcionarios, se activó.
 
Es cierto que Daniel Scioli reaccionó con rapidez y reclamó liberar 450.000 toneladas de trigo, obteniendo un guiño de la Casa Rosada, pero es tarde ante un stock de 4 millones de toneladas del cereal que no se pueden exportar y ya se perdió gran parte del plazo de siembra de la nueva cosecha. Así, con su ignorancia, el gobierno destrozó al productor mientras el precio de la harina, los panificados y las pastas no paran de crecer. Con ese escenario, recuperar votos en pocas semanas parece imposible.
 
Como en el guiño a Daniel Scioli, la dolorosa lección que aprendió en las urnas Cristina Fernández obligó a la Casa Rosada a instrumentar medidas operativas de gestión y políticas para revertir la fuga de votos que causó la soberbia en el armado de las listas legislativas.
 
El primer paso fue apoyar la candidatura de Juan Manuel de la Sota, el mismo que dejaron sin paño presidencial hace un mes. 

El segundo fue habilitar colectoras a Martín Sabbatella en Buenos Aires, para que sume voto. 
 
El tercero fue la reunión con candidatos a legisladores nacionales de la capital federal, Misiones, Catamarca, Neuquén, Chubut, Río Negro, Santa Fe, San Luis, Tierra del Fuego y Santiago del Estero (todos distritos en los que ya hubo elecciones y el kirchnerismo salió debilitado o fue derrotado, salvo el caso Catamarca) para ser adoctrinados por Cristina Fernández.
 
El lunes 25/07, luego de la derrota en Santa Fe, la Presidente de la Nación decidió que se realizarán las primarias, abiertas, obligatorias y simultáneas (algo que estaba en duda en la Quinta de Olivos, pero que nunca se animó a reconocer el gobierno). Por eso, se comenzó con la campaña publicitaria, la reagrupación de fuerzas y la consolidación de las alianzas políticas que la sostienen en el poder.
 
En ese camino, el primer tropezón fue la movilización para inaugurar el mural gigante con la figura de Eva Perón en el ministerio de Desarrollo Social. La Casa Rosada había pedido a los Barones del Conurbano que movilizaran 100.000 personas, pero toda La Cámpora y el aparato clientelear de la cartera que conduce Alicia Kirchner apenas pudieron sumar 20.000 personas, mientras Hugo Moyano, sólo, con su Sindicato de Choferes de Camioneros, llevó, al mismo tiempo, 30.000 a la cancha de Deportivo Morón.
 
El secretario general de la Confederación General del Trabajo fue acompañado en el acto del candidato a vicepresidente de la Nación del oficialismo, Amado Boudou, y varios ministros. Si bien el camionero llamó a votar por Cristina Fernández, no se ahorró un desplante para la Presidente de la Nación cuando sostuvo que “nunca habrá otra mujer como Evita”.
 
La frase de Hugo Moyano encarna la pérdida del miedo reverencial que tenía el sindicalismo del matrimonio Kirchner y que se extienden por las filas peronistas que fueron sometidas por la Casa Rosada en el armado de las listas, otro de los efectos de las votaciones porteña y santafesina.
 
Ahora, la Casa Rosada usará la caja para recuperar las fidelidades perdidas. Los aumentos que se anunciarán a jubilados y pensionados, asignaciones familiares, salario mínimo y pensiones no contributivas se sumarán a los planes sociales, que ya están en estudio. Serán unos 16 millones de personas beneficiadas, una verdadera cantera de votos para el oficialismo a la que ya recurrieron en el pasado.
 
En un escenario de inflación creciente (con su paralela caída del poder adquisitivo), alta precariedad del empleo (la mitad de las personas está desocupadas o con trabajo informal) y 700.000 jóvenes de entre 15 y 24 años que no trabajan ni estudian, cada peso que ingrese en un hogar, el gobierno cree que servirá para recuperará el voto perdido.
 
En 2008, Cristina Fernández ganó en primera vuelta con el 46% de los votos y casi 20 puntos de diferencia de Elisa Carrió. Según los análisis, 30 puntos fueron aportados por el peronismo, el sector agropecuario acercó 10 puntos porcentuales y el radicalismo  de la Concertación Plural y la Transversalidad otros 6 puntos. Fue un éxito con problemas.
 
En esa elección, Cristina Fernández perdió en todos los centros urbanos relevantes. Por eso, Néstor Kirchner sepultó la Transversalidad, vio la inutilidad de los grupos piqueteros, abandonó al radicalismo K y decidió tomar las riendas del Partido Justicialista para armar a su alrededor su núcleo duro de poder.
 
Entonces, la intención de Néstor Kirchner mantener el caudal de votos de 2007 en 2009, pero la traición de una parte importante del aparato bonaerense de los Barones del Conurbano se volcó hacia Francisco de Narváez y le derrotó, por segunda vez, en las urnas.
 
En 2011, el radicalismo K y la Transversalidad no existen, las huestes piqueteras y los grandes gremios quedaron fuera de las listas, el voto del campo está en contra y La Cámpora no aporta ni estructura, ni movilización, ni votos, ni dinero. Al contrario, las divisiones internas dentro del cristinismo talibán comienzan a ganar espacio en los medios.
 
Pero lo peor es que los Barones del Conurbano se sienten traicionados; el Partido Justicialista en Tucumán, La Pampa, Mendoza y Santa Cruz está dividido, y los aparatos clientelares del conurbanos no responden a las necesidades electorales de la Casa Rosada.
 
El enfrentamiento entre Alberto Fernández y Aníbal Fernández también muestra cómo elementos que estructuraron el kirchnerismo comienzan a pensar en el postcristinismo y el gobierno responde con descalificaciones que no ocultan el resquebrajamiento del poder que supo tener Cristina Fernández hasta la muerte de su marido.
 
Y entonces, en la desesperación, aparecen los manotazos de ahogados, que en vez de sumar votos, los espanta. En ese sentido, cree que se podría cambiar toda la estructura de los campeonatos de fútbol en menos de quince días para salvar del descenso a River y ascender a todos los equipos de la B de un plumazo, creyendo que eso podía sumar voto en las zonas urbanas y suburbanas, terminó en un gran papelón.
 
La Teoría del Relato dice que no existe la realidad, sino que se pueden ordenar, dimensionar, connotar y denotar las percepciones para configurar una realidad conveniente. Con eso, la Casa Rosada creó la sensación de imbatibilidad del gobierno y de la reelección segura de Cristina Fernández. Pero las urnas mostraron –y mostrarán- que la verdad es otra.
 
Los próximos meses serán de manotazos de ahogados de la Casa Rosada para alcanzar el triunfo en primer vuelta, pero el riesgo que otros errores, como el cometido con el campeonato de fútbol, pueden sepultar en una pila de votos el sueño reeleccionista de Cristina Fernández no es lejano. Dependerá de la oposición capitalizar cada error del oficialismo, algo que, hasta ahora, no lograron.

Dejá tu comentario