Entre la pandemia del negacionismo y la pandemia del hacinamiento

Muy interesante la reflexión de Rafael Guerschanik acerca de lo que no se dice de la pandemia en curso. Hay relatos políticamente correctos que impiden conocer la realidad de lo que está sucediendo.
lunes, 28 de diciembre de 2020 · 14:44

En la historia de la evolución del hombre como miembro de una aldea global, han ocurrido grandes avances que hoy nos permite gozar de su evolución. 

Tal vez visto desde nuestros días, el iluminismo en el siglo XVIII, ha sido el movimiento intelectual político social más importante de los últimos siglos hasta hoy, intelectuales europeos franceses, ingleses y alemanes, comenzaron a plantearse que sólo con el conocimiento racional, basado en el método científico opuesto a principios monárquicos o teológicos impuestos, podían permitir seguir evolucionando.

Intelectuales tales como Jean-Jacques, Voltaire (François-Marie Arouet) y Montesquieu (Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu), plantearon por primera vez en la historia moderna el derecho del pueblo a participar directamente, en la elección de sus representantes.

Pero este desarrollo humano no siempre evolucionó de forma eficiente cuando debió enfrentar el método científico a un nuevo comportamiento humano que se lo denomino 'el Negacionismo'.

Definido de diversa formas, el consenso consiste en que individuos eligen negar la realidad científica para evadir una verdad incómoda para ciertos autores.

Paul O'Shea lo definió como el rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable.

Michael Specter amplía el concepto cuando este negacionismo es grupal, definiéndolo cuando un segmento de la sociedad a menudo luchando contra el temor al trauma del cambio, motivo por el que le da la espalda a la realidad en favor de una mentira más confortable.

Uno de los ejemplos más analizado históricamente es el negacionismo del Holocausto, que está basado en las llamadas pseudociencias que contradice un cúmulo de investigaciones verificadas, pero en la base de esos argumentos estaba la defensa de grandes intereses económicos ante el temor del avance del comunismo.

Las características clásicas del negacionismo se encuentran en segmento sociales con características egoísta o religiosas  que la realidad no les permite psicológicamente justificar conductas narcisistas

El psicólogo Guillermo Fouce, refiriéndose al Covid-19, opinó que las actitudes egoístas se escondían detrás de argumentos de que la amenaza era exagerada o parte de conspiraciones internacionales pero que, con más de 70 millones de contagios, han quedado en el olvido. Quienes más promovieron las rebeldías libertarias, tratan de esconderse tras el deficiente manejo de la pandemia.

Hoy llama la atención que se siga hablando de un virus global cuando el 70% de los muertos sólo lo tienen 10 países occidentales, encabezados por USA, Brasil, México, Reino Unido, Francia, Italia y España, entre otros. En esa línea también llama la atención que ningún país le haya cerrado la frontera al país con mayores contagios: USA.

Tal como se verá, entre la verdad científica y el negacionismo hay un puente que alimenta a estos dos extremos y es el interés económico, que es el que determina el tiempo de duración de este virus y no las diferentes vacunas que en esta etapa de emergencia se aprobaron.

Su aplicación es sólo con el objetivo de permitir que los analistas financieros sigan especulando con la recuperación en V en Occidente, algo que sólo se podrá lograr con anabólicos el Tesoro estadounidense, pero lo celebrará como un crecimiento  auténtico. Y para que los organismos multilaterales sigan hablando de la vulnerabilidad de la pobreza, ocultando su complicidad en la vulnerabilidad etaria de los mayores, víctimas de este virus que la historia juzgará.

Seguramente los lectores etiquetadores querrán ver ideologías ocultas en este mensaje. A ese segmento les recuerdo que Jonás Salk, cuando descubrió la vacuna contra la poliomielitis, no la quiso patentar diciendo que esa vacuna era para la  humanidad y como ejemplo puso al sol, diciendo que no se pude patentar el sol.

Un parlamentario de origen conservador, Juan Caferatta, promulgó el proyecto de la construcción de barrios saludables para  mitigar los efectos de la fiebre amarilla. En Parque Chacabuco, la vivienda tipo tenía una huerta y baños separados, para que los porteños dejaran de contagiarse en los conventillos de la época.

Si siguen construyendo torres edilicias en las ciudades capitales, si el transporte aéreo sólo le interesa protegerse contra atentados como el 9/11 -murieron menos de 10.000 personas- y no los contagios virales aerotransportados cada vez más grandes, entonces aprendamos a convivir con el distanciamiento social y los barbijos por un tiempo prolongado.

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