Insanos

Cristina Fernández de Kirchner está enojada consigo mismo: ¿Cómo es que eligió un copiloto tan inoperante? No lo puede comprender. Nunca imaginó que Alberto Fernández chocaría la calesita, que perdería la tortuga, que no resolvería ninguno de los problemas y que conduzca al Frente de Todos o a una disolución o a una derrota. Esa es la desesperación de CFK. El enojo con la CSJN es por añadidura, en todo caso.
jueves, 10 de diciembre de 2020 · 02:00

Sólo a Alberto Fernández se le puede ocurrir un doble feriado por el Día de la Virgen mientras presenta un proyecto de despenalización del aborto.

Sólo a Alberto Fernández se le puede ocurrir llevar el tratamiento de la despenalización del aborto hasta la fiesta por el nacimiento del Niño Jesús, en un país con concordato vigente con el Vaticano, Papa argentino y culto católico sostenido por el Presupuesto Nacional.

Sólo a un conjunto de legisladores hipócritas se les puede ocurrir comportarse tal como si nada de esto estuviese sucediendo.

Quienes analizan en profundidad lo que está sucediendo, no 'la gilada', los genuflexos que tienen otra agenda, los del 'tachin tachin', sino quienes pueden ver un par de pasos adelante, no pueden comprenderlo.

Alberto Fernández, el que autorizó la ceremonia más brutal de ruptura de su propio discurso del distanciamiento social y lo hizo en la Casa Rosada, el día del sepelio de Diego Maradona, ceremonia que coorganizó con una persona contra la que el fallecido había litigado con furia, una falta de respeto a su memoria; ahora él apuesta por la vacuna que dificilmente llegue antes de la 2da. ola.

Hace 1 año que Alberto Fernández huye hacia adelante cada día de su mandato presidencial, porque carece de respuestas y soluciones, y porque conoce que Cristina Fernández de Kirchner abunda en reproches, la mayoría muy fundamentados.

Pero la furia mayor de CFK es consigo misma. Ella lo eligió. Ella creyó. ¿A quién puede reclamarle? Lo que sirvió para ganar es un fracaso para gobernar.

La sociedad política está rota. Y promete escenas de más intensidad que la ruptura de la sociedad entre Mauricio Macri y Gabriela Michetti aunque con estilos diferentes a la ruptura entre Fernando De la Rúa y Carlos Alberto Álvarez. 

Sucede que Alberto Fernández sostiene a su amiga Marcela Losardo en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, cuando conoce el malestar y hasta la desesperación de quien fue hasta ahora su mayor aliada, CFK, quien descubre que ha perdido 1 año en el tema que más le importa: resolver el entuerto judicial que involucra a sus 2 hijos, en especial le preocupa Florencia.

No es Amado Boudou el que inquieta. Y ya que aparece Boudou: ¿Lo indultará o no Alberto?

Pero resulta que el Presidente no cree que haya sido 1 año perdido. Él se siente orgulloso de los 12 meses con la banda presidencial y el bastón. Es más: él intenta explicar que fue muy bueno porque sobrellevó la pandemia y exhibe encuestas que afirman que la mayoría de los argentinos no cree que haya muerto una cantidad escalofriante de compatriotas sino que están conformes con el resultado.

¿No era Alejandro Romay quien decía que para hacer la programación del Canal 9 más exitoso tenía un Manual Kapelusz de 3er. grado primario en su escritorio?

Sí, por supuesto que es un pensamiento de 'círculo rojo' pero es oportuno analizarlo con calma en estos días que aún rige la tregua cambiaria, con escaso 'spread' entre dólares, que es un buen ejemplo de las carencias del diagnóstico presidencial para anticipar las crisis, otro motivo de preocupación de CFK. 

Pero, habrá que ser justos, CFK también tiene culpas. ¿A quién se le ocurre darle entidad jurídica a la Teoría del Lawfare? Es una aberración del Derecho. Una provocación. Quien la aconsejó debería ser despedido por inútil.

Y para colmo, CFK se lanza a escribir su frustración, con resultados opuestos a los que pretende. Ella está consolidando a Carlos Rosenkrantz y concediendo prestigio a la CSJN porque le obsequia el preciado statu-quo de independiente. Y la CSJN es el destino final de una cantidad apreciable de causas judiciales que involucran a CFK, además de las que ya tiene en sus cajones.

CFK debería creer menos en el columnista dominical, que ni siquiera es abogado. Esa costumbre de creer que son músicos de verdad los que sólo tocan de oído.

La crisis del Frente de Todos es llamativa porque no luce, por ahora, amenaza alguna de la oposición, que tiene su propios problemas, que no son escasos.

No es un buen aniversario. Tendría que haber algún motivo para el festejo, para levantar la mística, para movilizarse tal como sucedió aquel último día de CFK en el poder, para dejar atrás el mamarracho del sepelio organizado por Alberto.

Pero habrá que esperar otro momento. Quizás otro año. Vaya uno a saber qué deparará el futuro, que a menudo es mañoso, un buen jugador de póker.

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