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APLICÓ LA DOCTRINA CAMPILLAY

Muy importante: la CSJN revocó una condena contra un diario y sus editores

Mie, 04/12/2019 - 8:55am
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Por Urgente24

Con votación divida, 3 a 2, la Corte Suprema sentenció que el Diario La Arena de la Pampa no era responsable por una nota con información falsa publicada por uno de sus columnistas. Carlos Rosenkrantz, Elena Highton de Nolasco y Horacio Rosatti aplicaron el antecedente de la Doctrina Campillay, mientras que Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorenzetti indicaron que el periodista no era ajeno al medio sino un "activo colaborador".

La sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, a favor del diario La Arena.
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La Corte Suprema de Justicia revocó una condena contra el diario "La Arena" de La Pampa y a sus editores por una nota de un columnista. Esta hacía referencia a una donación “trucha” de un predio para la construcción de un edificio donde iba a funcionar un nuevo centro de contención de menores en las afueras de la ciudad de Santa Rosa. Stella Marys García y la Fundación Nuestros Pibes demandaron a su autor, a la propietaria del diario y a los editores por afectación al honor y al prestigio institucional de la referida fundación.

El Superior Tribunal de la Pampa confirmó la sentencia que condenó a aquellos por el daño moral causado a las actoras. Ahí fue cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación hizo lugar al recurso extraordinario planteado por los demandados y revocó la condena respecto del diario y de los editores.

Los jueces Carlos Rosenkrantz y Elena Highton de Nolasco sostuvieron que resultaba aplicable al caso la doctrina del precedente “Campillay” según la cual la reproducción de los dichos de otro no trae aparejada responsabilidad civil ni penal para quien los difunde en tanto se haya atribuido el contenido de la información a la fuente pertinente y se haya efectuado, además, una transcripción sustancialmente fiel a lo manifestado por aquella.

Los magistrados indicaron que estaba demostrado que el artículo había sido escrito por un columnista que no tenía relación con el diario y en ese caso, consideraron que la fuente estaba identificada y que era contra ella a quienes debían dirigirse los reclamos, no con el medio.

“En temas de relevancia pública, parece prioritario que todas las voces sean escuchadas, para que se acreciente y se robustezca el debate propio de un sistema democrático. Si el informador pudiera ser responsabilizado por el mero hecho de la reproducción del decir ajeno es claro que se convertiría en un temeroso filtrador y sopesador de la información, más que su canal desinhibido. Ello restringiría la información recibida por la gente y, al mismo tiempo, emplazaría al que informa en un impropio papel de censor”, destacaron sobre el precedente Campillay. 

Dejaron en claro que cuando se individualiza la fuente, quien difunde la noticia no se hace cargo de su veracidad, no la hace propia, ni le agrega fuerza de convicción. 

Los jueces Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorenzetti, por su voto, consideraron que en la causa había quedado acreditado que la publicación cuestionada había sido escrita y firmada por un periodista que, aun cuando no tenía una relación de dependencia formal con el diario, era su columnista habitual en materia económica.

Ambos no le eximieron la responsabilidad al diario y no consideraron a dicho periodista como la fuente identificable. No era un ajeno al medio sino un activo colaborador y a quienes los lectores lo identifican con él. "Considerarlo la “fuente identificable” que requiere la doctrina “Campillay” resulta un argumento de riesgo, dado que tendría como posible efecto el incentivo de la autocensura, actitud que justamente se pretende evitar cuando de libertad de prensa y expresión se trata". 

También indicaron que la nota tenía un carácter difamatorio por reflejar hechos que no habían sucedido.

El que definió la sentencia fue el juez Horacio Rosatti, quien juzgó aplicable al caso la referida doctrina “Campillay”. Añadió que la “frecuencia/asiduidad” de la participación de un columnista en un determinado medio no puede erigirse en un elemento que determine la identificación de ambos y, en consecuencia, autorice la extensión de la responsabilidad por los daños derivados de la publicación. 

"La columna, en tanto género periodístico, analiza, interpreta y orienta al público sobre un determinado suceso con una asiduidad, extensión y ubicación concretas en un medio determinado; constituye un comentario analítico y valorativo con una finalidad similar a la del editorial: crear opinión a partir de la propia. No puede considerarse que la frecuencia con que el columnista participa en el medio de prensa (semanal, quincenal, mensual, etc.) configure, sin más, un elemento que inexorablemente conlleve a afirmar la existencia de vinculación ideológica entre éste y el periódico, y en consecuencia a extender a este último la responsabilidad que pudiere derivarse de la publicación elaborada por aquel”

Según sus fundamentos, expresó que el género columna hace que el lector conozca a quien lee, por lo que se genera un "pacto de lectura", que va más allá de la relación que pueda entablarse con el medio de prensa.

Finalmente, Rosatti concluyó en la imposibilidad de responsabilizar al medio de prensa y a sus editores por el contenido de la nota con sustento en que los términos utilizados en el título que la encabezaba no importaban una suerte de coautoría del texto publicado.

La sentencia completa 

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