AVATARES DE UN DELIRANTE VIERNES 18/03

Para un país justicialista, el peligro es Moyano

Si Hugo Moyano pretende ir por el sendero de Luiz Inácio Lula da Silva, hay que avisarle que está perdido. En verdad, va por la ruta de Augusto Timoteo Vandor. O de Lorenzo Miguel. Brasil no es la Argentina ni la Argentina es Brasil. Habría que cambiar muchas situaciones, acciones y reacciones. Y la cuestión de fondo es el gremialismo.

por RAÚL ACOSTA (*) 

 
ROSARIO (La Capital). Moyano es peligroso. Así  se decidió hace tiempo. El más importante problema del gremialista es él mismo. Superar la propia capacidad de análisis conduce a errores. Siempre. Moyano ha llegado a ése punto. Vista desde fuera de las entrañas de la CGT es extraña la actuación de su consejero oficial: Recalde. El doctor Recalde sabe todo aquello que Moyano no puede conocer por su formación, distinta a la que posee el abogado, cada vez mas parecido a Robert Duval. En las primeras 48 horas de la escalada Moyano no hubo declaraciones suyas que trascendiesen. Tampoco actos que lo ubicasen donde debe: el consejo legal y técnico.
 
Hay un error implícito. Creer que Moyano es el problema. El problema es el gremialismo que, al exacerbarse por la conducta de Moyano and Company, termina por atrasar un proceso que la derecha ya había advertido. La creciente y sostenida importancia de los gremios en la vida del país. Convengamos, la derecha lo advirtió en el 1943/1944. La Secretaría de Trabajo en manos de Perón es el arranque de todos los conflictos entre dos países.
 
La tesis foquista, de gremios de base y no pertenecientes a una central única, con reconocimiento legal, está bien explicitada en el conflicto de los subtes en 2010. Cada mini gremio, un desbarajuste. No hay modo de resolver los conflictos si cada grupúsculo toma decisiones aisladas. Eso buscan, tácitamente, algunos sindicalistas de base.
 
El peronismo, al tomar aquellos incipientes sindicatos anarquistas, trotskistas, comunistas, socialistas libertarios, laboristas a la manera inglesa y unificarlos en la CGT, se convirtió en el peor enemigo de la izquierda aquella, la de 1946, que masivamente adhirió a la fórmula que enfrentó a Perón. También de esta izquierda el enemigo es aquel, el mismo. No había “chinos” entonces. Ahora sobran. Cada vez que un grupo quiere independizarse de una central única de trabajadores anuncia su verdadero propósito: queremos libertad de queja. Toda vez que las centrales oficiales se oponen a los sindicatos de base y profundizan su burocracia denuncia su afán: queremos ser los únicos interlocutores en el trato con el otro poder. Garantizamos negociaciones en paz.
 
En el caso de Moyano el espejo de Lula debe haber cegado sus movimientos. De interlocutor del poder político a poder completo. Difícil brebaje para muchos. Los medios. Los políticos. Los empresarios. Las distintas mafias burocráticas, los contactos internacionales de empresas y asociaciones. Mucho.
 
Es emocionante el discurso de Lula cuando le entregan el diploma de Presidente. Lagrimeando dice, en sustancia, que es el primer diploma que recibe, que fue un obrero que nunca tuvo un título de profesión liberal. Es emocionante. Conmocionante para todos los que, como Moyano, reconocen un origen de lucha.
 
Es distinta la derecha y la izquierda de Argentina y Brasil. El empresariado nacional de los brasileños es intrínsecamente nacionalista, el imperio lusitano está vivo en Itamaraty. Sus bancos ayudan, su clase dirigente entiende la fuerza de la unidad. Allí chocó Lula tres veces, finalmente cruzó el Jordán.
 
Ese panorama no es el de Argentina. Y Brasil tiene enterrado bajó mil favelas a Getulio Vargas, también a Prestes. Fueron los contemporáneos de Perón. Ilustres desconocidos para el país que recibe a Obama como si fuera un Rolling Stone.
 
Moyano está más cerca de Vandor que de Lula. En todo caso de Lorenzo Miguel, el que después de la frase de Perón, el 1º de mayo de 1974, corrió a palos a los Montoneros de la plaza de Mayo. En aquellos años el eje era la UOM. La patria metalúrgica. Después de Menem y el fin de los ferrocarriles fue el tiempo del Jimmy Hoffa argentino: Moyano. La patria camionera. Los montos están reciclados en la Cámpora y adyacencias. Igual fe de conversos. Al poder de Moyano, Menem lo hizo.
 
La embestida mediática contra Moyano es clásica y novedosa. Clásica porque los tradicionales enemigos de la clase obrera avanzan sobre su desmesura, pero en realidad atacan al poder monolítico que representa. Molesta el poder gremial a todo el arco político tradicional. En eso la cuestión es de manual de operaciones. Los acompañan todos los grupos que sueñan un país anarquizado y caminando hacia Sierra Maestra o destino similar. 
 
Es novedosa porque está el peronismo resquebrajándose y la Presidente apelando, en el caso Moyano, a legalidades. Es la misma Presidente que se enfurece contra un avión yanqui y  se cuelga la medalla de libertad de pensamiento y decisiones. La misma Presidente que no entiende de las mismas formalidades cuando decide sobre federalismo, provincias, regímenes electorales, DNU, destinos de fondos previsionales. La misma. Moyano aplicó su lógica, la lógica CFK en la evidente creencia que lo acompañaría. Peor aún, en la certeza que representaba el nuevo estado soberano, el nuevo plan, el proyecto que le confirió todo el poder que tiene. El que logró engrosando gremios. La broma que todo lo que tiene ruedas es del sindicato de Moyano no es un invento de esta columna. Es una divertida frase de todo el espectro político, gestada después del 2003.
 
Es muy probable, tengo la íntima convicción que las acusaciones a Moyano, como las que se hicieron a Zanola, que posean carnadura. Allí está la justicia, la misma que quemó las barbas de tantos, que Moyano viaja con una botellita de agua desde su lecho al avión, del avión al edén. También lleva una tarjetita de Espartaco, por las dudas.
 
El peligro no es Moyano, simplemente Moyano está en peligro.
 
Lo que debe preocuparnos es nuestra ignorancia del modelo. El modelo de país estaba conformado con los gremios como poderosos interlocutores. Con los datos de la realidad escondidos. Moyano es el que tiene su tesorero histórico muerto, asesinado en Rosario. El que habla con la Presidente y sus ministros (los ministros son decisiones del PEN, de nadie mas, no tienen poder, tienen poder delgado). Este es el Moyano que hace un movimiento con la desmesura que parece un signo vital de los gremialistas (los burócratas y los de base son iguales en esto, les importa tres pepinos el país o las simples personas damnificadas) y se encuentra al descampado. ¿Hay modelo, donde va el modelo, de qué modelo nos hablan cuando dicen que debe profundizarse?...
 
El que retrocedió no es Moyano, es el gremialismo. La suma de los enemigos de la columna vertebral del peronismo esta riendo a carcajadas.
 
Corrijamos el título. Para un país justicialista el peligro es Moyano. Su desmesura saca a los enemigos de su madriguera (la palabra madriguera debe leerse con la misma entonación que usaba Evita). El resto es circo. Desde Roma viene entusiasmándonos.
 
------------
 
(*) Testigo.