Santa Cruz: Acevedo no sería candidato a la reelección y crece De Vido

Los sucesos en Provincia de Santa Cruz ratificaron en la Casa Rosada la sensación de que Sergio Acevedo tiene enormes dificultades para administrar la tierra de Néstor Kirchner. Han aumentado las posibilidades de Julio De Vido gobernador, en el año 2007, a menos que se encuentren pruebas de que realmente ocurrió una conspiración en la localidad Las Heras. Lo cierto es que cuando Kirchner festejaba su mejor momento, el policía muerto en Santa Cruz; la imposibilidad de destrabar el conflicto con Uruguay y el regreso de la fiebre aftosa han deteriorado al Gobierno aún cuando la mayoría -aunque no todos- los diarios dominicales intentan evitar esta lectura.

"(...) En este sector del gobierno, se abonó desde un comienzo la idea del crimen "político", perpetrado por infiltrados que llegaron a Las Heras con el propósito de clavarle un puñal a la estabilidad del gobierno local y, por elevación, sacudir al gobierno de Kirchner. "Son personajes vinculados al mundo empresario que quiere desestabilizar el actual modelo económico", disparan sin demasiada base de sustentación en esas carpas patagónicas.

No fue inocente que el presidente haya dejado de lado cualquier resabio de casualidad al hablar de lo ocurrido en Santa Cruz. Aún en las horas siguientes a la tragedia, sin demasiados elementos de juicio a la mano, buscó instalar la teoría de la conspiración foránea con dos objetivos precisos: circunscribir lo ocurrido a un hecho puramente local, aunque con apoyo externo, y evitar que se nacionalizara lo que en verdad aparece como la causa madre del conflicto, o sea el largo reclamo de los trabajadores petroleros para que se modifique el pago del impuesto a las Ganancias.

Lo que va saliendo a la superficie después de esos trágicos sucesos parece desdecir cada una de las estrategias montadas desde el centro del poder: la novela de un crimen con apoyo externo --que no excluyó la trasnochada versión surgida de altos despachos oficiales acerca de un apoyo de ciertos servicios de inteligencia-- se desmorona como un castillo de naipes. Al gobierno no le gusta la especie, y hará lo que sea por desmontarla, pero parece que se trata nomás de un incidente desencadenado a partir de la lucha gremial de los petroleros patagónicos, que encuentran en el plano nacional --un dato que molestó sobremanera al poder-- el apoyo del cacique cegetista Hugo Moyano.

Resulta notorio que tanto el gobierno central como la administración de Acevedo han corrido otra vez detrás de los acontecimientos. No es una frase: tuvo que ocurrir lo de Las Heras, y morir apaleado un pobre policía que cumplía con su misión, para que se acepte ahora que es posible modificar el mínimo no imponible que castiga el sueldo de los trabajadores petroleros, pero también de estatales y de otras actividades en la región.

Kirchner ha preferido por ahora dejar a salvo de cualquier responsabilidad a Sergio Acevedo. No es lo que opinan muy cerca suyo. El viernes, operadores oficiales desgranaban generosamente ante algunos cronistas las críticas que en privado dispararon contra el gobernador santacruceño, al menos, dos ministros: De Vido y Alicia Kirchner. No es poco. Uno viene convirtiéndose en mano derecha del presidente; la segunda sigue manejando hilos del gabinete nacional y, de hecho, se mantiene como virtual ministra de Desarrollo Social. Las opiniones de ambos tienen un peso considerable en las decisiones de altura de la administración.

Dicen en esos mentideros que De Vido y Alicia culpan a Acevedo de haberse dejado estar. "El conflicto con los petroleros no es de la semana pasada; tiene meses de viejo y nunca hizo nada". Recuerdan al pasar que, cuando Acevedo hizo campaña para ganar la Gobernación, prometió dos cosas: la repatriación de los 500 millones de dólares que Kirchner había mandado al exterior en tiempos de Carlos Menem y la solución al largo reclamo de los trabajadores santacruceños. No hizo ni una cosa ni la otra. Cabría aclarar a los críticos internos del gobernador que no deben incurrir en flagrante miopía: pocas cosas deben ocurrir en la provincia de Kirchner que no tengan antes el guiño o el pulgar hacia abajo del máximo ocupante de la Casa Rosada.

La crítica de De Vido suena cuanto menos interesada: desde hace rato, el ministro de Planificación viene alentando a sus colaboradores a "ponerse a trabajar para ser gobierno en Santa Cruz en 2007". Hay quienes dicen ahora que también Alicia Kirchner habría empezado a calibrar sus propias posibilidades para suceder a Acevedo en un par de años (...)".

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Joaquín Morales Solá en el diario La Nación:

"(...) El problema con Uruguay por las papeleras se acerca a una probable solución técnica y política. Kirchner y Tabaré Vázquez están hablando, entre secretos de aquí y de allá, más de lo que se supone.

Pero el punto nodal del conflicto sigue ahí: la sociedad de Gualeguaychú no está dispuesta a bajar los brazos. El puente que une ambos países está cortado, casi siempre. La temporada turística de Uruguay ha sido un desastre, porque muchos argentinos eligieron ir a lugares donde sabían que llegarían algún día.

Los políticos tienen parte de la culpa. El gobernador Busti soliviantó a esa sociedad, al principio, con el objetivo imposible de que las fábricas no debían levantarse en la ribera del Uruguay. Todo lo que se consiga ahora, por debajo de esa consigna inútil, se parecerá siempre a una derrota. Están sublevados allí las amas de casa, los jornaleros, los comerciantes, el obispo y el intendente. No son los piqueteros de Castells ni de Pitrola. A éstos los pueden desafiar los gendarmes vestidos con parafernalia de guerra. A aquéllos, no.

Hay dos cosas ya irreversibles en el conflicto de las papeleras: se levantarán en Uruguay y lo harán en Fray Bentos. (...)

Pero, ¿cómo hacerlo de manera que Gualeguaychú comprenda que el objetivo se alcanzó? (...)

El entrevero está dejando algunas lecciones. Por ejemplo: la demagogia es un proyectil que vuelve, infalible; Busti sabe ahora que es tan fácil sacar la gente a la calle como difícil es devolverla luego a sus casas. Otra: La Haya pudo ser un manotazo político desesperado, pero dejó al Mercosur desnudo y en ridículo. ¿Por qué ir a La Haya si hay una antigua sociedad práctica y emocional entre los dos países y un ámbito común como el Mercosur?

(...) Kirchner barrunta que el desmadre de Santa Cruz estuvo armado. No sabe todavía por quién. ¿Hubo asesinos a sueldo, como sospechan en Santa Cruz? ¿La interminable balacera buscó quebrarle el equilibrio al propio presidente? ¿O fue, acaso, la consecuencia de viejas trifulcas entre hombres duros del Sur? Las cavilaciones de Kirchner pasan entre la izquierda y la derecha como quien cruza una calle.

(..) Los piquetes obreros -y petroleros- en Santa Cruz han sido siempre rudos y volcánicos, pero nunca han llegado al vandalismo de matar y de provocar un tiroteo que cause tal estrago. El conflicto involucra a tres empresas petroleras, pero sólo una, Repsol, decidió dar la cara. El conflicto en sí tiene muy poco que ver con las empresas: un reacomodamiento sindical (los obreros de empresas subcontratistas quieren pasar del sindicato de la construcción al de los petroleros) y la eliminación del impuesto a las ganancias. El primero es una cuestión del Ministerio de Trabajo, y la segunda, una decisión política del gobierno federal.

(..) Con todo lo grave que fue, el conflicto hubiera sido mucho peor sin la intervención de Juan Carlos Molina, un cura con la estampa de un Cristo que es, al mismo tiempo y extrañamente, patagónico y componedor. Los trabajadores, Repsol, el gobierno nacional y el provincial lo consideran un interlocutor al que vale la pena escuchar. Es el hombre que ha ido tejiendo sutilmente la solución que al fin llegó.

En el Gobierno hay un pacto de silencio sobre lo que sucedió en el confín del país en la noche del martes ingrato. Nadie dice nada -ni dirá nada- hasta que tengan la versión completa de la conspiración. La conspiración existió, según el Gobierno, pero ahora hay que lograr que encajen los datos de la realidad en la convicción previa. No siempre es posible.

(...) Se equivocó cuando empezó a confabular con algunos piqueteros y éstos le ofrecieron sus gentiles servicios de apriete y de extorsión. Entonces fue, quizá, cuando se perdió la noción de una orilla entre el Estado y el delito

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Eduardo van der Kooy, en el diario Clarín:

"(...) Un conflicto de los petroleros no es ninguna novedad en Santa Cruz. Los pleitos que soporta Acevedo los tuvo también en su momento Kirchner. Pero aquel conflicto ganó hervor en un par de semanas más de lo aconsejable. El reclamo por las modificaciones impositivas y mejoras salariales se tradujo en enero en una drástica caída de la producción: de 500 mil metros cúbicos habituales descendió a 350 mil. Pero los directivos de las empresas petroleras advirtieron sobre la gestación de un clima de intimidación y amenazas. Incluso sobre sus familias.

La dureza suele ser también una característica de las luchas laborales en el sur. De allí el predominio de las posturas radicalizadas. Hasta resulta a veces muy complicado trazar una frontera entre quienes demandan de buena o mala manera y quienes deben proteger el orden. La realidad indica, por caso, que un número importante de esposas de policías militan hoy en la izquierda y organizan mitines en reclamo de mejores salarios para sus maridos. Un abismo separa el sueldo de los agentes —que dependen del Estado— del de los trabajadores petroleros.

(...) ¿Sólo un grupo de desaforados? ¿O una operación orquestada? ¿Sólo un espamo de activistas? ¿O alguna organización con logística y financiamiento? Acevedo tiene por delante una tarea doble: desentrañar esas dudas que golpearon también las oficinas del Presidente pero, ante todo, investigar y hacer justicia por la muerte del indefenso policía. No hay un horizonte despejado porque la política del miedo parece haberse instalado las últimas semanas en el pueblo de Las Heras. Los testigos dicen todavía menos de lo que saben. Y el resto enmudece. (...)

Esos retos para Acevedo son también retos para Kirchner. La violencia está, por ahora, sólo confinada en el sur. Pero los piquetes siguen provocando el caos urbano y malquistan, sobre todo, a los habitantes porteños que no fueron generosos con él en el momento de votar. Se reproducen las demandas salariales y demasiados conflictos van adoptando la metodología piquetera. Bañeros y vecinos de Mar del Plata cortaron el tránsito por los destrozos que la pleamar causó en varios balnearios. Se interrumpen calles y se interrumpen rutas.

Uruguay no quiere seguir dialogando sobre el conflicto por la instalación de las papeleras en Fray Bentos mientras continúen bloqueados los pasos fronterizos. No hay que mezclar peras con manzanas: los entrerrianos asumieron esa forma de queja drástica porque no tienen ninguna garantía de que aquella industria sobre el río Uruguay no termine arruinándoles la vida. No piden salarios, planes sociales ni derraman discursos saturados por ninguna ideología. Pero tampoco parece esa la manera de solucionar el problema.

Kirchner tiene una disyuntiva y el gobernador Jorge Busti otra. Pretenden atenuar la protesta pero —por la permisividad en otros casos— carecen de autoridad y de argumentos convincentes para lograrlo. La decisión de llevar el litigio hasta el Tribunal de La Haya no fue suficiente: los cortes continúan. Hay que repartir culpas en las dos orillas: Tabaré Vázquez no se atrevió a demorar el proyecto y hacer un estudio exhaustivo de impacto ambiental para no ser acusado por la oposición colorada que propició la idea; el Gobierno se percató aquí del embrollo muy tarde porque el año pasado se dedicó a la política electoral.

El conflicto permanece casi estancado. El último diálogo de Kirchner con Tabaré había abierto una hendija de negociación. Pero el mandatario uruguayo la cerró cuando sostuvo que la construcción de las papeleras no se detendrá. Después enmendó tanta intransigencia ensalzando a Kirchner y proponiendo una cumbre entre ambos. La política doméstica obliga a Tabaré a un constante bamboleo.

(...) El Presidente está bien resguardado por el peronismo. Los bonaerenses han dejado a Eduardo Duhalde y reivindicaron la semana pasada el liderazgo de Kirchner. Kirchner necesita esos votos para asegurarse la reforma a la Magistratura y dar la batalla que la oposición planteará, además, por el conflicto con Uruguay. Por eso se enojó con Felipe Solá cuando el gobernador pretendió avanzar sobre el PJ provincial para cobrar los guarismos de octubre. Pero aquel enojo aflojó. Los ex duhaldistas, en cambio, no olvidan la amenaza.

La política asomó otra vez con ramalazos de esa interna. La economía tuvo después de largo tiempo malas noticias. El brote de aftosa en Corrientes provocará pérdidas millonarias en las exportaciones de carne y volverá a mellar la confianza de los mercados del mundo en la producción argentina. ¿Sólo un accidente o ausencia de un verdadero control? (...)".

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